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El Blog de Sergio del Molino

ESPECULACIONES LASCIVAS

ESPECULACIONES LASCIVAS

Lo pasamos bien ayer en Alagón y en las Zaragozas con Isaac Rosa hablando de todos sus (exitosos) libros. Se ha terminado de rodar la peli sobre El vano ayer, que supongo que se estrenará en 2009, y El país del miedo ya va por la segunda edición. Para que luego digan que no se lee en España. En la foto, como se puede ver, parezco dormitar cual diputado en sesión plenaria, pero eso es cosa del fotógrafo, que me cogió a traición. La cosa estuvo entretenida, de verdad.

A los asistentes a Alagón les solté un rollo seudopoético sobre la fragilidad de las palabras y sobre la capacidad de la literatura de trascender el discurso explícito de los historiadores. Creo que me salí de madre un poco. Meé fuera de tiesto y dejé el suelo pringado, porque la gente de la sala estaba por cosas concretas, por el auto de Garzón y concreciones prosaicas varias.

-Me parece que mis chorreces han estado fuera de lugar -le dije a Javier Rodrigo cuando volvíamos a Zaragoza.
-¡Qué va! Para eso te he traído al congreso. A mi cuando más me gustas es cuando te pones especulativo -me respondió.

A mi eso me sonó a lascivia arrabalera, la verdad. Como si me quisieran mordisquear los pezones. Seguro que a Hegel sus amantes le decían lo mismo: "¡Oh, sí, Hegelín, me gusta cuando trasciendes la dialéctica clásica, cómo me pones!".

"¡No te pongas estupendo, Latino!", le decía Max Estrella a Latino en Luces de bohemia (¿o se lo decía Latino a Max?). A mi hay que decirme que no me ponga especulativo. Porque tengo una tendencia espantosa a ello. Lo concreto se me escurre entre las manos. No me pidas que ponga una lavadora: pídeme que especule sobre si es mejor lavar a mano o a máquina. Será por eso que de los viajes me gusta mucho el trayecto, las carreteras secundarias y los rincones discretos donde no se amontona el gentío. También me gusta proyectar libros, artículos y cuentos, pero escribirlos me da más pereza.

Y quizá por eso también soy despreocupado y feliciano. La última novela de Isaac Rosa, El país del miedo, habla de eso, del miedo. Habla de la clase media suburbana, obsesionada con la seguridad, atrincherada en sus residencias, en lo mullido de sus salones y temerosa de todo lo que queda más allá del portal. Gente miedosa que reacciona con miedo y acaba desencadenando desastres. En el libro hay un catálogo completísimo de miedos cotidianos que me consta que angustian a mucha gente, pero en los que yo no encuentro ninguna empatía. "Isaac -le dije-, de lo que me he dado cuenta leyendo tu libro es de que soy un tipo sumamente inconsciente, que va por la calle sin temor a ser atracado, que duerme sin pensar en asaltadores nocturnos, que se mete en las multitudes sin miedo a ser aplastado por ellas, que se monta en un avión y duerme cual marmota feliz... Igual tengo atrofiada la glándula del miedo, pero no siento ninguna amenaza". "Afortunado tú", me respondió, creo que sin creerme del todo.

En Cálamo volví a ponerme especulativo, para gozo perruno de Javier Rodrigo, e improvisé una milonga sobre El Mago de Oz, que es una peli que me gusta mucho y que ligué con el libro de Isaac, ya que la ilustración de portada es una foto de la bruja mala del Este. El Mago de Oz es una fantástica fábula sobre el miedo. Sobre el miedo que nos da lo que no conocemos, lo que está más allá de la cerca de madera de nuestra granja de mierda de Kansas. Dorothy prefiere volver a Kansas antes que quedarse en un mundo maravilloso que le exige un esfuerzo de comprensión y una capacidad de asombro. Yo me quedaría en Oz sin dudarlo, siempre pensé que Dorothy es una pánfila que merece pudrirse en su granja de mierda de Kansas. Pero el mundo está lleno de Dorothys. Dorothys que no viajan por miedo a lo extraño, que no se van de Erasmus por miedo a los idiomas, que no ligan con desconocidos por miedo a los desconocidos, que no dejarán a su mujer por la niñera adolescente de grandes pechos aunque nada deseen más en el mundo que fugarse con ella, que nunca harán nada que merezca la pena por miedo a hacer cosas que merezcan la pena. Porque las cosas que merecen la pena generalmente están más allá de la puerta de tu casa. El Mago de Oz, como Las uvas de la ira, es un producto cultural de la Gran Depresión, de los ingratos años 30, cuando Estados Unidos pensaba que el mundo llegaba a su fin. Las crisis siempre traen grandes relatos sobre el miedo.

En el encuentro de Alagón estaba también el Drogas, de Barricada, que está preparando un disco conceptual sobre la Guerra Civil. Sí, sí, va en serio. Se ha documentado una barbaridad y la cosa promete. Por supuesto, le confesé mi más rendida admiración, que escucho su música desde que era un piojo que no sabía casi ni andar, que habré estado en 15 o 20 conciertos suyos y que me parece de lo más grande, honesto y personal que ha dado el rock en castellano. No era peloterismo, lo pienso de verdad, y tengo pendiente escribir un post al respecto. Además, Barricada va a tener la suerte que en su día tuvieron Hitchcock y Ford: que van a ser reivindicados por la generación de intelectuales posterior a ellos. Hitchcock y Ford eran unos apestosos para la cinefilia de su época, pero la gente de Cahiers du Cinéma, que había crecido con sus pelis, se esforzó por demostrar que eran de lo más grande que le había pasado al cine, que su vocación popular no estaba reñida con su hondura artística. Con Barricada va a pasar lo mismo: me he encontrado con muchos intelectualillos o seudointelectualillos de mi edad con los que comparto muchas cosas, y todos coincidimos en que la música de Barricada ha sido fundamental para nuestra generación. Así que no os extrañéis si dentro de poco empiezan a aparecer ensayos y novelas donde las canciones de Pasión por el ruido (dios, ese título ya es por sí solo un monumento y una declaración de intenciones, casi un manifiesto ruidista), de Rojo, de No sé qué hacer contigo y de Por instinto adquieran una nueva dimensión. Al tiempo.

El Drogas, que hace mucho que no toma ningún tipo de droga y que hasta rechazó el vinito que se sirvió en la presentación, es un tipo estupendo. Timidísimo, humilde, buen conversador, campechano y cordial, con el que se puede hablar de cualquier cosa. Nada de rockero autodestructivo: su máxima preocupación era que su hija había sacado un 3,5 en matemáticas, y eso le llevaba por la calle de la amargura. Para él, el rock es su oficio, un oficio pasional y vocacional, pero que se toma muy en serio: ensayan a diario con horarios fijos y tienen una disciplina casi espartana. Se nota en sus discos y en sus directos. Nunca les he visto dar un mal paso en un concierto, siempre han estado al 100%, muy profesionales y renovando cada año su espectáculo, con nuevas versiones de temas clásicos y cuidando al milímetro su sobria puesta en escena. Fue un placer charlar con él, la verdad.

¿Qué queréis saber, si Javier Rodrigo se puso tan cachondo con mis especulaciones como para llevarme a la cama? Pues no lo confesaré, que soy un caballero, y lo que pasa en la alcoba de un caballero, entre las sábanas se queda.

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3 comentarios

Fer -

Muy bien tu presentación de Isaac Rosa en la Cálamo. Interesante las referencias que hiciste a otros autores, por ejemplo a la inglesa Zadie Smith (me imagino que estabas pensando en 'Dientes blancos'). A mí me vino a la cabeza, como ejemplo de novela sobre el horror apacible de la vida cotidiana en un barrio "residencial", la última novela de la también inglesa Rachel Cusk, 'Arlington Park'.

Javivi -

Me voy a hacer yo un blog para contar lo cochinote que eres, mio caro.

Chewi -

Supongo que ya lo sabrás pero hay quien dice que El mago de Oz es una alegoría sobre la depresión económica en EEUU. Con el camino de baldosas amarillas que simbolizaba el patrón oro y los campesinos (espantapájaros), trabajadores del sector secundario (hombre de hojalata), los ideales americanos (Dorita) y algún político (de cuyo nombre no puedo acordarme) como león, recorriéndolo para reunirse con el presidente del país, el mago.

Besos, muchos, muchos besos ;)
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