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El Blog de Sergio del Molino

EN LA ESPAÑA INHÓSPITA

EN LA ESPAÑA INHÓSPITA

"Visitamos los lugares más inhóspitos de la Península", dice el reclamo de Comando Actualidad (el solo nombrecito ya estomaga, suena a dejà vu regurgitado, a periodismo viejuno, rancio y apolillado), un programa de reportajes de esa TVE que hiede un poco más cada día. "Los lugares más inhóspitos de la Península". Como lugares inhóspitos de la Península pienso en un sótano donde se hagan apuestas chinas ilegales, en una herriko taberna en la que entre una andaluza de faralaes cantando Suspiros de España, en el metro de Madrid un lunes a las ocho de la mañana, en unas jornadas de convivencia neocatecumenales o en la mesa de trabajo de un becario de Jiménez Losantos. Pero parece que los osados reporteros de Comando Actualidad y yo disentimos en nuestro concepto de lo inhóspito, porque el reportaje va de pueblitos pequeños y apartados donde nieva y hace mucho frío.

Fíjense si eran inhóspitos esos lugares que un un pueblo gallego que visitaron se encontraron a más gente que en un concierto de La Oreja de Van Gogh. Estaba en el Camino de Santiago, y en un ratito al reportero le pasaron por los morros varios italianos, algunos alemanes y hasta algún señor de La Rioja. Vamos, igualito que el desierto de Arabia. Por supuesto, en todos esos sitios inhóspitos, al reportero le recibieron con los brazos abiertos, y en un pueblo de Teruel le pusieron delante un plato de judías con morro que tenía una pinta estupenda y nada inhóspita.

Se pueden comentar muchas cosas de ese despropósito de reportaje, pero yo prefiero interpretarlo como una muestra mostrenca de un mal que aflige a muchos conciudadanos nuestros y que ya va siendo hora de que salga a la luz: la madrileñitis.

La madrileñitis tiene resabios medievales. Los cartógrafos de la Edad Media ponían una raya delante de Finisterre y escribían la leyenda "a partir de aquí, monstruos". Los afectados de madrileñitis se mueven por la vida con un mapa parecido, pero del metro de Madrid. Todo lo que queda en el blanco de ese esquema de colorines y rayitas entra dentro de la categoría de inhóspito. De ahí que cuando a un reportero de Comando Actualidad le dicen que se tiene que ir a Teruel, se rasque la cabeza, consulte en un atlas dónde cojones se encuentra eso y, asustado por los terribles relatos de bucaneros que ha oído en su infancia, diga: "¡Pero eso es muy inhóspito!".

Los afectados por madrileñitis se sienten más o menos seguros en la más inmediata meseta, pues las viejas leyendas cuentan que sus antepasados se arrastraron desde esos eriales hasta la capital, pero les gusta pasar de largo por ella. Fuera de Madrid, el único sitio donde se encuentran a gusto es en "Levante", territorio mitológico situado al final de "la carretera de Valencia", donde crecen los apartamentos turísticos de una y dos habitaciones y los establecimientos de la cadena Spar donde se puede llenar la nevera portátil de cerveza Mahou.

En su visión de "la piel de Toro" (así la llaman los cretinos) identifican con meridiana claridad el "problema catalán" y el "problema vasco", que ellos arreglarían "en dos patás". Del resto de la ignota Península saben algo de unas mantas de Zamora, una virgen mañica, un pulpo a la gallega y una feria en Sevilla. Jacobinamente -pero no les hablen de los jacobinos, que los confundirán con los sanjacobos-, aglutinan todo ese magma informe peninsular que no es Madrid bajo el genérico "provincias". Según su visión, en esas "provincias" no hay atascos, ni prisas, ni madrugones. La gente va andando a trabajar y vive en una arcadia feliz y preindustrial donde se alimentan de guisos tradicionales preparados por la abuela de fabada Litoral. Envidian a los moradores de esa arcadia, pero hasta cierto punto, porque también saben que en "provincias" falta lo elemental: no hay musicales de la Gran Vía ni domingos en el Bernabéu. Por no hablar de que en "provincias" carecen también de calefacción, agua corriente, sanidad y escuela pública, de ahí que sus habitantes sean de frente chata y entrecejo matojil. Lo decía Buñuel en un documental muy famoso que no han visto, pero que alguien les ha contado.

La madrileñitis es una dolencia difícil de extirpar, una lacra que nos jode especialmente a los que amamos esa ciudad demasiado poblada de cretinos. Pero no sufran por nosotros: los que vivimos en la España inhóspita estamos curtidos ante la adversidad.

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8 comentarios

maga -

Algo de prepotencia sí hay en Madrid, aunque habría que ver si esos paletos de los que hablas son madrileños, porque desde que llegué a la capital de España no paro de tropezarme con gallegos, aragoneses, castellanos, extremeños, andaluces, rumanos, ecuatorianos y un largo etcétera. ¿También ellos son paletos? Convendría precisar un poco, despojarse de tanto tópico manido a propósito de Madrid y de sus habitantes. ¿No será que aquí hay trabajo y eso nos da confianza? Lo dice una maña que, al menos en eso (y en algunas pero importantes cosas más), debe estarle agradecida a los "Madriles".

Ángel -

Esa madrileñitis de la que hablas, bien entendida como paletería y prepotencia sin límites, está presente en muchas grandes ciudades, por desgracia. Aunque ciertamente, aquí en Madrid, hastiado me tienen.

S. del Molino -

Enrique: gracias.

Severiano: no estoy de acuerdo. De hecho, creo que la dependencia del coche es mayor cuanto menor es la población en la que se reside, pero eso daría para otro post curioso.

Luis: a ver, que aquí hay tajo. Para empezar, no me trates de usted, por favor, que me hace sentir viejuno. Yo no malinterpreto nada, porque para eso tendría que interpretar, y lo que hago en este artículo es caricaturizar. ¿Debo explicar en qué consiste una caricatura? Tampoco acuso de nada a nadie (aunque te puedes sentir todo lo aludido que quieras, que la ofensa es libre, y en este país, muy recurrente), pero sí, estoy convencidísimo de que la mayor concentración de paletos por metro cuadrado en España se da en Madrid. Y se lo dice un congénere enamorado de esa ciudad, hijo y nieto de madrileños, que ha vivido en varias ciudades de España y ejerce de zaragozano tan ricamente. Hablo con un profundo conocimiento de causa: los tontacos más tontunos y paletoides de este país crecen en la capital.
Y por supuesto que usted, Luis (lo siento, me obliga a escorarme hacia el tratamiento de respeto, esto parece un casino de pueblo), ha entendido perfectamente el sentido de "inhóspito" en el reportaje de TVE, pero es que la gente de "provincias" somos así de ignorantes y susceptibles, y todo tenemos que retorcerlo.

Severiano -

Ej que también ser puede ser paleto aun siendo del mismo Madrid. El paletismo no ej patrimonio de provincias.

Luis -

Disculpe Sergio, pero de la misma manera que, según usted, se malinterpreta la palabra inhóspito (que por cierto, el resto de seres humanos de este planeta en seguida entendió a qué se refería el reportaje con lo de "inhóspito"), usted está malinterpretando al Madrileño. Que me acusen de paleto por ser de Madrid es lo que me faltaba por oir. Y si de lo que se trata es de corregir a los de Televisión Española, resulta ridículo hacerlo con tamañas barbaridades.

Enrique -

Por desgracia, me temo que lo del coche no es exclusivo del madrileñismo.

Severiano -

Me uno a la laudatio. Añadiría otro rasgo propio del madrileñismo de pro: tomar el coche propio como medida de todas las cosas, siguiendo el lema "No sin mi coche".

Enrique -

¡Muy bueno este post!
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