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El Blog de Sergio del Molino

HISTORIETAS DE MAYO DEL 68

HISTORIETAS DE MAYO DEL 68

No es porque lo hayamos hecho nosotros (qué va a decir un padre de su hijo), pero el último suplemento Heraldo Domingo nos ha quedado especialmente lucido. Ha sido una de esas semanas en las que acabas reventado y deslomado, pero contento con el resultado. Nos ha salido guapa la criatura. Las páginas sobre los aragoneses en el Mayo del 68 han quedado entretenidas y llenas de historietas, y la foto que conseguimos in extremis de Juan Alberto Belloch con 18 años paseando por París (sí, es ese, el de la portada) y las declaraciones en las que cuenta que participó en el asalto a la embajada de EE.UU. -él, que fue baranda de policías y fiscales- son geniales.

La cosa es que, aprovechando el aniversario, nos dio por preguntarnos: ¿será verdad que todos los que dicen que estuvieron en París en Mayo del 68 estuvieron realmente? Y nos dimos cuenta de que los que más fanfarroneaban de pasado "revolutionaire" en aquel entonces estaban muy lejos de París, algunos entonando cantos al Caudillo. Pero también descubrimos que había otra gente que, sin armar tanto ruido, resultaba que sí que había estado allí y lo había visto todo. Algunos, incluso habían participado.

Como este suplemento donde me deslomo sólo está en "analógico" kiosquero y se resiste a entrar en la era digital, aquí os cortipego las peripecias de Carlos Saura, que este jueves será ojomeneado en Cannes. Para los que no viváis en Oregón o no leais el periódico donde echo las tardes (o las dos cosas, que de todo ha de haber), los que ya lo leisteis en papel podéis pasar directamene a dejar comentarios hirientes o largaros a dar un paseo.

El estreno frustrado

 Al otro lado del telefóno, en un breve receso en su comprimidísima agenda, Carlos Saura (Huesca, 1932), que está rodando en Roma parte de su nuevo proyecto, "Io, Don Giovanni", recuerda con jocosidad y distancia el Mayo del 68 en el que la casualidad le hizo protagonista. No hay asomo de nostalgia ni sombra de gravedad en sus palabras: "Uf, si aquello fue una tontería -dice-. Ni siquiera sé lo que van a hacer en Cannes, solo he recibido la invitación, pero parece que todo lo relacionado con aquel año se magnifica". Lo que van a hacer en Cannes es un homenaje y un acto de justicia poética. Como en 1968 Saura no pudo proyectar "Peppermint frappé", el festival, dedicado este año a la efeméride sesentayochista, va a pagar la deuda. Y no solo con el oscense, sino con todos los directores, actores y estudiantes que intentaron convertir el certamen francés en una reflexión sobre cómo el cine podía contribuir a la revuelta, como recuerda el libro "Les Cahiers du Cinéma, histoire d’une revue", de Antoine De Baecque, que se presentará la semana que viene.

Aunque Saura no le dé importancia, cuando coge carrerilla, las anécdotas y los recuerdos salen a borbotones de su boca, y este periodista tiene que tomar nota a todo trapo para no perder ripio: la madrugada alucinada de París, las palabras de Godard, las lujosas calles de Cannes tomadas por los obreros, los paseos con Geraldine Chaplin... Todo se amontona en el cuaderno en un amasijo casi indescifrable, con la misma fuerza y confusión con la que vivió todo.

En 1968, Saura ya era un cineasta con una sólida trayectoria y muy apreciado en la escena europea, emparentado por derecho propio con los miembros de la Nouvelle Vague. Su amigo Elías Querejeta había producido su nueva película, "Peppermint frappé", y su pareja, Geraldine Chaplin, la había protagonizado. El 18 de mayo estaba previsto su estreno en Cannes, y Saura y Chaplin decidieron salir de Madrid unos días antes para disfrutar de la primavera en París y bajar luego por carretera a la Costa Azul.

"Viajamos en plan tirado en una furgoneta Volkswagen que teníamos entonces -recuerda-. Nos plantamos en un hotelito de Saint-Germain-des-Prés donde solíamos alojarnos cuando íbamos a París, y justo esa misma noche estalló todo el follón". Era la la madrugada del 10 al 11 de mayo de 1968.

"No estábamos preparados para eso -continúa-. Yo no había visto nada igual. Luego creo que se dijo que la Policía se replegó para evitar males mayores, porque los disturbios fueron muy graves, y si los hubieran reprimido con contundencia, habría habido bastantes muertos. Sin duda". Asustados, sin atreverse a salir del hotel, la pareja pasó la noche viendo por la ventana la lluvia de adoquines. "A las cuatro de la mañana nos atrevimos a bajar a la calle, y el panorama era impresionante: toda la ciudad estaba patas arriba, destrozada".

Cannes era otro mundo. La agitación todavía no había llegado y el glamur y el famoseo se paseaban tranquilos por los restaurantes y las salas de cine. Pero enseguida se contagió de la efervescencia que se vivía en Francia y, al arrancar el festival, las manifestaciones de estudiantes y obreros paralizaron el centro urbano.

"En esas condiciones -explica Saura-, los directores que participábamos, con Truffaut y Godard a la cabeza, decidimos en asamblea que el festival no se podía celebrar, y fuimos a comunicarle nuestra decisión al director, que aceptó que ’Peppermint frappé’ no se proyectase". Pero los animosos y comprometidos cineastas no las tenían todas consigo. Sospechaban que el director de Cannes, Robert Favre le Bret, no les iba a hacer caso: había mucho dinero en juego. "Por eso, a las 16.30, que era la hora a la que estaba programado el pase, nos plantamos en la sala y nos colgamos del telón para parar la proyección".

Aunque Saura asume que aquel fue un acto "muy valiente", en ese momento cree que no eran conscientes de lo que implicaba su toma de posición: "No había miedo, sino entusiasmo por lo que estaba pasando".

Lanchas y helicópteros

Quienes sí tenían miedo eran los productores y los magnates de la industria del cine, que "se atrincheraron en sus hoteles, aterrorizados". No podían salir de la ciudad porque se cortó el abastecimiento de gasolina. Pero lo solucionaron rápido: "De repente -cuenta Saura, riendo-, empezaron a llegar helicópteros que aterrizaban en las azoteas de los hoteles y lanchas que se paraban en la playa. Los productores salían corriendo con las maletas y huían por el aire o por el mar, y allí nos quedamos los directores reunidos en asamblea, mano a mano con los manifestantes. Fue muy divertido".

Providencialmente, el aragonés tenía algo de gasolina guardada en la furgoneta, y con ella, la pareja puso en marcha su vehículo y trató de llegar a España, cruzando los dedos y temiéndose las peores represalias al regresar: "Pero nadie nos dijo nada -apunta-. Como si no hubiera pasado".

Impasible ante las peripecias de la política, "Peppermint frappé" siguió su periplo y ganó el Oso de Plata en la Berlinale, convirtiéndose en una pieza clave de la filmografía sauriana. "Truffaut me envió un telegrama deseándome suerte y lamentando que la revolución fastidiase el estreno en Cannes". Pero eso ya es historia.

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3 comentarios

jl -

Hablé con J.A.B.el otro día sobre ese artículo. Me dijo que R.J.C. es de lo mejor que tenemos por aquí.

S. del Molino -

Qué cabrón. Que es una entrevista de retrato de personaje, no de acorralamiento, y el hombre está hecho un fistro con su enfermedad, tampoco hay que ensañarse.

Rondabandarra miasmito -

Yo me quedo con la entrevista a Durán i Lleida; fuiste demasiado bueno: ¡¡tenías que haberle dado duro en las miasmas!!
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