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El Blog de Sergio del Molino

MALAS INFLUENCIAS

No debería hacerlo, pero como Almodóvar se ha pasado todo el rodaje de su nueva peli dando el tostón con un blog donde iba contando todo minuto a minuto y mandando a sus huestes de sirvientes mensajeros a las teles y a los periódicos para suplicar y exigir que se hable de él, he pensado: para ego, el mío. ¿Para qué quieres un blog si no puedes dar el coñazo con las cosas que tienes a medio hacer?

 

Así que allá voy, queridos: habemus libro. Con mi nombre en la portada, mi foto en la solapa y mi porcentaje de ventas en mi cuenta corriente. En realidad, es mucho más que posible que tengamos libros, en plural, pero hasta la fecha sólo tengo permiso para hablar de uno de ellos. El otro, al tiempo.

 

Mi editor me ha autorizado a contarlo, así que yo voy, y lo casco: en abril de 2009 aparecerá en las mejores librerías (y en las peores también) Malas influencias, una colección de relatos cortos y no tan cortos que probablemente presentaremos con mucha elegancia –y algo de etílismo- en Madrid cuando la primavera despunte y el trinar de los pájaros nos acompañe.

 

Sí, todavía queda un montón, pero ya sabéis que el mundo editorial funciona con sus propios ritmos, y hay mucho trabajo invisible desde que el autor deja de darle a la tecla hasta que el producto se coloca en los estantes de las librerías. Ahora mismo estoy dando la última pulida al manuscrito (qué bonito llamar manuscrito a un documento de Word encerrado en un pen-drive): retoco por aquí, cambio adjetivos por allá, me cargo frases cacofónicas por acullá y, sobre todo, elijo el orden definitivo de los relatos, cuestión importantísima que me trae de cráneo y me hace dudar cuarenta y ocho veces al día, con una cadencia de una vez cada media hora.

 

Quedan pocos días de aliño final, lo que tarde mi sufrida parternaire en corregir las mil erratas que hay y en decirme con las peores y más insultantes palabras que sepa todo lo que le parece espantoso y digno de suprimir en los cuentos. Dentro de muy poquito entregaré la que, con gran dolor de corazón, consideraré mi versión definitiva, y entonces arrancará el complejísimo mecanismo libresco, que por suerte funcionará a mis espaldas. Empezarán los diseños, las elecciones de portada, los ajustes de maqueta y la lectura agresiva y puntillosa de la correctora de estilo de la editorial, a cuyas sabias admoniciones me someteré con gusto.

 

Y cuando todo ese trabajo de meses concluya, corregiré con miedo la versión final, lo que antes se llamaban las galeradas, y dejaré que pase lo inevitable: que se imprima y ya no pueda hacer más correcciones ni retoques. Qué momento tan espantoso.

 

Porque yo nunca doy un texto por bueno. Ni en el periódico ni en el blog ni en los mails que mando ni en la lista de la compra. Siempre hay un adjetivo que chirría, una subordinada morosa con la que se te enredan los pies, una sílaba que hace ripios. No soporto que los textos escapen a mi control, que vuelen solos sin que yo pueda darles otro repaso. Si un libro es realmente como un hijo, yo soy el padre ultraprotector que no sabe cuándo debe dejarle vivir su vida.

 

Pero eso son cosas que a los lectores no les importan. Son angustias estúpidas de autor imberbe (mi barba es postiza) que no afectan para nada al público. Si os las cuento es porque sois unos cotillas y sé que además me vais a guardar el secreto. Próximamente os diré qué editorial ha cometido el acto suicida de publicar mis ficciones (a propuesta suya y no mía, lo que es doblemente suicida), y cuando se concreten fechas y lugares seréis convocados a las oportunas presentaciones con o sin canapiés. Comida no sé si habrá; alcohol ya anticipo que sí, que obligaré a incluirlo en una cláusula del contrato.

 

Malas influencias es un poco de todo sobre mí. Son textos que abarcan más de ocho años de mi vida. En sus páginas hay personas que hace tiempo que se convirtieron en fantasmas para mí. Ellos y ellas se reconocerán cuando lo lean, si es que llegan a leerlo algún día. Lo que no reconocerán serán los escenarios y los ambientes en los que se mueven sus almas sin cuerpo. Ellos son mis malas influencias, trocitos del pasado que he ido reinventando y destrozando a base de ficciones y fábulas. He cogido partes de mi vida y las he amasado, deformado, quemado, troceado, pisoteado y barnizado hasta que han quedado convertidas en cuentos. Pero ha sido un proceso indoloro, porque cuando hice todas esas cosas con ellas ya eran padrastros, tiras de piel muerta, pellejos.

 

Al armar este libro a petición de mi editor me he dado cuenta de que soy incapaz de fabular sobre mi yo actual. Sólo uno de los relatos está ambientado en Zaragoza, y es una Zaragoza onírica, brumosa, nocturna y vista a través de un ventanuco. Zaragoza empieza a aparecer firme, tersa, definida y literariamente “customizada” en mis textos más recientes, los que escribo hoy y verán la luz dentro de unos años. Me ha costado mucho literaturizar el paisaje urbano de esta ciudad porque necesito que las formas y las figuras humanas maceren en mi interior antes de hacer literatura de ellas. Por eso en Malas influencias hay mucho Madrid. Algunos de los relatos fueron pensados y balbuceados por primera vez en las calles de esa ciudad, aunque han crecido y han tomado su forma definitiva en las de esta.

 

Lo mismo me pasa con las personas: necesito que los afectos se enfríen para meterlos en la ficción con honestidad.

 

De todo eso me he dado cuenta al armar Malas influencias. Es decir, que he aprendido mucho más de mí mismo releyendo y corrigiendo que escribiendo. Y eso es porque escribimos –o escribo, igual sólo me pasa a mí- a ciegas. Cuando doy forma a una historia (de ficción, esto no tiene nada que ver con mi trabajo periodístico) no sé realmente lo que quiero decir ni adónde quiero ir a parar. Sigo un impulso y le doy forma. Escribo para aclarar mis ideas confusas y me meto por caminos que no controlo. Sólo mucho después, cuando el artefacto narrativo está limpio y aparentemente terminado, soy capaz de ver a qué respondía ese impulso y qué parte de mí pretendía sacar de la bruma. No lo sabía hasta ahora, lo acabo de descubrir.

 

Qué curioso, ¿no?

 

Una cosa más: es posible que uno de los relatos de Malas influencias tenga una versión teatral a no mucho tardar. No escrita por mí, claro, sino por alguien que entiende de escenarios, actores y acotaciones. Me haría mucha ilusión verlo representado en un teatro algún día.

 

En fin, ya me he quedado a gusto, ya me siento como Almodóvar: os he soltado un rollo sobre algo de lo que no podéis opinar porque falta todavía mucho para que lo tengáis en vuestras manos y podáis decir que es una mierda, un insulto a la inteligencia y un panfleto de un periodistucho que va de escritorzuelo. Pero si los grandes creadores dan la brasa mientras cocinan sus obras (son como Arguiñano: van explicando lo que hacen mientras lo hacen, pero Arguiñano da más que ellos, porque por el mismo precio cuenta chistes verdes y canta boleros), yo, que ya tengo panza y corpachón de divo, no voy a ser menos.

 

Bueno, ya hemos hablado bastante de mí. Ahora contadme algo de vosotros.

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15 comentarios

Gilgamesh -

Lo sabía, lo sabía... Enhorabuena.

Fenrisolo -

Lo de Almodóvar y sus pelis tiene lo suyo, pero la promoción que le han metido a Vicky Cristina Barcelona también se las trae. Desde el momento en que a Woody Allen se le ocurrió grabar en España ha sido un fijo en las secciones de cultura. ¡Qué capacidad de convocatoria tiene ese tío, y qué coñazo 2 años hablando de lo mismo! Aquí no nos metes tu libro, pero leer el artículo sobre tu libro ya merece la pena. Escribe los relatos igual de bien o mejor y te saldrá una obra de arte. Eres un crack.

S. del Molino -

Jeje, gracias. Supongo que no habrá problema para comprarlo en ninguna librería española, pero se venderá también por Internet. Todo a su tiempo.

Anro -

Felicidades es decir poco. Sabía que tarde o temprano se produciría el parto. Tienes ya cuerpo para eso....al menos por lo que se ve en las fotos que publicas.
Espero, porque pienso comprar la "parida" y leerla con el mayor interés, poder comprarla en las islas y no tener que desplazarme a los madriles. Hasta eso no llegaría, querido Sergio.
Mi más sincera enhorabuena.

Anakrix -

¡Qué emoción, Sergio! ¿Y estarás firmando libros el 23 de abril? Je, je... allí que iremos a hacer bulto

Chewi -

Enhorabuena, chato ;)

S. del Molino -

Gracias, gracias, chavales.
Gabriel: el gramaje será papel biblia, que se puede usar para fumar después de la lectura.
Rondabandarra: también habrá mediaslunas de chocolate y sandwiches de Nocilla (Dream).
David: a ver, a ver qué tal sale.
Javivi: Yo creía que tú eras más de Lina Morgan. Dice que la dejaste plantada en el Hostal Royal Manzanares y que iba a enseñarte su nuevo cruce y descruce de piernas.
Enrique: bueno, ya sabes que se puede ser un articulista decente y un creador de ficciones desastroso, y al revés. Yo espero no patinar en mi paseo por la acera de enfrente.

Saludos a todos!

Enrique -

Enhorabuena. Espero poder leerlo pronto e intuyo que, o lo has escrito concienzuda y voluntariamente mal, o, conociendo tu blog y tus artículos de prensa, me gustará mucho. Felicidades y suerte.

Javivi -

Joder, ni que Marina Castaño estuviese tan mal. Tú que tienes contactos, Sergio, conciértame una cita con ella a solas o le diré a todo el mundo el nombre de la editorial.

Severiano -

Muy bien, te felicito por este primer paso muy importante para ti y perfectamente inútil para el resto de la Humanidad. Jaja. No, en serio, leeremos el libro con atención. Al menos con la misma atención con que leemos estas tus notas blogueras.

Un consejo para la arriesgada vida literaria: no olvides nunca que puedes acabar como Cela: ganando el premio Nobel y aspirando agua por vía rectal. Y lo que es peor, en compañía de María Castaño. ¡A ver tu choni, que te tenga bien atao!

David -

Hola Sergio. Con impaciencia, esperaremos a que esas "malas influencias" empiecen a mal-influirnos. Un saludo

Rondabandarra -

¡¡Lo esperamos anhelantes!! Por el alcohol de la presentación, claro.

Gabriel -

Pues mira, yo recién levantado y ya me han cabreado, asi que todo el día de mala hostia.
Por lo demás, bien, gracias. Escuchando a Coltrane, a ver si se endereza la mañana, y luego a preparar una presentacion para esta tarde.
Ah!, lo del libro? bien, esperaré a verlo en las estanterias, y según vea el gramaje de las páginas, me lo compraré

S. del Molino -

La vulva, a lo que se ve, hace mucho que no te la toco. Suéltalo por el bosque, que lo adopte una manada de lobos y descubra la naturaleza, hombre.

María -

Pues por aquí hay un Sergito y no le haces ni puto caso, y ya me estás tocando la vulva, cojonazos.
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