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El Blog de Sergio del Molino

GENTE DE OTRO PLANETA (2)

GENTE DE OTRO PLANETA (2)

Mis años de estudiante en la Complu me dieron pocas alegrías pedagógicas, pero las pocas que tuve fueron muy gratificantes e intensas. Me acordé de una de ellas durante la cena de entrega del Planeta, entre plato y plato. A través de unas pantallas gigantes, se proyectaban frases de todos los libros ganadores desde 1952 hasta aquí, y en una de ellas, un nombre familiar me asaltó la retina: Marta Portal, premio Planeta 1966.

¡Marta Portal! Es cierto, fue premio Planeta, recordé, aunque ese dato lo descubrimos nosotros, ya que ella no lo mencionaba nunca. No por inmodestia, sino porque no tocaba. Marta Portal fue mi profesora de Literatura Hispanoamericana en la Complutense y sus clases afianzaron en mi una latente misantropía que he aprendido a llevar con humor. No fue ella, por supuesto, sino sus alumnos, los que me hicieron misántropo.

Sé que lo habitual es comentar estas cosas cuando el personaje referido muere, y Marta Portal, hasta donde yo sé, sigue viva, así que si lee esto espero que no lo sienta como una prenecrológica ni nada parecido. Sería tristísimo.

Cuando me dio clases, Marta Portal era una mujer ya muy mayor, que había rebasado la edad de jubilación y seguía en la docencia por puro placer y vocación. A los cinco minutos de escucharla te dabas cuenta de que era una sabia, una asturiana ilustrada, cultísima, que había vivido varios años en Colombia y lo sabía todo sobre la literatura de aquel país. Le gustaba hablar de obras concretas, más que de autores o tendencias, y peroraba con una erudición de maestra antigua. No de profesora rígida de la lista de los reyes godos, sino con la antigüedad clásica que yo me imaginaba que tenía la Institución Libre de Ensañanza o las representaciones de La Barraca de Lorca. Era muy placentero, y yo, que era de pisar poco la facultad, no me perdía una clase.

Descubrí que había ganado el Planeta en 1966 con una novela olvidadísima titulada A tientas y a ciegas. La leí en un par de tardes en la biblioteca y recuerdo que me gustó. Tenía el aire opresor y desesperante del realismo franquista, sonaba a Laforet, a claustrofobia, a las hermanas Brontë, a soledad. Era una novela sobre una mujer sola, joven, desquiciada, rota por dentro e incapaz de recomponerse. Era triste. Me gustó, pero quiero volver a leerla porque no recuerdo si era buena de verdad o eran mis ojos. La compraré en Iberlibro y os comentaré qué tal la experiencia de la relectura.

Seguí yendo a sus clases y disfrutándolas, pero cada nueva sesión tenía más ganas de asesinar. Marta Portal había perdido mucha audición y varios problemas graves de salud le habían afectado al habla. Nada que le impidiera ejercer la docencia. Con guardar silencio y prestar atención se entendía perfectamente todo su discurso. Pero una panda creciente de desustanciados no lo veía así, y se descojonaban como críos. Eran tipos y tipas hechos y derechos, universitarios veinteañeros a los que nadie obligaba a estar allí, pero que se comportaban como escolares de Amarcord. No se cortaban un pelo, imitaban los defectos de su habla, se partían la caja torácica cuando pronunciaba mal o con dificultad el nombre de algún autor, armaban unos pollos infames. Yo intentaba fulminarles con la mirada, pero las miradas no tienen capacidad de fulminar. Ni se daban cuenta. Para esos tipos, quién sabe si futuros ministros de Cultura de este país o jefes de informativos de TVE, aquellas tardes eran una juerga, una oportunidad para reírse de la vieja pelleja. Les hubiera matado. Como decía mi amigo Ángel: "Te los cargas, y esa noche duermes en Carabanchel, pero a gusto, descansado".

De verdad que por más vueltas que le daba no entendía lo de aquellos zotes. Yo consideraba un privilegio poder aprender algo de Marta Portal, y le estaba agradecido a los esfuerzos que hacía cada tarde hablándonos de literatura hispanoamericana, de esos libros y de esos autores que ella conocía mejor que a sí misma, pero debíamos ser muy pocos en aquel aula los que pensábamos así. La tónica era la del botellón, y yo sentía mucha vergüenza. Vergüenza por ellos, por Marta Portal y por mí, por ser asimilado a esos trogloditas piojosos, por que la sociedad me confundiera con ellos y yo apenas pudiera excusarme. Qué asco más grande.

No sé si Marta Portal se daba cuenta o no. Supongo que hacía esfuerzos por ignorarlo. Quiero creer que era lo bastante fuerte como para seguir hablando para los que queríamos escucharla. Y nunca se lo agradeceré lo bastante.

Me hubiera gustado poder decírselo, poder agradecérselo de viva voz, pero se puso muy enferma poco antes de finalizar el curso y ya no volví a saber de ella. Lo digo ahora, varios años después, y a través de este blog. Muchas gracias, Marta.

Y así es como conocí a la ganadora del premio Planeta de 1966.

Foto: Marta Portal en los años 60, cuando ganó el Planeta.

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4 comentarios

magui -

Hace un tiempo, y gracias al movimiento del crossbooking, cayeron en mis manos dos premios Planeta ya entrados en la cuarentena. Eran la edición antigua de tapas duras y granates, letras doradas y desnudez en la portada, desprovista de dibujos u otras florituras. Uno de estos ejemplares era el "A tientas y a ciegas" (1966), de Marta Portal Nicolás. La verdad es que lo leí y no me gustó mucho, me pareció una novelilla rosa en la que una esposa frustrada se acababa enamorando de su profe de Lingüística... como que me da pereza una segunda lectura.

El otro era "Con la noche a cuestas" (1968), de Manuel Ferrand, pero ahí sigue en una estantería, esperando a que lo lea, para volver a ser abandonado de nuevo, para volver a caer en otras manos, en otros ojos.

De todos modos, qué infantilismo improductivo la de esos compañeros. Pudiendo estar jugando al guiñote en la cafetería o haciendo mil y una cosas fuera de las aulas, por lo visto tenían ganas de tocar los cataplines un rato, a la profesora y a los interesados en su discurso.

Por otra parte, en todos lados hay gente absurda y toca-pelotas.

Un saludo.

David -

Estoy de acuerdo contigo, Sergio. En lo de que te entren ganas de matar en situaciones así, digo. Un bonito homenaje a Marta Portal.

Gracias por compartir esas cosas.

laura zaferson -

¡qué lindo homenaje!

Javier López Clemente -

Me temo que la tribu de la charleta impertinente no desaparecerá, al contrario, va en aumento. Ocurre en cualquier evento y cada vez con más frecuencia. Tendremos que seguir el consejo de tu amigo y pasar de las miradas a las espadas.
¡¡Y Viva Carabanchel!!
(Creo que cerraron la cárcel ¿no?)
Salu2 Córneos.
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