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El Blog de Sergio del Molino

CORONAR ROLLOS CON BOMBOS

Según Natonal Geographic, las dos características básicas que definen a la especie de los ministros es que están dotados de un umbral de sorpresa bajísimo, de una mano especialmente floja a la hora de estampar rúbricas en cheques millonarios y que reaccionan de forma lúbrica y entusiasta ante neologismos polisilábicos que suenen a jerga especializada. Tú vas a un ministro, pongamos el de Sanidad, y le dices que tienes un lipograma vocálico que va a frenar la proliferación de las enfermedades de transmisión sexual entre la población joven, y el ministro se corre de gusto ahí mismo (sin condón ni nada) y te firma un cheque de 2.200.000 euros (sí, 2.200.000 euros, lo que no ganaremos en toda una vida de sufrido machaque lumbar) para que desarrolles ese proyecto magnífico que le has presentado en PowerPoint.

Luego tú coges la panoja, te vas a un bar de Moncloa y preguntas en voz alta: "¿Cuántos camareros de este local son actores a la espera de ser descubiertos por Almodóvar?". De entre las veinte manos que se levantarán ansiosas ante tí, escoges a dos propios, un tordo y una torda, les sueltas sendos billetes de diez euros y un catering de bocata calamares y te los llevas a rodar. "Vais a interpretar un lipograma vocálico", les dices. "Ah, no, yo no me desnudo por menos de 15 euros", te responderán. "No hay que despelotarse, que es un anuncio del ministerio", y zanjas la cuestión.

En el interín, has contratado también a un mandril apestado por la manada que presenta severas deficiencias cognitivas causadas por una coprofagia compulsiva combinada con tres siglos de endogamia. Le das un portátil Apple y le ordenas que escriba el lipograma vocálico a cambio de dos cáscaras de cacahuete. El mandril con severas deficiencias cognitivas escribe: "Yo no corono rollos con bombos". Bravo, se ha ganado una cáscara de cacahuete extra.

Así que ya tienes tu anuncio. Explicas a los legos que eso del lipograma vocálico no es una afección del páncreas, sino una figura retórica consistente en componer un texto usando una sola vocal. La o en este caso. Y ya está. Descuenta a tu minuta de 2.200.000 euros los 20 euros y los dos bocatas de calamares de los honorarios de los actores y las tres cáscaras de cacahuete del mandril (porque el ordenador Apple en realidad era uno de Fischer Price de cuando eras pequeño al que le habías puesto una pegatina de la manzana) y listo. Te lo has llevado crudo.

Te ha salido redondo: "Señor ministro -le dices en el cóctel de presentación, a cargo del ministerio, claro-, con este lipograma vocálico los jóvenes no sólo van a follar con condón y se van a reducir al mínimo los embarazos y las enfermedades, sino que el consumo de condones aumentará a niveles estratosféricos, lo que provocará un aumento desaforado de la producción, que repercutirá en una merma más que considerable de las listas del paro. El lipograma vocálico es la solución a la crisis".

Todo es perfecto. Por eso te jode tanto que aparezca un gañán con pintas de no gustarle el jabón que dice que le has plagiado, que lo del lipograma vocálico ya lo había hecho antes, que él es un rapero de pura cepa y que os vais a enterar, co. La pregunta es, como dice David Torres: ¿se puede plagiar la mierda? En teoría, todas las mierdas son bastante parecidas, pero, ¿puedo denunciar a mi vecino por deposicionar zurullos que se parecen sospechosamente a los míos? El gañán, que responde al nombre de Nach, cree que sí, aunque los que han salido defendiendo su honor y llevando a los tribunales han sido los de la agencia de publicidad. Normal, el pringao del Nach ese seguro que no tiene 2.200.000 euros en su cuenta corriente para pagar abogados.

¿A vosotros no os recorre un escalofrío por el espinazo cuando veis este anuncio?

 

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