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El Blog de Sergio del Molino

PETER LORRE, POR LOTTE JACOBI

PETER LORRE, POR LOTTE JACOBI

En el Museo Picasso de Málaga hay ahora una estupenda exposición de fotografía de la primera mitad del siglo XX. Recorriéndola este fin de semana me he llevado la agradable sorpresa de tropezar con este retrato del actor alemán Peter Lorre hecho por su compatriota (y también colega de exilios) Lotte Jacobi. Es un retrato fantástico en el que le ha pillado un punto cortazariano en el gesto. No se parece en nada a las poses de estudio ni a las muecas a las que nos tiene acostumbrados a los fans.

No sé si he hablado aquí alguna vez de mi pasión peterlorriana. Si es así, siento repetirme como el ajo.

Peter Lorre es el gran secundario de los años dorados de Hollywood. En Alemania se hizo famoso por interpretar a M, el vampiro de Dusseldorf , bajo las órdenes de Fritz Lang , en 1930. Su foto promocional en el cartel de la película fue utilizada luego por Goebbles en una campaña de propaganda antisemita: el rostro de los judíos era el rostro de ese depravado asesino. Pero el pobre Lorre fue un pedazo de pan que tuvo que salir de najas de su país (bueno, de su país a medias, porque nació húngaro) y aprender inglés a contrarreloj para seguir ejerciendo su profesión en el extranjero, aunque nunca llegó a quitarse del todo su acento centroeuropeo, y eso le valió conseguir muchos papeles de depravados ambiguos y grimosos.

Alfred Hitchcock se enamoró de él cuando le fichó como prota en la primera versión de El hombre que sabía demasiado y se lo quiso llevar a hacer las Américas, pero Lorre prefirió quedarse en Inglaterra, donde protagonizó una serie de pelis hoy inencontrables donde interpretaba a Mister Moto, un detective japonés que se hizo muy popular. Al otro lado del charco desembarcó en 1940 con un contrato de la Warner. Por entonces, las majors tenían una plantilla fija de actores que cubría las necesidades de todas las películas. Ahí no había castings. Después de las estrellas, venía el pelotón que aguantaba el reparto entero, y Lorre se integró en el escuadrón de élite de la Warner. Por eso su nombre aparece, junto al de Sydney Greenstreet, Ward Bond o Gladys George, en un montón de producciones de los años 40 que llevan el sello de esa major.

Su Joel Cairo de El halcón maltés le hizo muy popular en Estados Unidos. Es una de las grandes interpretaciones de su carrera, la que nos enamoró a todos. Esa tarjeta perfumada con gardenias, la forma de empuñar el bastón y esa línea de réplica a Humphrey Bogart en este diálogo:

-Entonces, usted quiere que recupere el halcón utilizando medios legales, si es posible.
-Si es posible. Pero, en cualquier caso, con discreción.

En Casablanca fue Ugarte, el rufián que consigue robar los salvoconductos y mata a los correos alemanes, y en Arsénico por compasión bordó su mejor papel de comedia al encarnar al doctor Herman Einstein. Hampones, pervertidos, ambiguos y perfumados, sus personajes siempre fumaban al fondo del local y guardaban un as en la manga. No te podías fiar de ellos, pero tampoco convenía ignorarles, porque tenían algo que podía salvarte el pellejo. Nos enamoró con esas creaciones tan perversas y grimosas, y dio al cine grandísimos momentos.

Por eso le queremos, aunque este sea el Peter Lorre más accesible. Hay otro más cínico, más mordaz y más divertido que se deja ver sólo a los que nos hemos atrevido a repasar parte de las más de 100 producciones en las que trabajó (incluyendo su única incursión como director, Der Verlorene , de 1951) y a indagar en su oscura y contradictoria biografía.

Pero de eso hablaré otro día. Hoy sólo quería colgar esta maravillosa foto y proclamar al mundo mi peterlorrismo.

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