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El Blog de Sergio del Molino

SI LO HUBIÉRAMOS SABIDO

SI LO HUBIÉRAMOS SABIDO

A mí me resulta muy difícil reseñar el libro de un autor al que conozco personalmente. Por eso, cuando Antón Castro me ofreció escribir sobre lo último de Félix Romeo, pensé en negarme. Pero no lo hice, y no me arrepiento. Mientras leía Amarillo, que Félix me regaló con una preciosa dedicatoria, veía muchas cosas que sé de él, y otras que creo adivinar. Cosas que deja a la vista en su persona pero no caben en sus libros. Por supuesto, escuchaba su voz narrándome el texto y creía entender algunos silencios y algunos quiebros. Tenía la lectura contaminada por la presencia física de Félix, que no me dejaba ver bien al Félix literario que está en el libro. Por eso he tenido que hacer un gran esfuerzo para escribir esta reseña, olvidando lo que sé de él y fingiendo no conocerlo. Espero haber sido lo suficientemente honesto.

Esta crítica apareció este jueves en el suplemento Artes y Letras de Heraldo.

Siete años después de "Discotheque", Félix Romeo (Zaragoza, 1968) ha vuelto a las librerías con una obra de críptico y sugerente título, estampado en la cubierta sobre un minimalista paisaje urbano de Pepe Cerdá. Una tapa dura que encierra unas 150 cuartillas breves y afiladas, absolutamente inclasificables. "Amarillo" no es una novela. No es ni siquiera una ficción, aunque el texto tenga algo de fábula y el Chusé Izuel y el Félix Romeo que aparecen en él tengan algo de personajes construidos y trabajados en el taller del escritor. Tampoco es un ensayo, ni mucho menos una biografía, y su carga lírica no basta para leerlo como poesía.

"Amarillo" (Plot. Madrid, 2007. 140 páginas) es un proyecto que rondaba a Félix desde hacía años y que ya había anunciado en alguna ocasión: escribir un libro sobre el suicidio de su amigo de infancia, el escritor zaragozano Chusé Izuel, que se tiró desde el balcón de su casa en Barcelona el 27 de febrero de 1992, cuando tenía 24 años. Bien, pero, ¿qué libro? ¿Un homenaje, una biografía, una reflexión sobre su amistad, una novela?

Félix ha guardado todos estos años un montón de recuerdos de su amigo fallecido: todas las cartas que le escribió, sus cuentos, sus novelas inacabadas, las reseñas y artículos que publicaba en la prensa... Textos, muchos textos. Romeo bucea en ellos, aunque se los sabe de memoria, en busca de las pistas que le hagan comprender lo incomprensible y que, en cierta forma, le liberen de la culpa que siente por no haber sido capaz de prever ese desenlace.

Visto así, la estructura del relato podría ser detectivesca, pero el dolor no consiente a Romeo el lujo de mostrarse aséptico, ni siquiera tanto tiempo después. Por eso el texto adopta una forma fragmentaria, descoyuntada, creando poco a poco una argamasa que va trasladando al lector la angustia íntima que está instalada dentro del autor. Conforme avanza la lectura, el misterio que rodea al personaje de Chusé Izuel va pasando a un segundo plano, mientras el estupor vacío del personaje de Félix Romeo lo va ocupando todo.

A través de los textos y de los fragmentos transcritos con todos sus errores e incongruencias, aparece el Chusé Izuel que se iba a suicidar, pero lo hace a través de los ojos de Félix Romeo, y es su mirada la que prevalece y da sentido (o un no-sentido) al libro. Eso es "Amarillo": un hombre que mira sin comprender.

En los párrafos asoman todos los recursos de la literatura posmoderna que Romeo ha ido incorporando a su estilo desde su ópera prima, "Dibujos animados" -especialmente, de la literatura que viene de Francia y tiene a Georges Perec y a los autores de Oulipo como norte y punto de partida al mismo tiempo-, con un énfasis muy insistente en la reiteración deliberada, el arma que mejor maneja y que le sirve para insinuar y apuntalar esas zonas de sombra en la conciencia que va rodeando mientras escribe.

Pero ni su carácter incompleto ni su estructura resquebrajada e informal libran a "Amarillo" de caer en la trampa que pretendía soslayar a toda costa: la de la nostalgia. No es una nostalgia ñoña y sentimentaloide, claro, pero de cada pequeño detalle se desprende un lamento callado que, si su autor se atreviera a formularlo, lo haría en forma condicional. Algo así como: "Si lo hubiéramos sabido...".

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4 comentarios

Esther -

Yo lo veo como una cura, un tratar de cerrar una herida abierta. A través del texto uno se da cuenta que se está metiendo en una conversación privada, íntima, muy íntima. Incluso el pudor deja sentirse en el lector por descubrir la historia. Me encanta. Me hipnotiza.

Enrique -

Nada de eso, está perfectamente respondida. Muchas gracias y perdona de nuevo: es cierto que no es la manera más alentadora de afrontar un domingo, jeje. Estoy muy de acuerdo con lo que dices. Lo que pudieran ser sensaciones generales mías después de leer algunas cosas, tú las has condensado de manera exacta. Por uno de esos azares, leí "Dibujos animados" pocas semanas después de haber leído el "Je me souviens". Fue el año pasado, precisamente unos días después de que tú hubieras hablado en tu blog del libro de Perec. Es una línea, la de "Dibujos animados", seguida después, por ejemplo, por Ismael Grasa en "La Tercera Guerra Mundial", ¿no crees? Bueno, que me enrollo. Que muchas gracias por la magnífica aclaración. Espero que aún puedas reconducir este domingo ;-)

S. del Molino abrumado -

Uf, eso es de tesis para un domingo por la mañana.
Fundamentalmente, los rasgos que creo que se dan más en Félix son la reiteración de palabras y estructuras, la descripción armada a base de enumeraciones y la construcción del relato en forma de puzzle, a modo de breves fogonazos que sugieren más que explican y en los que no importa tanto el logro formal de cada uno de ellos como la sensación de conjunto que generan al leerlos unos detrás de otros. Se ve muy bien eso en "Dibujos animados". En definitiva, nada que no se haya usado antes en el siglo XX, pero que la literatura de los años 60, especialmente la francesa, asumió como armas fundamentales para acercarse al arte de contar historias, que creían agotado. Por eso, codificaron unas formas que hasta el momento solo eran experimentales.

Pero bueno: soy colega y lector de Félix, no experto en su obra. Sé que Georges Perec es una influencia enorme para él, pero no la única ni, probablemente, la más decisiva. Para responder a tu pregunta como se merece tendría que ser algo más que un simple lector intuitivo que hace catas con la esperanza de tener suerte.

Enrique -

Sergio, ¿nos podrías explicar de manera un poco más detallada, además de lo que ya apuntas, las caracterísitcas fundametales de la literatura posmoderna en la que inscribes a Félix Romeo? Si te apetece, claro. Perdona por el "encargo" y gracias.
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