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El Blog de Sergio del Molino

MAMPORREROS DE MIEMBRAS

Según la RAE:

mamporrero. (De mamporro). m. Hombre que dirige el miembro del caballo en el acto de la generación.

Noble oficio que ha permitido que los sementales gocen con las yeguas más turgentes y regeneren las bellas razas de los purasangre. Los filólogos y los notarios me perdonarán que, en un sentido figurado que atenta a la pulcritud académica, aplique la denominación de este oficio a quienes, con imparable denuedo, dirigen la miembra de la ministra Aído hacia nuestros contritos y tensos esfínteres traseros. Son los cortesanos siempre atentos, que no dejan escapar una oportunidad para obtener la caricia del amo o para sacarle la cara cuando la pone en evidencia. El domingo lo ha hecho en El País, con paja mental freudiana de propina, Adolfo García Ortega. Allí se lee:

El problema de la palabra "miembra" es que se enfrenta directamente a "miembro"; lo refleja, lo varía, lo feminiza. Le quita su dominio, en todo caso, lo reta a que reparta papeles y derechos, lo destrona, lo divide, lo contemporaneiza (perdón por el verbo).

Y más abajo, continúa:

Ahora lo que le ha dado miedo a muchos varones es que al miembro, por fin, le ha salido una posible variante liberadora, la posibilidad de que la mujer también lo pueda ser sin tener que renunciar a su identidad de mujer, es decir, por fin puede ser miembra. Todo rechazo ante la palabra, si no es por razones más simbólicas o profundas, cuando no oscuras, no debería escandalizar a nadie, ni hacerle reír. Es sólo cosa de repetirla varias veces para darse cuenta de que no suena nada mal, incluso de que, una vez se acepte por la normativa de la RAE (que todo llegará), será vista como apropiada.

Eso sí que es penetración argumental y no la del mamporrero. Es cierto, lo confieso, me ha calado. A mí y a todos los falócratas que en España somos. El lapsus ha retumbado con estruendo en nuestros cuchitriles de macho. Su ruido liberador ha hecho añicos la botella de Anís del Mono, sus vientos de cambio han apagado nuestras fálicas farias y su arrolladora luminiscencia nos ha dejado boquiabiertos y nos ha hecho tragarnos el palillo que llevábamos prendido en la comisura del labio. ¡Vade retro, vagina! ¡Atrás, clítoris creciente! ¡No nos despojes de nuestra secular hombría, por dios, déjanos vivir y no nos castres, Bibiana!

¿Cómo no me había dado cuenta de que lo que me molestaba del asunto no era el empecinamiento y la impúdica demostración de caradura e ignorancia satisfecha de la ministra y sus cortesanos, sino cómo estaba atacando el núcleo fundamental de mi machismo, de las creencias falocráticas en las que he sido adoctrinado? Gracias, Adolfo García Ortega, por abrirme los ojos. Corro al baño a desmembrarme antes de ir al cine a ver Sexo en Nueva York. ¿Os apuntáis, chicas?

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3 comentarios

Anakrix/krox/krax -

Estoy hasta el moño/a de la ministra Aído. Se equivocó, metió la pata inventándose el palabro "miembra", pero ya está, no pasa nada. Debería haber reconocido su error y, si lo hubiera hecho con cierta gracia, todos nos hubiésemos reído con ella. Pero no. En lugar de eso, convierte su metedura de pata en una supuesta defensa de los valores feministas. Venga ya. ¿Se cree que somos tontos? Hasta este asunto, me parecía que el Ministerio de la Igualdad era ridículo, ahora creo que la que es ridícula es la señora ministra...

Antonio -

¡Muchas falocidades!

Antonio -

Muy divertido este post, Sergié... ¡Casi me "desmiembro" de risa!
Abrazos.
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