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El Blog de Sergio del Molino

JUAN EL SOBADO

JUAN EL SOBADO

Si estampar mi firma en Zona de Obras ya ha sido todo un privilegio que ennoblece mi plebeyo nombre, que ahora vengan y utilicen unas frasecillas mías para adornar el dossier que han hecho sobre cultura danesa en el número que acaba de salir a la calle ya es para tener el ego obeso. El año pasado me mandaron a cubrir el Spot Festival en Arhus, Dinamarca, y desde allí escribí este post. Este año volvieron a invitarme, pero las fechas no cuadraron bien y me quedé sin la escapada vikinga. Una lástima, porque Dinamarca es el típico país que nunca está en mi lista de destinos apetecibles, pero guardo un recuerdo maravilloso de aquel viaje y no me importaría repetirlo.

Zona de Obras, ese lujo cultural que se hace en Zaragoza para toda América Latina, saca su número 53, consolidando cada vez más el formato grande (estuvo muchos años tirando en formato cuadrado) y afianzándose como cabecera de referencia en el mundo de las tendencias. Cuesta casi 8 euros, pero te llevas a casa una carretilla de papel maché (más de 200 páginas con letra preta), un DVD y dos CD. Uno de los CD está editado por el Spot Festival y da un repaso a lo que están haciendo ahora los rockeros daneses. El CD y el DVD están dedicados a San Salvador, ciudad que también protagoniza un amplio dossier.

Entre los grupos salvadoreños que aparecen en el DVD se menciona La Pepa, una banda de hardcore metal algo pasado de revoluciones que tiene una de las canciones que más gustan a los jóvenes modernos de Sívar (que es como se llama popularmente a la ciudad): Juan el Sobado. No he encontrado la letra en Internet, pero podéis escuchar un podcast que la contiene aquí). Juan el Sobado, héroe de la chavalería radicalosa, es un mangui "bien chingón", como dice la letra, que pasea su fardona verga por todas las vaginas del barrio y hace y deshace lo que le sale de ahí a lo largo de la ciudad. El narrador del documental dice que define muy bien el carácter de San Salvador, y yo respondo que tururú. Juan el Sobado es la última variante de un tema urbano, un arquetipo universal de la narrativa de todas las ciudades abarrotadas y conflictivas.

Este Juan el Sobado es el Jimmy Jazz de The Clash, el macarra de ceñido pantalón de Pulgarcito cantado por Sabina, el que hizo en los billares la primera comunión de Leño, el Maky Cuchillo de Brecht, Sinatra, Morrison e Ivá y el Billy el Niño de Peckinpah. Es ese individualista violento, sentimental, duro, de mirada centelleante y navaja rápida. Es el más chulo del barrio, es James Dean, es el que armaba gresca en la calle sin razón, sólo por saltarse las normas. Juan el Sobado no es un endemismo salvadoreño. Juan el Sobado pertenece a todas las ciudades y a ninguna. Está en todos los barrios, en la cabeza de todos los chavales que crecen apiñados en un entorno duro, ruidoso y sin más futuro que la cola del paro. Es esa épica de barrio que tanto triunfa en las sociedades donde abunda la chavalería perdida, puteada y vigilada por la policía.

Escuchaba Juan el Sobado y escuchaba el mundo en el que crecí yo mismo, cuando nadie creía ni de coña que este país algún día sería la octava potencia mundial, ni que nos iríamos a recorrer el universo como nuevos ricos. Creo que se perdió aquello. Creo que ya no existen esos futbolines. La música que suena en los institutos de barrio ya no habla de Macky Cuchillo, y me parece bien. Ojalá la música que se escuche en ellos sea muy frívola y plana. Ojalá no hagan falta nunca más héroes acratoides urbanos. Ojalá estos personajes nos despierten sólo simpatía, pero sin enjuagar la rabia que, por lo visto, sigue enjuagando en muchas ciudades del planeta.

Tenía que soltar esto, por eso he hecho un alto en mi encierro monástico, pero mañana sigo con mi disciplina tecleadora. Besos.

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