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El Blog de Sergio del Molino

LA SANTA GUIOMAR

LA SANTA GUIOMAR

He estado en Segovia porque tenía que mirar unos papelujos en el Archivo Histórico Militar y, de paso, me he oxigenado un poco con un paseo lejos de esta pre-expositiva y cargada ciudad.

Cuando vivía en Madrid me gustaba escaparme de vez en cuando a Segovia. Algunas veces iba acompañado, pero la mayoría de las excursiones las hacía solo. Siempre entre semana y llevando al hombro una vieja cámara reflex que todavía conservo en el rincón de las cosas fantásticas que ya nunco uso, supongo que al lado de mi guitarra desafinada. Sin madrugar en exceso, me cogía un cercanías en Chamartín que en dos horas de serpenteante traqueteo serrano me dejaba al otro lado del Guadarrama. Otras veces no llegaba a cruzar las montañas y me bajaba en Cercedilla, donde empalmaba con un tren de vía estrecha que sube hasta Cotos, pasado Navacerrada. Era el mismo tren que solía coger mi abuelo cuando se iba -muy a menudo, solo- a pasear por el Camino Smith. Hoy diría que mi abuelo era "senderista". Entonces, sólo era un andarín trotón.

Hacía años que no visitaba Segovia, y esta vez no he llegado en el tren renqueante, sino en un AVE supersónico que ha pasado por debajo de la sierra y me ha dejado en la estación de Guiomar, una nave desangelada a 10 kilómetros de la ciudad. No le hace justicia a la mujer que le presta el nombre, que se llamaba en realidad Pilar Valderrama y fue el verdadero amor de ese tipo pausado y soñoliento que fue Antonio Machado (otro andarín trotón obsesionado con los caminos).

Me ha gustado ese homenaje machadiano. Suena bien incluso cuando va pegado al nombre de la ciudad: Segovia-Guiomar. Me preguntaba si los turistas suecos y los argentinos que viajaban conmigo desde Madrid apreciarían lo evocador del nombre de la estación, pero luego me he dado una bofetada mental por cuestionar el bachillerato de mis compañeros de vagón y, de paso, me ha asaltado una reflexión sobre el santoral laico que ya se impone en muchos lugares.

Si ese santoral laico español existe -con todos los atributos que le son propios, con sus hagiografías, su liturgia, su iconografía, su milagrería y sus fanáticos devotos-, Antonio Machado tiene que ser el Santiago y cierra España. Aún diría más: Antonio Machado sería el equivalente de la Virgen del Pilar. Y Serrat, su profeta.

He pasado por delante de su casa-museo, pero no la he visitado. Me he quedado fuera mirando desde la cancela la estampa de Machado recortada en la ventana del primer piso, como si estuviera asomado a ella, y me he acordado de la casa de Bernardette en Lourdes (el lugar más espantoso del mundo después del autoservicio para autobuses de Esteras de Medinaceli). Efectivamente, como en Lourdes, estaba contemplando la casa de un santo, y las veces que me he plantado silencioso y solemne junto a su tumba en Colliure, he venerado unas reliquias de santo. Sin duda.

De repente, me ha parecido indigno. Tengo una propensión natural a recelar de los mitos, de las beaterías y de las cosas que no admiten debate. Me sigue gustando que la estación se llame Guiomar, pero ahora la veo como a una virgen, y para ser virgen, me parece a mí que folló y se rió demasiado. ¿Es que los humanos no sabemos recordar y homenajear sin caer en misticismos religiosos?

Esto me pasa por irme de excursión yo solo con un libro de Bruce Chatwin donde no para de preguntarse cosas. Maldito Chatwin, con lo tranquilo que yo vivía aceptando lo que dicen los manuales de literatura.

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2 comentarios

Chelita -

¡Dior mío! ¡El autoservicio para autobuses de Esteras de Medinaceli! Casi había conseguido borrarlo de mi memoria...

María -

Qué bien escribes, Toni. Es por ello que te idolatro desde la distancia.
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