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El Blog de Sergio del Molino

EL SIGLO XIX SE DESVELA

"Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya". Mariano Rajoy, en unas declaraciones pronunciadas en 1888.

Lo llevaba sospechando desde hacía tiempo: los ordenadores, el AVE y el porno casero son sólo decorados virtuales hechos de ceros y unos. Vivimos en una engañifa postmoderna, pero si nos tomamos la pastillita de Matrix, podremos ver que realmente seguimos viviendo en el siglo XIX. Elija usted, caballerete: ¿liberal o conservador? ¿azucarillos o aguardiente? ¿cañas o barro? ¿Fortunata o Jacinta? ¿sables o pistolas?

Poco a poco, el decorado se va desmoronando y el siglo XIX asoma su patita. Por ejemplo, el otro día leí que las enfermedades venéreas están repuntando porque la gente está dejando de usar condones, ya que el miedo al sida ha bajado. ¿Qué mayor síntoma de decimononismo que el mal francés?

Es normal: en el XIX andaban obsesionados con el sexo. Y seguimos igual. Mirad cómo eran las mujeres de ese siglo y a ver si notáis diferencias:

Otro síntoma: Ruiz Zafón (no me digan que no tiene nombre del XIX) triunfa con tochos de 500 páginas escritos a la maniera decimonónica. De hecho, si no escribes como en el siglo XIX, difícilmente te comerás un rosco en el panorama editorial.

Más síntomas: el racismo ambiente con las milongas sobre la inmigración y el miedo al otro. Decimonónico total.

Últimamente he mirado mucha prensa aragonesa de finales del XIX y principios del XX. ¿Se pueden creer que buena parte de los debates que se tienen ahora ya se planteaban entonces? Y con la misma cansinez.

Los comentarios sobre la ministra de Defensa: decimonónicos con pedigrí.

¿No salió hace poco un científico teorizando sobre la inferioridad de la raza negra? Et voilà!

Echando un vistazo al mapa de España uno se da cuenta de que siguen existiendo Soria, la playa de la Concha, las facultades de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santurce, Bilbao, Despeñaperros y Reus. Todos ellos son enclaves claramente decimonónicos que nos indican que aquel siglo persevera en nosotros.

La última vez que estuve en Madrid, hará un par de semanas, me descubrí caminando despistado del Portillo a la Arganzuela, y por la calle de Alcalá, con la falda almidoná, y los nardos apoyaos en la cadera, la florista iba y venía.

Por las carreteras de Navarra y de Euskadi vimos carlistas con la boina roja. No iban a caballo, sino en coche patrulla, pero estaba claro que andaban a la caza de alfonsinos.

El otro día Valle-Inclán escribió que el coronelito Hugo Chávez tocaba el guitarrón (Tirano Banderas ya es de comienzos del siglo XX, pero nos sirve como decimonónico).

El presidente del Gobierno es un señor de León y el líder de la oposición se declara "un señor de provincias". La política, dominada por dos señores de provincias. ¿Y quién entretiene mientras tanto a la pobre Regenta, tan sola en su lóbrega casa?

El señor más poderoso de España se llama Amancio Ortega. ¿Cabe nombre más del siglo aquel?

Vamos, que sí, que partido liberal y conservador. Está claro que seguimos viviendo en aquellos años. Gracias, don Mariano, por quitarnos la venda de los ojos.

Ahora, caballeros, si me disculpan, he de ir a la oficina postal para enviar una carta a la embajada de Prusia en Ceilán. A ver si puede salir en la diligencia de las siete.

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6 comentarios

S. del Molino -

Había, claro que había, pero como la falta de higiene era un problema generalizado, no llamaban la atención.

Rondabandarra falso -

¿No había miasmas en el XIX o qué?

Pérez Reverte -

A usted lo que le pasa, joven, es que no tiene cojones. ¡Voto a bríos!

Anakrix -

Lo del siglo XIX ya asoma hasta en los Telediarios. El sábado contaron, como si tal cosa, que en un pueblo de Murcia han sacado a la patrona a la calle para pedirle que llueva... Las rogativas no tiene cabida en el siglo XXI, así que debes de tener razón...

Castelar -

Es lo de siempre, dilecto amigo, la tradición española de la monserga y el diálogo de sordos entre mendrugos obligados a compartir la vida sin soportarse mutuamente: véanse los luminosos casos de Pi y Margall, Ramón y Cajal, Menéndez y Pelayo, Daoiz y Velarde, Pajares y Esteso, Gil y Gil... ¿Liberales? ¿Conservadores? ¿Valetudinarios? Qué más da. Viva la virgen del Pilar.
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