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El Blog de Sergio del Molino

RITOS PAGANOS

Columna publicada hoy en el suplemento MVT de Heraldo.

Tengo un amigo que no soporta los discos en directo, pero que se pasa la vida yendo a conciertos. Bien, a mí no me gusta comer naranjas y el zumo me lo bebo por litros. Aunque sospecho que lo de mi amigo responde a un proceso mental completamente opuesto al mío: yo suprimo sensaciones y me quedo con lo mínimo, y él hace lo contrario. No es solo que prefiera comer la naranja a beberse el zumo, es que le pierde tocarla, pelarla, llenarse las manos de su jugo, olerla y sentir la explosión de jugo y pulpa en su boca.

A mí me gustan los discos en directo, pero me gustan precisamente porque son muy falsos, porque están más retocados que Sara Montiel, porque tienen un simpático aroma de prostituta ajada y triste de burdel antiguo. Y me gustan también por su ingenuidad: pretender transmitir en una grabación la sutil, compleja y pagana experiencia de un concierto tiene algo de alquimista. O de feriante que vende filtros de amor.

La crisis discográfica nos está trayendo más conciertos. No como los de antes, ya apenas quedan supergrupos de estadio. El público tampoco ha crecido mucho, pero los espectáculos pequeños, más o menos íntimos, donde el sudor y el calor se concentran hasta casi asfixiar a todos, están en auge. Si los músicos quieren ganar dinero y no venden discos, no les queda más remedio que tocar. Y tocar mucho.

Un concierto es, por encima de todo, una celebración en la que se permite el desmadre. Un pequeño carnaval. Pero también es una ceremonia muy reglada con una liturgia que hay que respetar escrupulosamente. Para saltársela hay que tener mucho talento o mucho morro. O las dos cosas. El público no encaja bien que el oficiante se pase por el forro las partes y el tono del ritual pagano. A saber: un poco de retraso, un poco de tensión entre la cercanía y la distancia al público (los que pelotean demasiado a la concurrencia, cansan, y los que la ignoran, caen mal), algún discursito arengatorio bien medido, algo de participación ciudadana -¿palmas, coros, subidas al escenario? Las posibilidades son infinitas-, unos bises como dios manda y un "hasta siempre" para despedir. La música, en realidad, viene a ser lo de menos.

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2 comentarios

El futurible ingeniero -

Alberto Delmalo o anselmo cagahilos.Aupa!

Alberto Delmalo -

Que razón tienes. Además, los concierto son donde salen las entrañas y las tripas del grupo. Y si alguien quiere vivir de la música, que trabaje en la música. Que haga tres conciertos a la semana y que pulule por todos los sitios; no que grabe un disco y se pegue dos años sin hacer nada y encima pidiendo dineros a mamá SGAE. Ramoncín es inútil y Teddy Bautista apesta.
El Caballo del Malo (lo mejor que te puede estar pasando en este momento) es un claro ejemplo de tu artículo. Ya lo veréis. Larga vida al rocanrol. ¡Salud!
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