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El Blog de Sergio del Molino

COTILLEO LITERARIO

COTILLEO LITERARIO

Uno de los géneros periodísticos más curiosos es el del cotilleo literario. O la crónica social literaria, si quieren ponerlo en fino. En realidad, es un género antiperiodístico, porque si el periodismo tiende a la explicación y a la divulgación, el cotilleo literario es reconcentrado, críptico y viene redactado en clave. Sólo unos pocos elegidos manejan el código para descifrar los artículos y saber de qué demonios están hablando.

Algunos cotillas literarios oficiales de esta España nuestra actual: Juan Palomo en su sección La Papelera de El Cultural de El Mundo y Juancho Armas Marcelo en su paginita de los sábados en ABC Cultural son los profesionales más especializados del género, dedicados en cuerpo y alma a él. Lo cultivan con muchísima frecuencia, hasta el punto de haber creado escuela, Javier Rioyo y Juan Cruz. Y Elvira Lindo hace incursiones guerrilleras en él. En Aragón, maestros hay que podrían ejercer, pero son bastante discretos y no cultivan el cotilleo en la prensa de aquí (sospecho que se debe, además de a una escasa predisposición a los bulos y chascarrillos, a que las cuatro capillitas literarias que hormiguean en redacciones, universidades y diputaciones oregonesas no dan para grandes chismes). Favor que nos hacen.

La verdad es que es un lujazo el cotilleo literario: no se exige rigor ni contraste de las afirmaciones. Vale con un "me ha dicho un pajarito que...". Despachas filias y fobias a gusto, aparentas saber más de lo que sabes y lanzas pullazos que sólo entiende el agredido y cuatro tipos más. No hay profano que se aclare. Si no has estado en tal presentación de tal libro y no has escuchado a un tal Fulano decir tal cosa de Zutano, el artículo es un galimatías.

Armas Marcelo, por ejemplo, amenazaba este sábado con tirar de la manta y largar miserias de "cierta escritora catalana" que, a su vez, había amenazado con escribir un libro en el que iba a contar miserias de Armas Marcelo y de amigos suyos (o eso creí entender) y en el que iba a poner de vuelta y media a los literatos y editores de Madrid. Pim-pam-pum. Hostia va, hostia viene. A mí no me importa que se peleen. Soy humano, tengo un sano y afinado mecanismo del morbo siempre alerta, y me gusta ver a dos ególatras zurrarse en la plaza pública como el que más, pero sin nombres propios, la cosa pierde toda su gracia.

Porque lo que distingue este cotilleo literario del cotilleo a secas es que en aquel se omiten los nombres. Todo son referencias vagas, todo son "distinguidos editores barceloneses", "ese narrador que organiza fiestas en la Sierra" o "aquella chica que bebió ginebra de un zapato la noche que le dieron el Planeta". Son mensajitos privados, puñaladas muy poco elegantes y escritas con mucha menos elegancia si cabe. Menos mal que yo tengo mis topos en ese mundillo de víboras, y cuando veo que empiezan a repartir estopa, les pregunto de quién cojones están hablando, quién es el infortunado que recibe los mandobles. Ellos me dan enseguida los nombres, y me aportan dos o tres detallitos más, pero lo tienen fácil porque están en el ajo. Los demás, mejor que pasemos página.

Yo reclamo combates a cara descubierta, que hagan crónicas con todas las de la ley, con sus nombres propios escritos con todas sus letras, sin iniciales ni seudónimos ni motes. Queremos ver cómo se arrojan premios Cervantes unos a otros, cómo instalan piezas artilleras que disparan tochos de Javier Marías como munición, cómo se retan a duelo al amanecer y con público. Y si no, que se ahorren los articulillos, o que se los envíen por mail a los interesados.

Ah, y si triunfa la costumbre de que los escritores se calienten la cara, abro una web de apuestas y pongo mil euros a favor de Elvira Lindo, que aunque ahora sea una señorita de Sexo en Nueva York, se crió en Carabanchel y sabrá clavarle a su oponente en los ojos los tacones de sus manolos. Por Pérez-Reverte, en cambio, no daría un duro. Perro ladrador, poco mordedor. Seguro que se cae al suelo al primer hostiazo.

Foto: este señor es Rafael Cansinos Assens, pionero del cotilleo literario en España en los años 20, hasta el punto de que su mejor libro es la biblia del cotilleo literario: La novela de un literato, uno de los tochos de memorias más amenos que me he echado a mis maltrechos ojos.

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8 comentarios

Javier López Clemente -

Hola de nuevo.
Parece que te han escuchado, ¿no solicitabas nombres y apellidos en las polémicas? pues por ahí abajo tienes un par.


El culto

Por Ignacio Ruiz Quintano.

El chascarrillo laico mostraba al palurdo que, ante el cepillo de la iglesia con la leyenda «Para el culto», preguntó quién era el culto, y le contestaron: «El cura, que habla latín.» Al poeta Villena lo han invitado en un cuestionario Proust a ponerse una medalla, y el poeta Villena ha cogido la más gorda:

-Dicen que soy muy culto.

Ser «culto», explica Steiner, requiere mucho más que erudición y elocuencia: más que ninguna otra cosa, significa cortesía y respeto. La cultura, como el amor, no posee la capacidad de exigir, y el poeta Villena, que se considera sexualmente epicúreo, (¿) como Epicuro, y senilmente idealista,(?) como Platón -comparaciones, por cierto, que resistiría Sofía Mazagatos-, exige que los católicos acepten el laicismo.

Con un solo justo que Dios hubiera encontrado en sus calles, Sodoma y Gomorra no hubieran perecido bajo el fuego. Bastará, por tanto, con un solo culto -«muy culto»- para que este Siglo de Oro español, rematado con la media verónica del Nadal para María Dolores Torres Manzanera, nos sobreviva.

-Dicen que soy muy culto.

Grau, un poeta con lentes y carita de papagayo que creía que con alterar el orden de las palabras hacía poesía -«yo tengo que perfumarme para poder escribir»-, le dijo a Alberto Guillén en La linterna de Diógenes:

-Como usted sabrá, yo soy un genio. Dicen que yo digo: «Shakespeare, Esquilo y yo.» No; yo no he dicho eso. Lo que yo digo es: «Después de Shakespeare, yo.» Yo espero el fallo de los siglos.

Grau, sin embargo, carecía de la paganía del poeta Villena, quien a lo mejor pertenece a esa abundante clase de caballeros que, según Nicolás Gómez Dávila, se creen enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán. Esperemos al fallo de los siglos. De dar crédito a los geólogos, la peonza de la tierra tiene cuerda para sostener 1.800.000.000 de culturas, y sólo han transcurrido unas veinte. Cocteau lloraba por nuestra civilización, porque físicamente le dolían las sinfonías de Mozart, el cristal de Venecia y la liturgia católica. Pero el poeta Villena tiene una china en el zapato: «Lo que más me molesta es la intransigencia de la Iglesia católica.» Ya lo dijo el Séneca de Pemán:

-Siempre lo que había molestado en el Evangelio era que no nos dejaran amar a todas las mujeres. Ahora resulta que lo que más molesta es que nos manden amar a todos los hombres

S. del Molino -

¿Casi me dejaríais acostarme con ellas? ¿Eso quiere decir que me dejaríais algo de sobeteo y magreo con ropa sin llegar a la cama?

Que los Reyes os traigan muchas cosas.

Sergio -

Sergio, feliz año y tal...
¿Le pegas tú o lo hago yo?
¿No sabe que tus lectores nos dejaríamos matar por ti, que casi -he dicho casi- dejaríamos que durmieras con nuestras novias?
Que los Reyes te sean propicios... y no pierdas el humor.

S. del Molino -

¿El demediado cacique que me echa el pienso?
Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja.
Bravo.

JJ A. -

¡Cáspita! ¡Voto a bríos que me ha descubierto este julandrón que no tiene dos hostias, pim pam, trac, me cago en todo lo que se mueve! Ya bien quisieras ser un hombre de honor con lo que hay que tener y te haría morder el polvo, catacrac, pero en esta desgraciada España de mierda en la que vivimos ya no quedan caracteres como los de Indibil y Mandonio, Ramón y Cajal o al menos como Echegaray y caballero, aunque el buen hombre perdiera aceite para regocijo de los catetos que escriben en las gacetillas zaragozanas. Bien quisieras tú tener la mitad de los arrestos que tenía Agustina para batirte en desigual combate con mi fiero brazo, pero a un miserable cotilla no se le puede pedir que haga lo que nisiquera sabe que existe: porque es una cuestión de hombría, de talento, de cojones en una palabra y usted, señor del Molino, desconoce todo lo que tenga que ver con el bien, la verdad y la belleza. En otros tiempos de gloria española a los cebiches como tú los colgaban de sus vergüenzas en las puertas de las aldeas para ejemplo de malandrines, pero tú no tienes vergüenza ni cojones! Y ahora ve llorar al demediado cacique que te echa el pienso, bua bua. Que no te vuelva a ver mancillando mi casa de la RAE o te señalaré con el dedo o con otra cosa que a ti te gustará más, bellaco.

S. del Molino -

Alguien muy listo que va de marisabidillo ha patinado al intentar corregime. Copio del DRAE:

pullazo.


1. m. Ven. Alusión maliciosa e irónica que alguien dirige a otra persona encubiertamente para enardecerla, ofenderla o mortificarla.

Javier López Clemente -

Yo también quiero saber los nombres y los apellidos de los afectados, sin ese puntito la cosa se queda bastante sosa, salvo cuando Trapiello en su diarios habla de un escritor sudaméricano con las iniciales M.V.LL., en ese caso si que me entero
jajajajaja

Salu2 Córneos.

JJ A. -

Alguien que usa lentillas y se cree muy listo porque habla idiomas ha escrito "lanzar pullazos" cuando en realidad quería decir "lanzar pullas" o "lanzar puyazos".
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