Blogia
El Blog de Sergio del Molino

UN CICELY REAL (O CASI)

Recordando Doctor en Alaska, me he acordado de mi búsqueda de un Cicely hispano. Hace un par de años, quise contar cómo se vivía en un pueblo recuperado del Pirineo. Tras la novela de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, se hablaba mucho de la despoblación y de los cientos de pueblos fantasma que hay en el Pirineo aragonés (inciso: a la vuelta de un viaje reportajeril por el Sobrarbe profundo, le enseñé a mi compañero José Luis Solanilla unas fotos que habíamos tomado en unos pueblos abandonados en las cercanías de La Fueva. Las miró con mucho interés, y en una de ellas descubrió las ruinas de la casa que había pertenecido a sus ancestros. Fue bastante emotivo). Así que contacté con la asociación Artiborain, que había llevado a cabo varias repoblaciones de villas abandonadas en la zona del Serrablo. Hablé por teléfono con un tal Ulises, que al parecer estaba al cargo del pueblo de Artosilla, abandonado en los años 50 y recuperado por un grupo de neorrurales zaragozanos en los años 80. Acordé subir con un fotógrafo a hacerles un reportaje pensando que iba a ser una tarea fácil y agradecida, un Cicely en tono aragonés poblado por personas entusiastas de la montaña.

Nada más lejos. A los pocos minutos de charlar con aquella gente me di cuenta de que había algo muy oscuro. Un par de vecinos me llamaron para hablar conmigo en privado, a escondidas del resto de los habitantes de Artosilla, y me contaron historias muy escabrosas que no podía publicar sin contrastar, y el contraste era imposible. Alguna gente era hermética, recelaba mucho, no hablaba, y los que hablaban se desdecían rápidamente. Hubo quien me telefoneó al periódico días después para suplicarme que borrara su testimonio y no sacara ninguna foto suya. En general, sin embargo, procuraron darme una buena impresión y quisieron proyectar la imagen de un pueblo armónico. Yo me marché de Artosilla con mal sabor de boca, pero no había podido rascar nada comprometedor (sí, en tiempos del Tomate es difícil tener escrúpulos, pero yo soy de la vieja escuela y no publico rumores ni sensaciones que no tengo confirmadas. Llamadme mojigato), así que me limité a dejar constancia de mis sospechas en el reportaje que aquí os reproduzco. Un par de semanas después de publicarlo, en el verano de 2006, ardió una de las viviendas de Artosilla. La Guardia Civil cree que el fuego fue intencionado y que respondía a las disputas que se vivían en el pueblo por los problemas que yo esbozaba en el reportaje. No sé cómo están las cosas hoy en el pueblo, pero después de ese viaje cambié muchas de mis ideas sobre el mundo rural y sobre la gente que ansía vivir en entornos aislados. Unos meses después se produjo el crimen de Fago y tuve que volver a enfrentarme a una comunidad minúscula, aislada y enrarecida que me cerraba las puertas en las narices. He conocido más, y cuanto más conozco esos entornos, más quiero a las grandes ciudades.

Este es el reportaje que publiqué en el verano de 2006 sobre Artosilla. Cuando lo escribí, todavía creía en la buena fe de los repobladores (y se nota). Hoy estoy curado de espanto.

Viajando a Artosilla desde Zaragoza, el enigma que se plantea el urbanita no es por qué este pueblo serrablés fue abandonado a finales de los años 60, sino por qué a alguien se le ocurrió repoblarlo en 1986, hace ahora 20 años. Se precisa de una decisión muy poderosa para instalarse en un lugar del Alto Gállego que fue borrado de los mapas y que ahora sólo figura en los más detallados y puestos al día.

Treinta kilómetros en dirección a Boltaña por la A-1604, tan estrecha que obliga al conductor a echarse a la cuneta cada vez que se cruza con un vehículo de buena envergadura, y casi cuatro kilómetros de pista forestal retorcida y curvilínea. Al final, cuando los síntomas del mareo asoman en la cara y los bajos del coche empiezan a resentirse, un pequeño conjunto de casas aparece tras una curva. Hay vida, la de 12 personas que pasan el año allí. El hallazgo es sorprendente, pero antes de que el viajero se sienta un conquistador amazónico ante una nueva tribu, uno de sus habitantes viene a bajarle los humos urbanitas: "Sí, está lejos, pero intenta venir en invierno, cuando la pista se hiela. Eso sí que es duro".

Quien así habla se llama -o se hace llamar- Ulises, y Artosilla es su Ítaca. No se sabe si tiene alguna Penélope hilando en un palacio, pero a juzgar por su felicidad y bonhomía, nada ni nadie parecen esperarle fuera de este rincón serrablés. Ulises, zaragozano de nacimiento, se instaló aquí hace cinco años, los mismos que lleva levantando los tres pisos de su vivienda, que antes sólo eran ruinas. "Respetamos los rasgos de la arquitectura de la comarca y cumplimos requisitos bioclimáticos", explica, con un ladrillo de termoarcilla en la mano.

Llegar a Artosilla es duro y difícil, y todos sus vecinos han caminado un largo camino vital hasta la definitiva toma de decisión. Rafael Rosales, por ejemplo -que se muestra reacio a dejarse fotografiar, pero habla gustoso de lo divino y de lo humano mientras fríe unos huevos de corral para dar de comer a los visitantes-, vio claro su futuro una noche, en Jaca: "La situación era complicada. Mi mujer y yo vivíamos en Jaca y atravesábamos un momento difícil. La televisión daba un reportaje sobre unas masías repobladas en Cataluña, y mi esposa me dijo firmemente: "Ése es nuestro futuro". Me pasé la noche en vela, pensando, y a las seis de la mañana ya estaba buscando por los pueblos de la zona".

Bolsos de Loewe

En las navidades de 1992, el matrimonio se instaló en Artosilla. El granadino Rafael, escultor, artista y artesano, dejaba atrás una vida en la que había saboreado las mieles del éxito. Fue diseñador de moda en Loewe, donde creó hace décadas un bolso tipo inglés con tres compartimentos. Suya es también la escultura que decora el centro de la plaza de España de Sabiñánigo, municipio al que pertenece Artosilla.

Ahora, con 59 años, trabaja con calma y cariño en la construcción de una escuela de oficios que traerá gente y dinero al pueblo. "Podría haber llevado una buena vida de traje y corbata en Barcelona, pero aquello no me llenaba", asegura en la cocina de su casa mientras ofrece una copita de orujo casero o un buen vaso de vino cosechero de la Rioja.

Bebida y comida no faltan, aunque haya que recorrer unos 35 kilómetros para traerlas de Sabiñánigo, como tampoco faltan televisión, teléfono e internet. Estos dos últimos servicios los disfrutan gracias a una conexión inalámbrica con una antena de Sabiñánigo.

Nada de eso existía cuando Jesús García Mainar llegó al pueblo en el mes de mayo de 1986, de la mano de la asociación Artiborain, que gestiona otros dos núcleos deshabitados en las cercanías, Ibort y Aineto, gracias a un convenio con el Gobierno de Aragón (propietario de los terrenos y de las edificaciones). Cuando Jesús y su mujer, Mamen -él, ceramista; ella, enfermera-, decidieron vivir en el lugar, hacía dos décadas que sus últimos habitantes habían cambiado Artosilla por Huesca o Zaragoza. Desde entonces, los únicos seres humanos que se habían aventurado por el paraje eran los miembros del Icona que, a finales de los 70, lo repoblaron forestalmente.

"La pista estaba en muy mal estado -recuerda Jesús-. Por supuesto, no teníamos agua, ni desagües, ni ningún tipo de infraestructura. De hecho, nos pasamos casi nueve años sin electricidad, alumbrándonos con velas y con pequeñas baterías. Las casas, eso sí, estaban aceptablemente bien, y pudimos reconstruir una de ellas con relativa facilidad".

Hoy, un sistema de placas solares terminado de instalar en 2001 proporciona electricidad suficiente a los 12 vecinos del lugar. "En verano, no hay problemas de suministro -explica Ulises-, pero cuando el invierno trae tres o cuatro días nublados, tenemos que hacer restricciones en el consumo". Por eso, y por otros motivos, empezó a plantearse la necesidad de llevar el tendido eléctrico convencional hasta el pueblo.

Problemas en el paraíso

El asunto destapó la caja de los truenos en la hasta entonces idílica Ítaca montañesa. Los vecinos que apoyaban el trazado del tendido se enfrentaron a quienes se oponían al proyecto. Los primeros argumentaban la necesidad de desarrollo del lugar. Los segundos, que ese pretendido "desarrollo" acabaría con el espíritu y los objetivos vitales que les habían llevado hasta allí. Como las decisiones de este tipo han de aprobarse por unanimidad en una asamblea -así se gobiernan en Artosilla, de acuerdo con los estatutos de Artiborain-, las placas solares son la única fuente de energía disponible.

Podría considerarse una disputa menor, pero el asunto del tendido eléctrico ha enrarecido la convivencia en el paraíso. "Claro que se puede discutir y pleitear, pero nadie se plantea irse a vivir a un sitio como este para discutir y pleitear como si estuviéramos en la ciudad", argumenta Chema Marco, un albañil zaragozano que ejerce de alcalde pedáneo de Artosilla (título casi honorífico en un lugar donde las decisiones se toman en asamblea). "Nos hemos traído las miserias de la ciudad -se lamenta Jesús-, pero confío en que el buen juicio reine y las cosas se calmen".

"En la ciudad, las disputas con los vecinos pueden soslayarse, pero aquí convivimos de una forma muy estrecha y especial. Cualquier problema nos perturba y nos afecta mucho más", comenta Rafael ante el asentimiento sonriente de Ulises.

Ser pocos y mal avenidos, además de un tópico muy recurrente, es un síntoma de lo difícil que es sacar adelante la resurrección de un pueblo. Muchos proyectos han fracasado en el Alto Aragón, y la perseverancia de Artosilla, pese a los problemas que van surgiendo, es un aliento para que no desfallezcan en otros sitios de la Comunidad o de España.

Pero estos argumentos no templan a Chema, que señala el cuaderno donde el periodista toma notas y afirma: "Puedes publicar que el alcalde pedáneo de Artosilla quiere irse del pueblo". En su discurso, acusa al Gobierno de Aragón de no asumir responsabilidades en la gestión de los pueblos, que Marco califica de "sectaria" y "caciquil", con "juicios populares" donde se selecciona a los aspirantes a vecinos y se rechaza a quien no obtiene el beneplácito de la comunidad.

Es cierto que vivir en Artosilla o en cualquiera de los tres pueblos gestionados por Artiborain sólo puede lograrse tras superar un proceso de selección, pero calificar dicho proceso de "juicio popular" les parece excesivo a los responsables de la asociación y del Gobierno autonómico, que se muestra satisfecho con la labor desarrollada en los tres núcleos en los últimos 20 años. "Antes de instalarte aquí -razona Ulises-, debes visitarnos a menudo, conocernos y pasar un tiempo para adaptarte a nosotros y a nuestra forma de vida. Esto, en verano, se ve muy bonito y muy fácil, pero el invierno es durísimo, y conviene estar preparado". En otras palabras, que los vecinos quieren asegurarse de que los aspirantes saben de verdad donde se meten.

Ecoaldeas

En cualquier caso, no parece que Artosilla, al contrario que Ibort o Aineto, pueda recibir gente nueva en el futuro, debido al peculiar sistema de propiedad y gestión diseñado al alimón con la DGA. En Artosilla no existe la propiedad privada, y los vecinos tienen derecho a vivir en el lugar siempre que reconstruyan las ruinas. No se permite la edificación de nueva planta, y ya no quedan ruinas sin recuperar. El pueblo no puede crecer, porque se trata de rehabilitarlo y de gestionarlo como una "ecoaldea", no de crear un pueblo convencional con parcelas y planes de urbanismo.

En ese sentido, Ulises tiene mil proyectos en mente -y en trance de desarrollo-. El más importante, la puesta en marcha de un "centro de formación en actividades sostenibles" a través de la asociación Selba (www.selba.org) que atraiga al núcleo a las personas interesadas en energías renovables, arquitectura bioclimática, artesanía o agricultura ecológica. "Quiero que el pueblo sea un referente en el mundo de las ecoaldeas", dice. ¿Acaso no lo es ya?

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

1 comentario

pepe -

que kieres dejar ver?
kemaron alguna casa por la disputa del tendido electrico??
hubo pruebas? ke ha pasado al cabo de los años? han puesto el tendido electrico??
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres