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El Blog de Sergio del Molino

SABE A POCO

SABE A POCO

Puntual como cada año llega el informe de Reporteros sin Fronteras con la estadística actualizada de periodistas muertos a lo largo y ancho del mundo. Esta vez son 86, la mitad de ellos, en Irak. Una lástima, ciertamente. Un mazazo para muchas familias, un drama irreparable como irreparables son todas las muertes. Que quede eso claro. Ahora bien, lo que no termino de entender es qué quiere denunciar Reporteros sin Fronteras con este dato. Comprendo y apoyo que denuncie, como también hace, a los gobiernos que persiguen la libertad de prensa, que encarcelan y matan a los periodistas, pero creo que en el caso de los informadores muertos en Irak y en otras zonas de guerra sólo cabe el lamento. Exhibir sus cadáveres a modo de no sé qué difusa denuncia o entronizarlos como héroes-mártires de no sé qué supremos valores humanos supone decir que sus muertes pesan más que las de la población que sufre la guerra sin haberla elegido. El periodista sí elige tanto su profesión como su destino.

Sé que suena duro e impopular, pero lo digo yo, que estuve a punto de ser uno de ellos: estuve en tratos con una agencia para irme un añito a Irak, pero finalmente opté por otra oferta mejor pagada y más hogareña. No me arrepiento de no haber ido -y la gente que me quiere, que haberla hayla, menos todavía-, pero quiero creer que hubiera sabido asumir los riesgos sin ser un mártir. Pienso que cuando uno se mete voluntariamente en un fregado así debe apechugar con lo que venga. Es una temeridad consciente, y las temeridades tienen su riesgo. Culpar de lo que te pueda pasar a cualquiera que no seas tú es de un egoísmo supino.

Otra cosa muy distinta es el caso de los que intentan ejercer un periodismo libre y responsable en su país y se encuentran una celda o una cámara de tortura. No creo que sean comparables ambas situaciones, por eso no entiendo que el informe de Reporteros sin Fronteras se empeñe en ponerlas al mismo nivel un año tras otro.

En cualquier caso, yo quería aprovechar esta excusa para hablar del reverso de la moneda. ¿Qué pasa en nuestros países, en los que sí funciona una prensa presuntamente libre y la profesión se ejerce también con una presunta libertad? ¿Estamos encantados de habernos conocido?

Pues pasa lo que le sucede a un personaje de una de las tiras de España, Una, Grande y Libre de nuestro querido Carlos Giménez. Se publicó poco antes de las primeras elecciones democráticas (qué chungo, ¿no? Que tengamos que añadir lo de "democráticas" a elecciones. ¿Cuántas habrá que no lo sean?), el 15 de junio de 1977. Un hombre de mediana edad tirando a viejo aguarda cansinamente en la cola del colegio electoral con la papeleta en la mano. Mientras espera, su vida va desfilando: su juventud combatiendo en la guerra civil, el campo de concentración del exilio, la resistencia clandestina bajo el franquismo, la tortura de la policía política, los palos en las manifestaciones pro amnistía... En la penúltima viñeta, un señor muy agresivo y trajeado rollo ministro franquista le saca de la ensoñación gritándole de muy malas formas: "Dese prisa, que no tenemos todo el día". Al salir, se encuentra con un amigo de su misma edad, que le pregunta por la experiencia de votar. "Me ha sabido a poco", le responde el prota con las manos en los bolsillos y cabizbajo.

Pues con el periodismo en democracia pasa lo mismo, que sabe a poco. A poco y malo. Que tantas vidas se hayan sacrificado y tanta gente se haya dejado la salud y la alegría reivindicando la libertad de expresión para que ahora vengan Sardá y Jorge Javier Vázquez a apropiarse de ella pues sabe a rayos, claro. Pero también debe saber a rayos el nivel medio de la prensa española, porque cada vez es más difícil dar con un bocado interesante en los periódicos. Todos se parecen, todos tienden a hablar de lo mismo y a decirlo igual. La medianía se recompensa y el esfuerzo y la imaginación se castigan. Y todo en nombre del lector, ese ente que nadie sabe muy bien quién es ni qué piensa.

Leer blogs como el de Malaprensa es descorazonador para cualquier periodista con un mínimo de pundonor profesional. Trabajamos con unos ritmos y unas condiciones en las que la chapuza tiene que ser habitual por fuerza. Todos, hasta el más pulcro, caen en ella alguna vez. No desvelo nada nuevo. A mí, la verdad, se me han acabado los argumentos corporativos para defenderme de la furia con la que se ataca a la profesión en general. No puedo decir nada cuando me echan en cara ciertas cosas porque muchas críticas son certeras, lo cual no quiere decir que todas lo sean ni que sean aplicables a todos los periodistas. Sigue habiendo profesionales dignos, meticulosos, humildes, esforzados e incluso brillantes. A montones, y yo tengo la inmensa suerte de trabajar con algunos de ellos. Pero cada vez brillan menos. No porque se apaguen, sino porque los apagan: la mediocridad del copypaste lo acaba cubriendo todo.

Según Reporteros sin Fronteras hay 135 periodistas encarcelados en el mundo. Cuando salgan, si salen, a lo mejor descubren que su sacrificio sólo ha servido para que el Jorge Javier Vázquez de turno defeque su mierdecilla diaria y un becario cuatrocientoseurista corte y pegue en un hueco de periódico un teletipo de Efe con faltas de ortografía. Seguro que les hace mucha gracia.

Eso sí, nada de esto es comparable con lo mal que lo está pasando el rey, según el diario oficial de la Casa Real, más conocido como El País. Lo de su majestad sí que es aguante y no lo otro.

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3 comentarios

Mechitargentina -

Es verdad, Anakrix. En medio de tanta parodia infructuosa (intento de rescate de los rehenes en Colombia)nos volvemos un tanto escépticos e insensibles y nos cuesta, tal vez, valorar el auténtico esfuerzo solidario de personas que, aunque no se pueda creer, quieren cambiear el mundo y no el coche.

Anakrix -

Hola Mecha, guapa! ¿Sigues allí o has cruzado ya el océano? Y en cuanto a los cooperantes, no puedo decirte porqué se ha ido a Somalia la enfermera argentina, pero conozco bastante bien a un médico sin fronteras y te aseguro que sus motivos son de todo, menos 'cool'. De hecho -y yo diría que sus opiniones son mayoritarias en su gremio-, le molesta bastante que se hable de ellos como héroes. Él te diría que está trabajando en África porque ese es el trabajo que más le gusta del mundo, porque nada le satisface más que viajar y ejercer la medicina en países donde los medios son pocos y donde tienes que recurrir a la imaginación para solucionar muchos problemas. Su trabajo le hace feliz, sin más. Por eso, si la enfermera secuestrada también piensa así, no se merece ningún reproche. Está en Somalia porque ha escogido ese trabajo, como tú y yo hemos elegido el nuestro. Lo disfruta y encima, echa una mano en un sitio complicado. De hecho, no conozco a esta chica, pero te aseguro que 'mi' médico sin fronteras, ese que no quiere ir de héroe, es un gran tipo. El mundo iría mucho mejor si hubiese más gente como él.

mechitargentina -

Sergio, como siempre, muy lúcidas tus reflexiones. Salvando las distancias (geográficas y temáticas) pensé algo similar en relación a las enfermeras- española y argentina respectivamente- secuestradas en Somalia. En Argentina existen vastas zonas en la absoluta miseria e ignorancia, donde recibirían a un profesional santario con los brazos abiertos. Pero...¿es más "cool" hacerlo en Africa y fotografiarse con niños negros desnutridos? ¿Los recursos humanos y económicos que insume el rescate son cuantiosos, asumidos por el hombre de a pie que con sus impuestos paga el capricho de una jovencita de clase alta? Pregunto, no afirmo, eh?
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