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El Blog de Sergio del Molino

TAMBIÉN ME GUSTA MOZART

Los Judas Priest vuelven a pasar por Zaragoza en su gira mundial. Y por la plaza de toros, como ya hicieron en 2005. Entonces escribí una previa en el suplemento MVT de Heraldo que me costó varias amenazas de muerte. No gustó a los heavies, y me encorrieron a gorrazos. Con la excusa la recupero, para que puedan reeditar ellos también las amenazas filoeterras con las que me agraciaron la otra vez:

Los Judas Priest entran a matar

Qué mejor escenario que la plaza de toros de Zaragoza para que Judas Priest desplieguen su cuero, sus tachuelas y sus decibelios. Al fin y al cabo, desde una perspectiva ‘kitsch’, poco tiene que envidiarle el traje de luces de un torero a la indumentaria que se marcaba el bueno de Rob Halford en sus tiempos de icono sadomasoquista.

Los Judas (pronúnciese con jota, a la española, o ningún heavy sabrá de qué grupo habla) visitarán el coso taurino de la capital aragonesa el próximo 16 de abril. Zaragoza será una de las cuatro etapas confirmadas de su gira española, que pasará también por La Coruña, Madrid y Barcelona. Parece que se afianza la voluntad municipal de integrar a la ciudad en los circuitos internacionales.

La banda que veremos en abril es toda una leyenda del heavy metal que siempre se ha movido en esa finísima línea que separa lo épico de lo grotesco. Su estética excesiva y su sonido afilado e irritante, que acentúa los agudos hasta el borde de la ruptura de tímpano, marcaron, para bien o para mal, una época del rock mundial.

Actualmente, son más bien un ejemplo de supervivencia y de cómo una buena estrategia de márketing puede levantar un grupo que se había hundido en sus propias miasmas. Judas Priest nacieron a mediados de los 70 en la Inglaterra pre-tatcheriana poblada por una juventud fascinada por el punk. Y precisamente su éxito en aquellos años se lo deben a que supieron aunar en su sonido la rabia y la visceralidad de los Sex Pistols con las estructuras hard-rockeras más convencionales. Puede decirse que ellos fundaron eso que se llama heavy metal. La histriónica agresividad del cantante Rob Halford, inimitable en los agudos, terminó por encumbrarles en el imperio del rock más duro.

Pero, en plena cresta de la ola, a mediados de los 90, después de editar el que para muchos es su mejor disco, “Painkiller”, Rob Halford anunció su marcha, aduciendo cansancio y desmotivación. El cataclismo en el mundo metalero fue inenarrable. ¿Cómo iban a seguir los Judas sin Halford? Pero siguieron. Tras un ‘cásting’, contrataron en 2000 a un fan anónimo imitador de Rob, un tal Ripper Owens, y sacaron cuatro álbumes que decepcionaron a la parroquia. A Halford, que aprovechó la nueva etapa para proclamar su homosexualidad, tampoco le fue nada bien con sus discos en solitario. Así que, pasado un tiempo, y como la pela es la pela, Halford volvió al redil y sus fieles, ya creciditos y con hipoteca, lo celebraron desempolvando la chupa de cuero. En primavera, saltarán al ruedo zaragozano con su tralla de siempre (que, por cierto, ha sido reciente y lujosamente reeditada en cedé).

No se publicó casi ninguna de las indignadas cartas que provocó mi sobradete artículo. Unas porque sólo eran una retahíla de insultos, otras porque constituían directamente un delito de amenazas y las demás, porque transgredían en tres frases todas las normas de ortografía y gramática vigentes en la lengua castellana, si era esa la lengua en la que se suponía que estaban redactadas. Aquí os pego una de las que se publicaron, y está corregida por los redactores de Opinión del periódico:

El viernes 28 de enero, HERALDO publicó una información, a mi entender bastante parcial y excesivamente crítica, sobre el grupo musical Judas Priest. Me sentí ofendido por ciertas alusiones como “desde una perspectiva ‘kitsch’, poco tiene que envidiarle el traje de luces de un torero a la indumentaria que se marcaba el bueno de Rob Halford en sus tiempos...”, “Los judas (pronúnciese con jota, a la española, o ningún heavy sabrá de que grupo habla)”, “Su estética excesiva y su sonido afilado e irritante...”.

Todas esas frases nos hacen parecer a sus seguidores como unos zoquetes, y difiero de tal opinión, porque no me considero idiota por oír heavy. También me gusta Mozart, y no me siento superior por oír música clásica. El suplemento cultural “Muévete”, que publican los viernes, me gusta, pero me irritó este artículo.

Desde el heavy mozo que fui, puedo decir que siempre me ha fascinado que los heavies saquen siempre a pasear su pasión por Mozart, Bach y Beethoven cuando se sienten injuriados, cosa que suele suceder muy a menudo. Aquí va un fragmento de una peli de culto, This is Spinal Tap?, la gran parodia del mundo heavy:

 

Por cierto, este viernes retomo la costumbre de publicar columnas de opinión en el suplemento MVT, pero no sé por cuánto tiempo. Quizá esta sea la primera y la última de la temporada. Seguiremos informando.

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2 comentarios

S. del Molino -

¡Qué va! Si los heavies no son nada cañeros. De mi época heavy me ha quedado el gusto por lo moñas y el sentimentalismo barato, jajajajaja.

Chewi -

A ti lo que te pasa es que de la época heavy te ha quedado un gusto especial por la caña. Y tenías ganas de volver a recibir. Yo voy abriendo el paraguas para cuando empiece a llover...

Besos ;)
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