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El Blog de Sergio del Molino

DANIEL MOYANO

DANIEL MOYANO

Soy un tipo suertudo. Tengo en mis manos un tesoro: las novelas y cuentos sin reeditar de Daniel Moyano, que su hijo Ricardo me ha enviado por e-mail. Unas joyas casi inencontrables. Le he dado a imprimir, he fundido un paquetón de 500 folios y me dispongo a disfrutar las próximas semanas con calma morosa. He escrito un reportaje sobre Daniel Moyano en Heraldo. Aquí os lo pego, por si os apetece leerlo:

Julio Cortázar dijo de uno de sus libros: "Es la novela que me habría gustado escribir a mi"; el poeta Juan Gelman proclamó que su obra era "música escrita con palabras", y Augusto Roa Bastos celebró su estilo como el más pulcro y medido de la lengua española. Fue querido y admirado por los más grandes escritores de la generación del 'boom' latinoamericano, pero murió sin pena ni gloria en Madrid, en un exilio de su Argentina natal (prolongado voluntariamente), muy lejos de los fastos de la farándula literaria. Hoy, sus agotadísimas novelas y cuentos son rarezas, objetos de deseo de cuatro impenitentes y apasionados lectores.

Daniel Moyano (Buenos Aires, 1930-Madrid, 1992), nombre de culto arrumbado en los desvanes de la historia literaria, pronto dejará atrás su ingrato olvido. La editorial aragonesa Tropo reeditará en noviembre uno de los libros más queridos por su menguada corte de fanáticos, "El trino del diablo", con prólogo de Mario Benedetti, y un congreso de hispanistas que se celebrará a partir del 21 de octubre en la ciudad francesa de Poitiers pondrá al día todo lo que se sabe sobre su vida y su obra en un homenaje que conmemora los cuarenta años de la edición de una de sus novelas mayores, "El oscuro".

En realidad, esa obra no debería haberse llamado "El oscuro". El título original era "El coronel oscuro", y como tal presentó el manuscrito al primer premio de la editorial Sudamericana, convocado en 1968. Y así lo ganó. Pero uno de los miembros del jurado, de nombre Gabriel García Márquez, puso una condición inexcusable para otorgar el premio a Moyano: que quitara la palabra "coronel" del título.

Entre bromas y veras

Así lo recuerda hoy su hijo, el músico Ricardo Moyano: "El jurado estaba compuesto por Augusto Roa Bastos, Leopoldo Marechal y Gabriel García Márquez. Roa Bastos se inhibió en la votación porque ya conocía a mi padre y reconoció su estilo, pero sus dos compañeros coincidieron con él en que era la mejor novela de todas las presentadas, y le dieron el premio. Sin embargo, cuando mi padre fue a Buenos Aires a recogerlo, una noche, entre bromas y veras, García Márquez le dijo que tenía que quitar la palabra 'coronel', porque los coroneles literarios eran propiedad suya (por 'El coronel no tiene quien le escriba'). Entonces, Gabo todavía no era el gran Gabo, pero ya imponía, y mi padre le hizo caso. Hubo presión, pero la verdad es que, estéticamente, 'El oscuro' es un título mucho mejor. En realidad, le hizo un favor".

A Ricardo todavía le tiembla la voz cuando evoca a su padre, y la rabia asoma cuando ahonda en el olvido injusto que vive su obra: "Mirá vos si es normal que 'El trino del diablo' se pueda leer en turco, en francés y en inglés, pero sea inencontrable en español, la lengua en que fue escrito". Así era hasta ahora, cuando está a punto de ver la luz en una cuidada edición zaragozana con portada del prestigioso ilustrador Óscar Sanmartín.

Por edad, Moyano podría haberse integrado en la parte más joven de la llamada generación del 'boom' latinoamericano, comandada por Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Fuentes y otros. De hecho, fue leído y admirado por casi todos ellos, cuyas casas frecuentó en Buenos Aires, Madrid y París, pero todo se le puso en contra.

Con "El oscuro", en 1968, parecía que su carrera literaria echaba a andar al fin por sendas internacionales, después de ocho años de publicar cuentos y de labrarse un discreto nombre en los cenáculos argentinos. Se instaló en Buenos Aires y obtuvo cierto reconocimiento con sus obras posteriores, "El estuche del cocodrilo" y la que ahora se reedita, "El trino del diablo". Esta última, aparecida por primera vez en 1974, tiene cierto aire de presagio de lo que estaba a punto de pasar en el Cono Sur, con el golpe de Estado que se produciría en Argentina en 1976.

Recomendaciones


La dictadura militar le lanzó al exilio, justo cuando empezaba a afianzar su carrera y accedía a una cierta seguridad económica. "Ernesto Sábato le escribió una carta de recomendación para los editores españoles -recuerda su hijo-, y Cortázar le mandó otra desde París. Pero de nada sirvieron".

Perdido en el Madrid posfranquista de 1976, sin apenas dinero y con una familia que alimentar, Moyano se convirtió en uno más de los muchos intelectuales argentinos que malvivían su exilio en la capital de España, intentando sin éxito retomar su vida donde la dejaron. Algunos, como los actores Héctor Alterio y Cristina Rota o el cineasta Rodolfo Aristarain, acabaron triunfando en su nueva patria. Moyano, no.

"Los amigos de mi padre en España eran escritores que estaban fuera de los círculos comerciales, nombres de culto y minoritarios, como Rosa Chacel. Nunca le gustó frecuentar los ambientes de la farándula ni se hacía el simpático con gente que no le caía bien. Estaba convencido de que si el trabajo de uno valía la pena, tenía que ser apreciado por sí mismo, sin maquillajes ni hipocresías sociales. Por lo visto, se equivocaba", lamenta Ricardo.

Sus originales fueron rechazados una y otra vez en España, mientras se acumulaban las traducciones de su obra al francés y al inglés. De hecho, el grueso de sus fans está en Francia, donde algunas de sus novelas han figurado en el plan de lecturas obligatorias de varias universidades. La muerte le alcanzó en 1992, dejando inédito un relato revelador, amargo y autobiográfico titulado "El sudaca en la corte". Con el congreso de Poitiers y el trabajo de la editorial aragonesa Tropo, sus incondicionales quieren que Moyano ocupe al fin el lugar que merece.

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