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El Blog de Sergio del Molino

VACACIONES

Este año no he podido restregarle mi felicidad a los compañeros. No he hecho ningún bailecito idiota, ni les he improvisado unos ripios de felicidad. No les he sofronizado con una cuenta atrás. Nada. No he hecho ninguna de las cosas que hacemos los que nos vamos de vacaciones. No he metido el dedo en ningún ojo ni en ninguna llaga. Simplemente, me he ido.

Este año he llegado muerto a las vacas que hoy empiezo, arrastrándome cual polilla torpe sin alas por el suelo. Estas últimas semanas han sido matadoras en el curro. Lo habréis notado porque apenas he podido escribir nada en este blog. Además de las mil gaitas que tenía en el periódico, me urgía terminar un texto para un museo que se instalará en Vera de Moncayo y un par de cosillas que tenía pendientes. Así que al librito que a estas alturas del año pensaba que estaría ya concluido todavía le quedan un par de últimos e imponentes empujones. A la vuelta le daré la puntilla. O las puntillas, y os contaré de qué va la gaita. Por cierto, que cabe una remota posibilidad de que cuando vuelva en agosto me convierta en esporádico tertuliano audiovisual. Ya os contaré, pero sería ya la rematadera: que me pagasen por parlotear delante de una cámara.

Ahora ha llegado el momento de aparcar las penas, de vaguear, de darse al goce. Y, sobre todo, de hacer lo que más nos gusta: viajar.

Mañana martes empezamos una ruta europea que me apetece un montón, porque tiene ribetes decimonónicos. Es un viaje que hemos planificado en ratos muertos y que creo que ha quedado muy bien. En Barcelona nos montaremos en un tren que nos dejará en Ginebra, y desde allí iremos subiendo en varios días, pasando por Lausanne, Montreaux, Berna e Interlaken, hasta Zúrich. Todo este trayecto pienso hacerlo con los poemas de Shelley en una mano y con el Frankenstein de su mujer en la otra. En Zúrich cogeremos uno de esos eficaces trenes alemanes y nos plantaremos en Múnich, desde donde iremos subiendo en varias etapas hasta Berlín. Tenemos previsto hacer parada y fonda en Nuremberg, Weimar, Dresde y Leipzig. A Berlín le dedicaremos sus buenos ocho días, para empaparnos a gusto de aquello.

Lo de ir a Ginebra en uno de esos trenes semilujosos es un capricho que me rondaba hace tiempo. Una de las cosas que quería hacer antes de morir era tomarme un whisky a las dos de la madrugada en un vagón semivacío mientras afuera centellean las luces de las estaciones y de los pueblos dormidos de la Francia meridional. Sí, lo sé, demasiado cine y demasiada Patricia Highsmith. Qué le voy a hacer, todos tenemos nuestros vicios, ¿no? Y un vicio ha de ser frívolo o no ser.

Iré posteando a lo largo de la ruta, intentando componer una crónica viajera entretenida. Sobre todo, entretenida para mí, que soy el que la escribe. Lo haré si el wifi y la cerveza alemana lo permiten.

Salud, compañeros.

Ah, por cierto, se me olvidaba. Los tres fotógrafos del Colectivo Anguila, con Pedro Hernandez como cabeza visible y barbada al frente, inauguran una pequeña exposición mañana por la tarde en Bodegas Almau, en el Tubo de Zaragoza. Si os gusta la música, pasaos a verla, pues ya sabéis que los Anguila sólo hacen fotos de rockeros rocosos dentro y fuera del escenario. Son los Anos Leibowitz de la estepa aragonesa. Sí, habéis leído bien: Anos. Es que son unos fistros diodenales.

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1 comentario

anro -

Hace dos años hicimos esa misma ruta, pero al revés. Terminamos en Ginebra. Jugó a nuestro favor que viajamos fuera de temporada, en Mayo, y no había demasiada movida turística. Espero que, al igual que hiciste con tu viaje al Oeste Americano, escribas sabrosas crónicas sobre este "viaje sentimental".
Buen viaje y que lo disfrutes.
Un abrazote.
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