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El Blog de Sergio del Molino

CON LAS MANOS EN LA MASA. ANÁLISIS DE TEXTO

CON LAS MANOS EN LA MASA. ANÁLISIS DE TEXTO

Vuelta a casa. Tareas: reencuentro con la prensa y las noticias patrias y alimentar el cesto de la ropa sucia con el contenido de las maletas. También abro el blog y veo que, en los últimos comentarios, mis fanes se prodigan en elogios. Por ejemplo, Uno cualquiera me acusa de tener el criterio en el culo, y no me parece un mal sitio para tener eso, y un acólito de Pérez-Reverte que firma como Idiotas made in Spain relaja su esfínter con fruición y empieza su comentario así: "Lo que eres es un soplapollas perroflauta que va de cool con un blog absurdo y que para mas inri se hace a si mismo un retrato versión Los simpson. Puto gilipollas" (sic). Pues nada, recuerdos a la familia de mi parte y póngame a los pies de su señora o del ser que tenga a bien soportarle a diario.

También veo que los habituales os habés pasado a dejar los cariños de costumbre. Gracias mil, por descontado.

Venimos de un viaje de muchas horas encerrados en un coche. Momento cumbre para toda pareja. No, no me refiero a lo difícil que es hacer el amor en un Simca 1.000, que siempre pensáis en lo único. Hablo de ese duro trance de la convivencia sin escapes, a pelo, pura y dura. Muchos divorcios vienen tras un viaje largo, cuando dos descubren que no tienen mucho que decirse. O lo que es peor: que lo que tienen que decirse, mucho o poco, no les interesa nada.

No asustarsen, que no necesitamos asesor matrimonial. Esto sólo viene a cuento de que las horas de encierro, autopista y conversación ininterrumpida nos han servido para elaborar varias interesantes teorías gastronómicas. Una de las conclusiones principales es que habría que crear campos de reeducación socialista para los dueños de los restaurantes de autoservicio de autopista. Sin piedad alguna: látigo y estudio matinal del Libro Rojo del camarada Mao Tsé Tung compilado por el camarada Ling Piao. Así hasta que aprendan que unos macarrones cocidos la víspera y remojados en dudosa salsa de dudoso tomate no pueden servirse como rancho y cobrarse como caviar.

En esto ha habido consenso en la pareja. En lo que ha habido cierta controversia -aunque, en líneas generales, coincidimos- es en el análisis de la canción de cabecera del histórico programa de cocina Con las manos en la masa, que paso a someter a vuestro docto escrutinio. Para empezar, aquí os cuelgo el vídeo de la cabecera, para que os pongáis tiernos y nostálgicos:

 



Qué tardes las de aquel año, ¿verdad? Bueno, procedamos con la letra -compuesta por Joaquín Sabina y cantada al alimón por el ínclito susodicho y Vainica Doble- y su análisis. Pa que veais que estudiar puede servir para algo, aunque sólo sea para pasar un ratejo entretenido con esta tontería.

Siempre que vuelves a casa
me pillas en la cocina,
embadurnada de harina,
con las manos en la masa.

Nos encontramos ante una clásica situación hogareña en un país a medio modernizar, donde el rol de la mujer sigue circunscrito a las labores del domus y apenas se concibe un escenario alternativo. Esos verbos en segunda persona van dirigidos al marido, que va a intervenir acto seguido, a la maniera de los poemas de San Juan de la Cruz, donde se alternaban las declamaciones del esposo y de la esposa:

Niña, no quiero platos finos.
Vengo del trabajo
y no me apetece pato chino.
A ver si me aliñas
un gazpacho con su ajo y su pepino.

Hay mucho material condensado en esta estrofa. En primer lugar, el vocativo. Ese "niña" que coloquialmente insinúa una relación de dominio ya desde el comienzo. Y sigue con su tono tajante: "No quiero platos finos". Además, viene del "trabajo" (de donde se colige que la mujer, por su parte, no), lo que le da un derecho machuno a imponer su voluntad sin miramientos: quien paga, manda.

Pero no acaba ahí la cosa. Del verso "no me apetece pato chino" se deduce un desprecio muy agresivo hacia lo que suponemos los esfuerzos y las dotes culinarias de la esposa. La escena, al parecer, consiste en que la mujer ha preparado algún guiso elaborado, posiblemente probando algunos ingredientes y técnicas exóticas para agasajar a su marido. Quizá espera con ilusión el momento en el que éste llegue a casa y puedan disfrutar de una cena sofisticada que estimule la conversación y, con suerte, reanime el deseo sexual de su esposo, machacado por el laburo. En cambio, lo que se encuentra es un desprecio hosco e insultante hacia su iniciativa y su mimoso detallismo. El marido casi escupe sobre el festín, no lo quiere ni ver, y le ordena que le prepare "un gazpacho con su ajo y su pepino". Algo ibérico y tradicional, cojones. Podría haber añadido: "Mariconadas, las justas". En la representación escénica, esto iría subrayado con un brioso reposicionamiento genital o con un altivo gargajo.

Sigue una enumeración del recetario tradicional español que no voy a transcribir. Lo que me interesa es la respuesta, casi agónica, de la amada:

Chiquillo, que yo hice un cursillo
para cordon bleu.

Breve, pero angustiosa. Se nota que se ha puesto con los brazos en jarras, suplicando más que exigiendo, un reconocimiento por parte del amado. Le está diciendo: no soy una mujer florero, "he hecho un cursillo". Es decir: me esfuerzo, trato de mejorar, tengo curiosidad, amplío mis conocimientos. Por tanto, trátame con el debido respeto. Pero es inútil, porque acto seguido, el marido responde:

Eso ya lo sé, pero chiquilla,
dame pepinillo
y yo los remojaré
con una copita de ojén.

Vamos, que se la sudan ampliamente las inquietudes culinarias y vitales de su mujer. Lo que haga en su tiempo libre y en su ausencia, no se lo reprocha, pero cuando él llega quiere su "pepinillo" y su "copita de ojén". ¿Podemos estar hablando de un problema con el alcohol, quizás?

Mi conclusión es clara: Sabina y Vainica Doble están representando una escena de violencia doméstica. La canción acaba justo cuando empiezan las guantás. O quizá cuando el marido ha liquidado un par de copitas de ojén y comprueba que el gazpacho no está a su gusto. Quizá entonces empiecen los mamporros. Y la esposa, por supuesto, deja de ir al cursillo de cordón bleu para que los otros alumnos no vean los moratones.

Apología del maltrato ibérico en TVE, y de la mano de Sabina nada menos. ¿Quién lo iba a decir?

PS: En esta semana de vacaciones han pasado cosas que merecen algún comentario, como la muerte de Rafael Azcona. Entre la pila de lecturas pendientes (que ha menguado un poco estos días de asueto) tengo Memorias de un señor bajito, opúsculo azconiano que la gente de la editorial Pepitas de Calabaza tuvo la gentileza de enviarme hace cosa de un mes. Lo comentaré aquí en breve.

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6 comentarios

Una cualquiera -

A veces puede que me deje llevar, incluso puede que levante la voz y puede que me arranque sin más.
¡A ver qué me dices después!

Por eso no quiero ser tu perro fiel, ni tu esclavo sin rechistar, que luego me desato y verás

Chelita -

Pues ya sabes, estimado Sergio, que ahora con el AVE se va volado!!!!

S. del Molino -

Gracias por tu etílica erudición, Chelita. Ya imaginaba que el ojén vendría de Ojén. Pero yo me quedo con ese pescaíto frito que nos zampamos en la playa del Palo. A ver si lo repetimos pronto.

Anakrix: Sí, el maltrato es pegadizo. Es lo que tiene.

Anakrix -

Papas con arroz, bonito, caldereta, migas con chocolate, cebolleta en vinagreta, morteruelo... qué me has hecho, Del Molino? Desde que he vuelto a oír este estribillo, que tenía escondido en lo más profundo de mi memoria, no consigo sacarlo de mi cabeza!

Chelita -

Bueno, bueno, ¡lo que me he reído con tu análisis de esta famosa tonada que me remite a mi infancia! Lo del diálogo 'a dos bandas' a lo san Juan de la Cruz me ha llegado!! Para tu información, y como sé que siempre estás ávido de datos curiosillos a la par que poco útiles, te informo que lo de la 'copita de ojén' hace referencia a un célebre aguardiente que se elaboraba a principios de siglo en la villa de Ojén, pueblo malagueño sito en la Sierra de las Nieves (Reserva de la Biosfera), a 9 km de Marbella, localidad natal de mi señor padre y donde residen mis progenitores actualmente. El inventor de la receta murió sin darla a conocer,privando así al municipio de la posibilidad de crear una industria que diera vida a tan ensimismado punto de la gegografía andaluza. Una actitud no de extrañar teniendo en cuenta el cainismo de sus habitantes!! Ahí queda eso!!!

Rondabandarra oriental -

No me extraña que no quiera pato chino. Lo mismo le corta la pechuga y le aparece un tentáculo de esos de la Familia Feliz.
Bienvenus!!
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