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El Blog de Sergio del Molino

GALERÍA DE EROTISMO OLVIDADO Y SEGUNDÓN: MOLLY PARKER

GALERÍA DE EROTISMO OLVIDADO Y SEGUNDÓN: MOLLY PARKER

Este cuadro de la galería erótica va de interiores. De enclaustramientos, más bien. De lo más hondo de las más profunda y recóndita intimidad. Va de Alma Garrett y de la actriz que la hizo posible: Molly Parker, una delicadísima canadiense nacida en la adusta y fría Columbia Británica en 1972.

 

Dicen que ahora triunfa como una de las protas de Swingtown, la serie sobre intercambios de pareja ambientada en los setenta, pero yo no la he visto todavía. Sólo he disfrutado de unas cuantas fotos promocionales en las que Molly aparece sonriente, pizpireta, grácil y casi inocente. Nada que ver con la atormentada, turbia y negrísima Alma Garrett de Deadwood, que me enamoró sin remedio.

 

Tras una aparición fugaz en A dos metros bajo tierra, donde interpretó a la rabino Ari, una serena y sexy religiosa judía en cuyo cuerpo (prescindiendo de su prescindible aunque morbosa sabiduría talmúdica) Nate quiso frenar su caída a los nueve círculos del infierno, Molly Parker se dio a conocer realmente con su personaje de Alma Garrett en la también serie de culto Deadwood. Qué regalazo le hicieron los directores de ese western postmoderno dándole uno de los papeles más intensos, complejos y contenidos de toda la producción. Era un regalo envenenado, claro, porque si Molly no hubiera estado a la altura, el ridículo consiguiente habría aniquilado su carrera. Pero esta chica canadiense demostró que está hecha de la pasta de las grandes, que pertenece a esa selectísima casta de actrices capaces de acariciar el tuétano del espectador con un solo gesto.

 

Alma Garrett es un personaje que se revela poco a poco, conforme avanza la serie. Empieza siendo una sombra, una anécdota en el relato, una figura de adorno, y acaba ocupando la escena entera. Alma llega a Deadwood, un pueblo sin ley fuera del territorio de Estados Unidos en 1876, un lodazal de putas, matones, liendres y buscadores de oro más allá de la nada, acompañando a su marido, el señor Garrett. Recién casados, jóvenes y adinerados, llegan desde Nueva York siguiendo la llamada del oro y de la aventura del salvaje Oeste. En realidad, es un empeño de su marido, pues ella, rica heredera del Este, no quiere invertir su fortuna en ese lugar perdido. Así que Alma pasa los días encerrada en la habitación del hotel mientras su marido “hace negocios” en el saloon.

 

Como no podía ser de otra forma, el pimpollo Garrett enseguida cae víctima de un timo, y por gilipollas y por urbanita remilgado y marisabidillo, acaba desnucado en el fondo de un barranco. Alma se queda viuda y atrapada en el lugar menos indicado para una señorita bien de Nueva York. Los bandidos que mandan en Deadwood lo saben, y se agazapan para caer sobre ella y su dinero.

 

Y entonces es cuando Molly Parker saca pecho (no sólo metafóricamente) y convierte a la frágil y apocada Alma Garrett en un objeto de deseo irresistible. ¿Cómo decirlo sutilmente? Utilizaré un eufemismo: Alma Garrett me pone verraquísimo, bruto, encendido, enhiesto. Quién fuera sheriff, pienso todo el rato, para dejar tirados en el suelo de su alcoba los calzones marianos.

 

Alma se encomienda a la protección de Seth Bullock, primer sheriff de ese pueblo sin ley, y jugando con sutileza sus cartas no sólo sobrevive en ese culo del mundo, sino que acaba erigiéndose como un pequeño pero firme contrapoder a la tiranía mafiosa de Al Swearengen, un malo shakespeariano (de turbio origen inglés, obviamente) gloriosamente interpretado por Ian McShane.

 

Pero su proyección pública y sus maquinaciones no nos interesan. Eso no la hace deseable. Donde Alma nos pone cachondos de verdad es en la soledad de su habitación del hotel, que se va blindando como una fortaleza acolchada y perfumada. De perfumes artificiales propios de una dama de la buena sociedad, pero también de perfumes naturales emanados de su cuerpo, por su sudor, su angustia, su ropa sin cambiar y sus colocones de opiáceos. Porque Alma es una adicta a los sagrados elixires de los bohemios del XIX.

 

En el éxtasis de la adicción, Alma se retuerce amodorrada en la cama. Con muy parcos y medidos gestos, con unas leves torsiones de tronco y brazos, Molly Parker templa nuestros puntos erógenos. Arquea el lomo, entrecierra los ojos, echa la cabeza hacia atrás. Nos pone brutísimos. Y sus “monos” son sólo para mayores de 18 años: cuando intenta dejar las drogas pasa semanas enteras desquiciada, rota de abstinencia en la cama, empapada de un sudor helado.

 

Pero también me gusta sobria. Me gusta su seriedad, su luto fingido, su gesto altivo, las miradas con las que marca distancias de clase con sus lacayos, su porte victoriano y perverso, la fusta imaginaria con la que atiza a todos los que se acercan demasiado.

 

Basculando siempre entre lo sórdido y los sublime, entre la pornografía más zafia y el refinamiento más casto, Molly Parker construye un personaje dual, contradictorio y profundísimo, a ratos ramera desbocada con furor uterino, a ratos dama asexuada; a ratos frágil y amable, necesitada de protección, y a ratos cruel e implacable como una bruja, pero siempre dejando claro que la cara que vemos no es nunca la verdadera.

 

El western no ha dejado muchos personajes femeninos memorables, la verdad. El arquetipo se ha cebado con ellos, y hubo que esperar a los años 60 y 70 para que la galería plana y previsible de putas chispeantes, madamas sabias y damas narigudas diera paso a personajes de verdad, sutiles y humanos. Creo que Alma Garrett está claramente emparentada con la ensimismada y cabizbaja Claudia Cardinale de Hasta que llegó su hora, el testamento artístico indiscutible de mi amado-odiado tocayo Sergio Leone. Ambas van creciendo en la trama de la misma forma y aparentan una pasividad falsa que acaba moldeando su entorno.

 

No son mujeres fatales, son mujeres que retuercen y dan la vuelta a la fatalidad, leonas que no se dejan amedrentar en la selva. Heroínas de interiores y silencios.

La galería completa del erotismo olvidado (o no) y segundón:

Erotismo olvidado y segundón 1: Jenny Agutter

Erotismo olvidado y segundón 2: Rossana Arquette

Erotismo olvidado y segundón 3: Alida Valli

Erotismo olvidado y segundón 4: Shirley MacLaine

Erotismo no olvidado y segundón 5: Mena Suvari

Erotismo no olvidado y segundón 6: Tania Raymonde

Erotismo olvidado y segundón 7: Janine Turner

Erotismo no olvidado y segundón 8: Tina Fey

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2 comentarios

El futurible ingeniero -

Pues la tienes en alguna web un tanto alegal ripeada del dvd en español. Asi que también estará en tiendas....

Anakrix -

La rabina Ari!!! Nunca la habría relacionado con la maravillosa Alma. Y por cierto, ¿alguien sabe cuándo van a sacar en DVD la tercera temporada de Deadwood?
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