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El Blog de Sergio del Molino

MAINSTREAM LUXURY

Este domingo hemos estado ayudando a unos amigos en su mudanza de piso. Luego nos han invitado a comer, hemos bebido mucho vino y me he ido a trabajar unas cuantas horas al periódico, donde me he escrito una paginita entera bastante fatigosa de redactar. Así que no sólo no he respetado el descanso del día del señor (del señor que sea, yo me imagino a un notario con papada), sino que me he deslomado literalmente. Tengo el 90 por ciento de mi ser en modo off, y el 10 por ciento que sigue vivo se siente incapaz de bloguear nada. Así que permitidme que rescate una columnita de opinión que publiqué hace dos viernes en el suplemento MVT. Mañana más.

Uno de mis ídolos es Angus Fontaine, presentador de ’Viajero cinco estrellas’, una serie de reportajes sobre los hoteles y resorts más insultantemente caros del planeta. Fontaine, que tiene una de esas caras pánfilas que no te cansarías de abofetear, se da unos soberanos homenajes en sitios donde te cobran 5.000 euros solo por darte los buenos días, y siempre termina cada capítulo con una reflexión sobre la hospitalidad y lo amigable del servicio. Solo le falta decir, poniendo cara de ingenuo entrañable: "Qué curioso, cuando saco la Visa Platino, me salen amigos por todas partes". Yo rabio por ver lo que nos hurta el programa: la satisfacción que debe sentir el camarero que escupe en un cóctel de 20.000 euros.

Que yo sepa, Angus Fontaine no ha venido a España, y no parece que vaya a hacerlo. No lo hará si lee el estudio ’Country Brand Index 2008’, que coloca a este país que habitamos -junto a Japón- a la cabeza del ’mainstream luxury’. Lo traducen como "lujo para mayorías". En otras palabras, que según este índice, en España el turista puede gozar como un sátrapa a precios de mendigo. El socialismo turístico, amigos. ¿Entrará el arroz con ojos -llamado así porque de las gambas solo aparecen las cabezas, sin que nadie dé razón del resto del cuerpo- que los guiris degluten con pasión y sangría en la categoría de ’mainstream luxury’? Es más, ¿no es el concepto de ’mainstream luxury’ una paradoja o una contradicción en los términos? Si el lujo se hace masivo, ¿en qué se diferenciará de la vulgaridad? Para que los guapos se sientan guapos y los listos, listos, tiene que haber una mayoría de feos y tontos. Y para que Angus Fontaine se sienta "viajero cinco estrellas" tiene que haber una masa de mochileros apiñados en un tren con olor a pies.

Perdónenme, pero yo quiero que el lujo siga siendo lujo, incluso en estos tiempos de ERES. Yo quiero que Angus siga teniendo sitios donde beber coñacs de la bodega privada de Napoleón mientras siete vestales le hacen la pedicura. Quiero que la envidia y el escándalo sigan vigentes. Quiero jeques yemeníes y lords ingleses. Quiero decadencia y derroche. Quiero seguir teniendo personajes crueles y refinados para escribir sobre ellos.

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