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El Blog de Sergio del Molino

DEMOCRACIA MUNICIPAL

Charlo con Ferran Gallego, ilustre historiador barcelonés que acaba de publicar El mito de la Transición (Crítica), y me hace una observación tremendamente acertada: "Uno de los mayores beneficios de la democracia ha sido la democratización de los ayuntamientos. Así como las autonomías han generado muchos neocaciquismos, los ayuntamientos democráticos le han cambiado la cara a España. Antes, los alcaldes estaban de adorno, sólo tenían que esperar a que el gobernador civil los ratificase o los cesase, no tenían que rendirle cuentas a nadie. En consecuencia, no hacían nada. La democracia les ha obligado a ser creativos para aspirar a la reelección, les ha obligado a hacer muchos proyectos para no ser castigados en las urnas, y eso le ha dado un cambio brutal a muchas ciudades españolas. Tú no sabes lo que era pasar hace treinta años por Zaragoza, por Bilbao o por Valencia. Eran sitios espantosos, donde daban ganas de pasar de largo. Ahora, hasta sitios tan alejados de los centros culturales del país, como Zamora, Gerona, León, Jaén o hasta Soria, son ciudades muy agradables, con mucha oferta de ocio y cultural, con mucha vida. Ahora sí que da gusto viajar por España, y se lo debemos en buena parte a esos ayuntamientos que se han visto obligados a currárselo".

Es cierto. Aunque a veces lo consigan tirando de sueños faraónicos y aunque muchas veces acaben convertidos en covachas de corruptelas urbanísticas, la política de base de los ayuntamientos le ha dado un lavado de cara impresionante al país. Hablamos mucho del milagro económico español, de estos años de crecimiento casi a lo bestia, pero es cierto que -con notorias excepciones-, los ayuntamientos han sabido gestionar muy bien esa bonanza y construir unas ciudades dignas de ser vividas. La verdadera descentralización de España no ha venido por las autonomías, sino por unos ayuntamientos que han sabido crear focos culturales alternativos a Madrid y Barcelona. Y si no alternativos, al menos con el suficiente empuje como para que no echemos de menos demasiadas cosas que se encuentran en Madrid y Barcelona. Cierto que a Zaragoza le queda mucho pelo de dehesa por desbrozarse. Muchísimo. Pero cuando miro lo que era esta ciudad hace diez años y lo que es ahora veo dos ciudades distintas. Y la que veo ahora, le pese a quien le pese, me gusta mucho más.

Y la verdad es que me jode que los ayuntamientos salgan tan mal parados en las noticias y en la imagen pública del ciudadano. Es el nivel más bajo de la administración, el que más contacto directo tiene con los administrados, y por eso es lógico que sea objeto de más cabreos y odios. Pero os puedo asegurar -y hablo con mucho conocimiento de causa- que el verdadero mamoneo, la verdadera corrupción, la buena-buena de verdad, la que recuerda a los manejos caciquiles de otros siglos, está en las autonomías. No digo que los ayuntamientos estén libres de sarna, pero lo de algunas autonomías es el cachondeo padre. Aunque pase desapercibido. Los ayuntamientos, siempre que no estén en una costa turística y gobernados por constructores, son bastante limpios, porque sus actuaciones están mucho más vigiladas por los ciudadanos.

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