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El Blog de Sergio del Molino

MUÑECAS RUSAS

En los viajes duermo como un lirón, pero nunca sueño. En este, en cambio, empiezo a inquietarme. Voy a contaros dos sueños que se me han quedado grabados vívidamente, al detalle. Los puedo rememorar imagen por imagen, y eso también es muy raro en mí. Empezaré por el que tuve hace dos noches.

Yo trabajo en un hospital. De enfermero. Visto mono sanitario verde y me muevo por lo que parece una sala de espera de urgencias, muy de noche. Las puertas correderas se abren y aparece una antigua novieta con la que pasé unos meses extraños y apasionados, pero a la que hace años ya que no veo. Antes de que pueda preguntarle qué hace ahí, noto que viene con un bulto enrollado en una manta. Parece un bebé. Aquí el sueño empieza a adquirir un tono de culebrón baratillo.

-Es tu hijo, estoy casi segura. Vengo a que te hagas la prueba de paternidad -me dice.

Incluso en el sueño, yo sé que, a no ser que el embarazo de esta mujer haya durado el doble que el de una elefanta, es absolutamente imposible que ese bebé sea nada mío, pero lo asumo como posibilidad. Oníricamente, no lo descarto, y accedo a hacerme la prueba. ¿Qué mejor sitio que un hospital, donde al parecer trabajo?

La chica le da el bebé a la jefa de enfermeras, que resulta ser mi amiga M. (que no es enfermera, pero que, ahora que lo pienso, le pega ser jefa de enfermeras en turno de noche en algún hospital grande). Mi amiga M. mira al bebé, me mira a mí y dice:
-No es por nada, pero este niño es clavadito a ti.

Y me lo enseña.

El niño resulta ser una masa sanguinolenta monstruosa, muy parecido a un alien de color carne. Doy un paso atrás, asustado, pero no le quito la razón a M. ¿Quién sabe cómo me ven los demás? Que le hagan la prueba de paternidad y acabemos con esto.

Se llevan al niño, mi ex novieta se queda sentada, esperando, y yo le digo que no se preocupe, que aunque yo no sea el padre, le ayudaré con ese niño-cosa, que no la voy a dejar tirada.

Y me alejo por el pasillo, angustiado, pensando que me he metido en un lío muy gordo y buscando una fórmula para contárselo a mi chica. “Me va a matar”, pienso.

Me despierto con una incómoda sensación de pesadez, y arrastro el recuerdo del sueño todo el día. Pero la cosa no acaba ahí, porque anoche soñé otro sueño igual de vívido e intenso que este. Fue así.

Estoy de jarana por Zaragoza con mi chica y mis amigos. A eso de la una de la madrugada, todos se marchan a su casa, pero yo quiero seguir la juerga, así que decido irme a Madrid a continuar. A la una y media estoy ya en Madrid (los AVE oníricos funcionan que da gusto) y me cuelo en un extraño bar que es mezcla demuchos antros queridos que he frecuentado en el pasado en todos los lugares donde he vivido y de alguno sacado de alguna película (adivino destellos de Jo, qué noche, la peli noctámbula por excelencia).

El bar está vacío. El camarero holgazanea en la barra y sólo hay una clienta: mi amiga G., a la que he ido a buscar y que se alegra de verme llegar de sopetón. Empezamos a hablar, pido una cerveza grande y charlamos sobre su embarazo. Porque G., en el sueño, está embarazada. Y también es famosa. Bastante famosa, pero no sé por qué.

-¿Ya habéis atado la exclusiva del nacimiento?- le pregunto.
-No, pero he contratado a Fulanito (dice un nombre que no me suena y que no recuerdo) para que se ocupe de todo lo de la prensa.
Esta noticia me molesta, pero trato de disimularlo. Le digo sonriendo y en tono de broma:
-Joder, ¿a Fulanito? Si me lo hubieras ofrecido a mí me habría planteado dejar el Heraldo.
-Ay, Sergio, no insistas.

No insisto.

G. está incómoda por los derroteros de la conversación, así que paga al camarero y me lleva a caminar por la Gran Vía. Caminamos un rato por una Gran Vía oscura y neblinosa, que no se parece en nada a la Gran Vía de verdad, y volvemos a meternos en el mismo bar. Esta vez, yo me pido una taza enorme de chocolate caliente y me la bebo de trago.

G. se tumba en unos sillones y me invita a tumbarme con ella. Quiere dormir.

-Ven, tócame la tripa. Está dando patadas -me dice.
Le toco la tripa, que no es muy prominente, pero no noto nada.

Y ahora es cuando viene lo escalofriante. Estamos en silencio, en la penumbra del bar, y entonces le digo a G.:
-¿Sabes? Es curioso lo de los embarazos. Precisamente ayer mismo soñé que… -y le cuento punto por punto el primer sueño, tal y como lo he contado arriba. Relato un sueño dentro de un sueño.

Y me despierto con una angustia y un desconcierto notables. Nunca me había pasado nada parecido.

No sé darle una explicación, y temo que esto se convierta en un bucle de sueños noche tras noche. Sólo he encontrado una conexión, y la he llamado la “hipótesis de las muñecas rusas”. Una mujer embarazada es como una muñeca rusa: tiene otro ser dentro, y estos sueños tienen estructura de muñeca rusa, son sueños dentro de sueños. Así que la clave ha de estar en los embarazos que hay en ambos. El símbolo que hay que descifrar es el de la mujer embarazada. Y no, no lo estoy. Me he comprado un Predictor, he meado en el palito y no estoy embarazado, así que hay que buscar por otro sitio. Que yo sepa, ninguna mujer de mi entorno más íntimo está embarazada tampoco, por lo que la cosa ha de ser por fuerza simbólica. Los sueños no hablan de embarazos, sino de algo que se esconde, de algo que está dentro de otra cosa y que hay que sacar.

Si el señor Roberti, nuestro psicoanalista argentino de cabecera, está leyendo esto, por favor, que arroje algo de luz lacaniana sobre el enigma. A los demás, os propongo como pasatiempo que elaboréis algunas teorías sobre estos sueños. Cuanto más absurdas y delirantes sean, mejor, más nos divertiremos.
Mientras esto se dilucida, disfrutaré paseando por el centro de Múnich y llenándome la panza con las maravillosas cervezas que hacen aquí.

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3 comentarios

Enrique -

Es fácil, ¿no? Tú mismo das la clave en la última frase del "post". No debes preocuparte: es sólo cerveza lo que encierras.
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Esfínter -

¿Vas bien al baño? Puede ser que no sean fetos lo que tengas dentro... Prueba a comer yogures. Si vas al baño y lo que sale no llora, no estás embarazado.

Gabriel -

Cómo tu dices, da para un culebrón. Paso de interpretarlo, entre otras cosas porque no tengo ni idea.
Mas bien parece un argumento de un libro de Sebald
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