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El Blog de Sergio del Molino

JODER CON LA CRISIS

La hecatombe, muchachos. Vayan agarrándose a los machos, cierren puertas y ventanas, desconfíen hasta del lechero. Como decía un amigo mío (en una broma que se repetía mil veces en todo encuentro social al que acudíamos): si alguien llama a tu puerta diciendo que quiere chuparte la polla, ¡no le abras! ¡Lo que realmente quiere es chuparte la polla! (ya ven en qué niveles se mueve nuestro humor).

Pues eso: si Solbes o el señor Euribor llaman a tu puerta diciendo que quieren chuparte la polla, ¡no les abras!

Que si la cosa está chunga, que si vamos pa el pozo, que si patatín, que si patatán. Los medios no hacemos más que inventarnos reportajes para avalar el pánico colectivo que tenemos que sentir. La crisis, la dichosa crisis, en boca de todos. Y yo me pregunto: ¿es para tanto la cosa? ¿De verdad la gente se ha quedado este año en su casa acoquinada y agarrada a los pocos ahorrillos que han rescatado de la voracidad hipotecaria?

Reportajes que han ido saliendo este verano:

  • El gremio de hosteleros se queja de lo mal que van las cosas. ¿Y cuándo ha salido el gremio de hosteleros bailando una sardana y pidiendo a la gente que no salga a cenar por ahí, que no dan abasto, que por este año ya han ganado suficiente dinero y que sus clientes deberían dedicarlo mejor a ayudar a los refugiados de Darfur? Cada vez que se pregunta al gremio de hosteleros, la respuesta es siempre plañidera. Normal. También he de decir que este sábado, 16 de agosto, cuando quise invitar a mi chica a un buen homenaje gastronómico con motivo de mi cumpleaños, por poco no encuentro sitio. Y no porque los restaurantes de alto postín estuvieran echando el cierre, sino porque no tenían mesas libres. Joder con la crisis.
  • Los españoles no viajan al extranjero. Serán los becarios de prácticas que se quedan haciendo los periódicos en verano, porque, que yo sepa, el que no corre, vuela. De mi entorno, quien más, quien menos, se ha pirado a más de 1.000 kilómetros de distancia. Algunos, a 12.000 incluso, y en todos los destinos, por exóticos, caros y disparatados que fueran, han encontrado a españoles mil, gastando a manos llenas ese dinero que al parecer no tienen.
  • La gente consume marcas blancas y prescinde de lujos al hacer la compra. Sí, claro, por eso el otro día en el supermercado de El Corte Inglés había hostias para pagar en caja. Y recuerdo a todo el mundo que los precios y los productos de ese supermercado no son precisamente los del Dia. 
  • Diez mil pequeños comercios han cerrado debido a la crisis. En fin, no sé, puede que sea cierto que diez mil comercios hayan cerrado, pero no sé si debido a la crisis o porque tocaba cerrar. Ahí faltan datos: ¿cuántos comercios han abierto sus puertas en ese mismo período? Si sólo damos el parte de defunciones y omitimos los nacimientos y los empadronamientos podemos dar la sensación de que nuestras ciudades se van a pique y que una epidemia de peste nos machaca.

A ver, que no dudo de los datos, que no dudo que el PIB se esté yendo al pedo, que el paro empiece a engordar y que la inflación nos toque los genitales en un tiempo, pero, hoy por hoy, y por mucho que en los medios de comunicación nos empeñemos, la crisis apenas se nota a pie de calle. La notarán en los dos extremos de la cuerda: el de los ricachos del ladrillazo y el de los inmigrantes (des)empleados en la construcción y en los eslabones más débiles del mércado esclavista laboral, pero dudo mucho que esté azotando ahora mismo de manera sensible y directa a las clases medias. No hay desempleo masivo ni inflación galopante, y si un señor tiene el mismo trabajo que el año pasado, con el mismo sueldo, vivirá igual de bien o de mal que vivía el año pasado, y viajará y cenará por ahí con la misma alegría que entonces, cuando España era Jauja. Vean la Expo sin ir más lejos: todo el mundo protesta por los precios abusivos de los restaurantes, pero no hay forma de encontrar mesa en ninguno, están a tope mañana, tarde y noche. No confundamos: que los bancos aprieten las tuercas con las hipotecas e impidan a los jóvenes comprar una vivienda no es sentir los efectos una crisis, de la misma forma que el reventón de una tubería en la calle no es un tsunami. Seamos serios.

Pero la crisis ha saltado en verano, y en este verano, salvo unos rusos pegando tiros en pueblos que nadie sitúa en un mapa, no hay noticias. Es el agosto más seco informativamente que he vivido en años. Y hay que llenar páginas y minutos de tele, hijos míos. Así que tiramos de la serpiente veraniega, que este año viene espesita y sin sustancia. A ver si se produce un asesinato gordo y truculento en algún pueblo de la España profunda y cambiamos de canción, que esta suena más mentirosa que un bolero.

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2 comentarios

Antonio -

Ah, pero ¿hay crisis? ¿Ya lo ha dicho Zapatero?
Yo sólo he oído cuatro veces en "el parte" que la princesa Leticia se ha operado la nariz...

Quini (pasé por Zaragoza) -

En los libros de historia de estos cutres del instituto, siempre antes de algún capítulo revolucionario había un apartado llamado "causas de la revolución". Pues uno de los punticos negros importantes que salían era el de "situación de crisis económica". ¡Dejad que hablen de la crisis! ¡Dejad que despierten los aletargados intestinos revolucionarios de las gentes del pueblo! Ya lo advirtió Kropotkin (o no, pero seguro que lo pensaba): "cuando los burgueses -o lo que corresponda en el siglo XXI- se empiezen a dar cuenta de la caida de su sistema, será el momento de la emancipación del pueblo! ¡Ja ja ja! (risa de malvado).
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