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El Blog de Sergio del Molino

RECUERDOS CHUNGOS

RECUERDOS CHUNGOS

Está feo que me cite a mí mismo, pero seguro que vosotros hacéis cosas más feas todos los días y yo no os digo nada. Hace un mes y pico escribía aquí esto:

Hace un par de semanas, comiendo con un amigo profesor universitario que sabe mucho de estas cosas, recordábamos al cachondo de Enric Marco, aquel que se hizo pasar por víctima de Mauthausen, y de ahí divagamos un poco sobre cómo el estatus de víctima puede resultar cómodo y apetecible en el mundo actual. Lejos de estar silenciadas, las voces de las víctimas están por todas partes, hasta el punto de que sus relatos se han normalizado. "Fíjate en las historias de la dictadura argentina -me decía-: todas las sesiones de tortura están cortadas por el mismo patrón. La picana, el viaje sobre el océano...". Los tics de los relatos se repiten y se hacen muy predecibles. Por tanto, debe de resultar muy fácil fingirlos. Las falsas víctimas o las víctimas-actores estarán por todas partes.

Pues bien, hace un rato, leyendo con los ojos muy abiertos a Sebald, me he encontrado con esto en Sobre la historia natural de la destrucción:

Lejos de mí dudar de que en la mente de los testigos hay muchas cosas guardadas, que se pueden sacar a la luz en entrevistas. Por otra parte, sigue siendo sorprendente por qué vías estereotipadas se mueve casi siempre aquello de lo que se deja constancia. Uno de los problemas centrales de los llamados "relatos vividos" es su insuficiencia inctrínseca, su notoria falta de fiabilidad y su curiosa vacuidad, su tendencia a lo tópico, a repetir siempre lo mismo.

En mi trabajo, los testimonios vitales de las personas me han sorprendido realmente en muy pocas ocasiones. Porque generalmente te cuentan lo que creen que quieres oír. En cierta forma, todos interpretamos papeles, y cuando alguien se ve en la tesitura de contarle su vida a un periodista para un reportaje, acomoda sus recuerdos a las exigencias del guión de ese reportaje. Y he depurado técnicas para evitar eso en la medida de lo posible: no utilizo la grabadora a menos que sea necesario, pues coarta mucho al entrevistado y le obliga a pensar cada palabra dos veces, saco el cuaderno a mitad de la conversación, cuando ya está un poco caliente la charla, intento evitar el martilleo interrogador y me esfuerzo por que la cosa se parezca todo lo posible a una conversación amigable... Pero sólo consigo reducir los daños, no suprimirlos.

Me refiero, fundamentalmente, a los testimonios que remiten a hechos históricos, aunque pasan con todos los relatos vitales (un artista te cuenta una vida de artista, un escritor te cuenta su letraheridismo en unos términos muy parecidos a los de otro escritor, y el dueño de una casa rural te habla de su huída de la maldita urbe sin añadir muchos detalles al relato del dueño de la casa rural del pueblo de al lado). Cuando he entrevistado a un maqui, el maqui no me ha ahorrado ningún detalle previamente mistificado: el frío de la sierra, los guardias civiles que tenían más miedo que los guerrilleros, la nieve en el monte (es curioso que apenas cuentan anécdotas primaverales o veraniegas), la comida que le servían los masoveros... Cuando he entrevistado a un viejo resistente antifranquista, lo mismo: todos los tópicos que él cree que quiero escuchar van desfilando. Los relatos de la guerra civil están tan estereotipados que a veces hasta dejan que termines tú las frases. Los testimoniantes, generalmente, ponen mucho cuidado en que su verdad se ajuste a la verdad aceptada, y si hay disensos, siempre serán anecdóticos, nunca afectan al cuerpo del relato.

Ojo, no estoy diciendo que mientan ni que se inventen nada. Sólo pienso que la memoria es maleable y se contamina fácilmente. Está pasando incluso con los miembros de mi generación, que relatamos nuestra infancia como si todos hubiéramos vivido la misma, refiriéndonos a los mismos tópicos (todos televisivos, por cierto): Naranjito, Barrio Sésamo y la teta de Sabrina.

Ahora estoy metido de lleno en un asunto para el que he recogido también varios testimonios. Pero como es un asunto prácticamente inédito (o sin el prácticamente), del que no existen "relatos oficiales", las historias que me cuentan sí que resultan sorprendentes y están llenas de sombras y vericuetos apetecibles. Entre sí, se contradicen muchas veces. Unos asumen con naturalidad unos hechos que para otros son rotundamente falsos. Es maravilloso, porque me está obligando a hilar muy fino para montar las piezas del puzzle, y creo que su actitud virginal se debe precisamente a que te cuentan lo que recuerdan o lo que les ha sido transmitido en sus familias sin que un discurso externo haya contaminado su versión. En definitiva, sin que nadie les haya dicho cómo deben enjuiciar esa experiencia a priori. Pero cuando la Historia con mayúsculas se fija y se pasa a limpio, a todo el mundo le queda claro qué partes de su relato debe subrayar y cuáles debe silenciar.

La cosa va un poco más despacio de lo que yo quisiera (no por mí, que ya he hecho mis deberes, sino por terceras personas a las que tengo que andar persiguiendo), pero cuando el proyecto encuentre al fin a sus padrinos informaré debidamente de ello. Incluso puede que cree un blog paralelo y temático.

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5 comentarios

Javivi -

De Sebald, yo recomendaría "Los emigrados", "Austerlitz" (genial), "Sobre la historia..." y "Los anillos de Saturno". Se que no soy muy original, pero es que es uno de mis autores preferidos. "Pútrida patria" está muy bien, pero hay que armarse de valor para leerlo pues son conferencias y ensayos sobre literatura.

Gabriel -

De Sebald solo conozco Austerlitz. Una densa novela que retrata a una Europa en crecimiento.

Anakrix -

De Sebald solo conozco "Los emigrados" y me parece un libro de una sensibilidad exquisita que sabe llegar al alma de los personajes que retrata. Así que me anoto tu recomendación.

Don Vito -

Déjame saber si te podemos echar una mano para sacar adelante tu proyecto. Cuando hay que perseguir a alguien, nunca fallamos.

Javivi -

Sebald, qué grande, sobre todo ese libro. Y cuánto de estereotipización, homogeneización, hipostatización y reducción a mínimos comunes denominadores hay en los relatos de memoria, amigo.
Muy recomendable para abrirse camino entre ellos: Enzo Traverso, "El pasado: instrucciones de uso. Historia, memoria, política", Marcial Pons, 2006.
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