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El Blog de Sergio del Molino

PASIONES VIAJERAS PROVINCIANAS

PASIONES VIAJERAS PROVINCIANAS

Nada. No hay nada que hacer a estas horas en la Francia de provincias. Angers es una ciudad húmeda y fantasmal: sólo dos garitos abiertos para tomar una cerveza, y si te descuidas, te quedas sin cenar. Me he acordado de los viajes a Francia de hace años, que Michel prefería hacer de noche para encontrar las carreteras despejadas. Al atardecer, cruzábamos miles de pueblos muertos. El contraste era brutal, tanto si íbamos a España como si viajábamos a Francia. En el primer caso, cuando llegábamos a Irún, nos aturdía el bullicio de las calles, y cuando cruzábamos a Hendaya, nos sobrecogía el silencio. ¿Cómo un país que se dice mediterráneo puede ser tan muermo?

Venimos de Burdeos y de Nantes, y allí no ha estado tan mal la cosa, pero ha sido llegar a Angers, a este rincón del valle del Loira donde creció Michel, y fastidiarse todo. En el sentido del bullicio nocturno, claro.

He llevado a Cris a ver el castillo de Angers, y hemos buscado el escudo de Aragón que me enseñaron en mi primera visita, hace ya unos cuantos años. No recordaba dónde estaba, pero enseguida ha aparecido en una bóveda de la capilla, que fue construida por Yolanda de Aragón y plantó allí el escudo de su reino, como perro que mea en una esquina, supongo. Hemos sentido el gustillo tonto de quien reconoce algo propio en otro país, y hemos seguido andando en busca del tapiz del Apocalipsis, una joya medieval que cuenta el fin del mundo como en una peli.

Ayer estuvimos en Nantes, después de pasar por la majestuosa y nada goyesca Burdeos y por la inquietante La Rochelle, que pasó de ser un enclave nazi a un lugar de vacaciones bucólico sin solución de continuidad. Por Nantes paseamos bajo la lluvia, que es una cosa muy de Nantes, y recorrimos el palacio de los Duques de Bretaña. Porque aunque Nantes es la capital de la región del Pays de Loire, históricamente pertenece a Bretaña, y les gusta mucho comer crepes y beber sidra, como a los bretones.

Pero a mí no me gusta Nantes por su rollo bretón ni por su palacio. A mí Nantes me gusta porque allí nació Julio Verne, y me dio mucha rabia llegar tarde a la ciudad y no poder visitar el museo dedicado a su figura. Mierda de horarios tempraneros continentales...

Julio Verne creció en una degradada ciudad de provincias francesa, muy lluviosa y de horizontes chatos. Quizá por eso quería hacer sus viajes extraordinarios y compartirlos con todos. Quizá algo de su espíritu se haya quedado en las piedras de la ciudad. Al menos a mí, que casi aprendí a leer con El faro del fin del mundo, Dos años de vacaciones, El piloto del Danubio, Las tribulaciones de un chino en China, Una ciudad flotante y Viaje al centro de la tierra, me parece entender que sí, que la esencia que parió a Verne sigue palpándose.

La prueba es que Nantes, que viene a ser como Pamplona de grande, tiene al menos tres grandes librerías especializadas en viajes. Librerías enormes, bien surtidas y llenitas de lectores. Zaragoza, mucho más grande, no tiene ni una. Cálamo intenta suplir esa carencia, pero no llega ni por asomo al nivel de las librerías nantesas. Ya sé que las comparaciones son odiosas, por eso comparo. Y me parece significativo a la hora de valorar a vuelapluma el espíritu de una sociedad: hay quien se interesa por "el" mundo, y quien sólo se fija en "su" mundo. En cualquier caso, es curioso que la ciudad de Julio Verne sienta pasión por los viajes.

Nosotros vamos a seguir viajando por este corazón de Francia, aunque no nos dejen sitios para tomar una copa a gusto.

Por cierto, en Burdeos probamos un Burdeos (valga la rebuznancia) que nos ha dejado medio gilipollas de la emoción. Qué bien saben hacer las cosas del hedonismo. Sólo les falla su escasa nocturnidad.

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3 comentarios

S. del Molino -

Cide: me intriga tu concepto de "ciudad hortera". Por favor, expláyate más sobre el tema. Y por supuesto de M. Verne es mediocrillo tirando a malo, pero hablamos de Julio Verne, no de literatura.
Jcuartero: gracias por contarme mi no-visita.
À bientôt!

jcuartero -

El museo no es gran cosa, lo que se expone son en gran parte facsímiles. Sin embargo tienen una guía superentusiata que es capaz de estar tres horas hablando de la vida y de la obra del bueno de Jules. Hice la visita este verano, comenzamos la explicación ocho personas y la acabamos tres. Los niños y adolescentes huyeron cuando les preguntó si habían leído "Kerabán el testarudo" y "El castillo de los cárpatos". Yo disfruté bastante aunque es una lugar para fans de Verne o de Hetzel

Cide -

A mí Nantes me parece una ciudad muy hortera. No me extrañaría que hubieran inventado ahí los muñecos Pin y Pon.
Julio Verne, sin desmerecer su pasión científica ni su clarividencia, no me parece tan buen escritor. Eso sí, escribió una maravilla llamada Miguel Strogoff.
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