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El Blog de Sergio del Molino

SUDOKUS LITERARIOS

(sigue el post anterior, después de una suculenta comida y una reparadora siesta)

Mario Vargas Llosa no es un escritor joven. Es millonario, liberal-derechoso en política, tiene un pelo estupendo y una vez se pegó con Gabriel García Márquez. Entiendo que los aficionados a la Nocilla me consideren algo así como un débil mental por recurrir a él como fuente de autoridad. Pero es que Vargas Llosa, otra cosa no, pero de literatura igual entiende algo. No digo que mucho, pero un poquito sí.

Otro de los defectos vargasllosianos es que su megalomanía le ha llevado a prologar y editar sus propias Obras Completas (en Galaxia Gutenberg), que viene a ser algo así como construirse un panteón en vida. Pero creo que alguien que ha escrito Los cachorros y La ciudad y los perros se puede permitir lo que le dé la gana. En ese prólogo, que es una pieza muy interesante y un punto autocrítica, Vargas Llosa dice lo siguiente (es un pelín largo, pero merece la pena):

"Entre las muchas tentaciones que debe enfrentar un escritor, acaso la de la 'forma' sea la más corruptora y, también, la más difícil de resisitir. Porque ella halaga el instinto más potente en quien dedica su vida a inventar historias: el amor por las palabras, ese medio que es también fin, placer en sí mismo, para quien escribe, alguien que, poco a poco, a medida que se hunde en el lenguaje y se deja llevar por esa sustancia sutil y sensual con la que entabla una relación entrañable y gozosa, erótica y mística, empieza inevitablemente a sentir esa ambición -esa utopía- que Flaubert describió tan bien en una de sus cartas a Louise Colet: 'Lo que me parece hermoso, lo que me gustaría hacer, es un libro sobre nada, un libro sin dependencia exterior, que se sostendría a sí mismo por la fuerza interna de su estilo, como la tierra se tiene en el aire sin que nada la sostenga, un libro que casi no tendría tema o cuyo tema sería invisible, si ello es posible'. A veces, algunos grandes creadores que sucumbieron a esta tentación de escribir un 'libro sobre nada' (...) han producido obras maestras casi ilegibles, en las que, en efecto, la maestría verbal ha sido artísticamente depurada hasta el extremo de que las palabras existen en ellos para no decir nada fuera de ellas (...), desasidas de 'un tema' -unos personajes, unas tramas, unas anécdotas, un discurrir- que ha quedado enterrado bajo la abrumadora belleza de la expresión. Esos libros que son lenguaje puro han revolucionado a veces el arte de contar, pero, paradójicamente, no son ellos mismos buenos ejemplos del arte de contar, porque en las historias logradas la forma es más eficaz y mejor mientras más invisible es y, gracia a ello, resultan más atractivas y persuasivas las ocurrencias de la historia. Hasta ahora, en su milenaria tradición, el lenguaje no ha sido todavía un personaje interesante, ni el orden narrativo un protagonista cuyas andanzas emocionen al lector".

Mucho más sangrante es el caso de los que no son grandes escritores y, creyéndoselo, se dedican a juguetear con el experimentalismo para esconder su falta de talento y oficio. Siempre se dice que Picasso tuvo que aprender a hacer bodegones como los del Barroco para poder llegar al cubismo después, pero hay mucha gente empeñada en meterse directamente en el cubismo sin pasar por Rafael.

Vista esta larga cita de Vargas Llosa -que se puede desacreditar diciendo que sólo encubre con argumentos estéticos su vocación de escritor comercial-, creo poder dar la vuelta al párrafo de Verdú y concluir que los escritores con vocación creadora de sudokus son los que, efectivamente, en lugar de escribir novelas, pergeñan sudokus literarios más o menos sofisticados. Los trucos de magia pueden ser entretenidos, pero a mí me interesa más la literatura. Llámenme antiguo.

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