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El Blog de Sergio del Molino

HOSPITALES SIN MÉDICOS

Todos habréis visto ya este vídeo:

 

Y todos sabréis ya que se trata de un montaje, como se cuenta aquí.

El intermedio se la coló a Intereconomía TV. Los de esta tele recibieron por mail el vídeo de Wyoming abroncando a una supuesta becaria y, sin hacer pregunta ni comprobación alguna, lo dieron por bueno y lo emitieron. Además, lo colgaron en YouTube y se convirtió en la comidilla del día.

Nunca más pondré en duda las dotes interpretativas de Wyoming. La bronca era más que verosímil. En mi vida profesional, yo he asistido a broncas de calibre mucho mayor -por fortuna, ninguna dirigida a mí-. He visto salir a gente llorando a moco tendido, a gente destrozada después de haber sido arrollada por una máquina de emitir berridos. Y supongo que vosotros también (espero que desde la barrera abroncada y no abroncadora, no seais cabrones). Así que si hubiera sido una bronca real, no me habría extrañado nada, por más que alguna gente que ha trabajado en el cogollo de Mediapro (propietaria de La Sexta y Público, además de concesionaria de los informativos de la autonómica aragonesa) me haya dicho que Jaume Roures no consentiría jamás algo así, que esas cosas se miran mucho en sus empresas. Incluso aunque amigos y conocidos de Wyoming que no estaban en el ajo hayan publicado en sus blogs que jamás le han visto dar una voz más alta que otra.

Me alegra que la reputación de mi admirado Wyoming no sólo siga intacta, sino que se engrandezca con esta travesura catódica, y con la carcajada todavía resonando en mi caja torácica, me atrevo a lanzar un par de reflexiones a vuelapluma.

Habrá quien interprete este acto de sabotaje a la luz de la Internet 2.0, de las nuevas formas de comunicación que se van imponiendo. Y sí, tienen razón: pone de manifiesto la brecha entre quienes saben aprovecharse de las nuevas herramientas de comunicación y quienes están a verlas venir y se comen los mocos. Pero hay mucho más. Creo que esta broma ha sido posible hoy, en 2009, pero impensable, por ejemplo, en 1985. No porque entonces no hubiera email (se puede enviar una cinta de vídeo por correo ordinario) sino porque en 1985 los medios de comunicación todavía estaban en manos de periodistas. Y en 2009, no.

Como en 2009 ya no hay periodistas, cuando llega algo a una redacción, el personal no sabe darle un tratamiento periodístico, siguiendo los protocolos de la profesión. ¿Se imaginan qué pasaría si las urgencias de un hospital estuvieran llevadas por ejecutivos de marketing o por diseñadores de interiores? Las salas estarían perfectamente diseñadas y el hospital proyectaría una imagen sensacional y moderna al exterior, pero cuando llegase un enfermo, nadie sabría qué hacer con él, se moriría entre muebles neomodernistas. Pues eso pasa ahora mismo en muchos medios, especialmente en estos de chichinabo, como Intereconomía TV y demás.

Un médico sabe que cuando llega un enfermo hay que seguir un protocolo que le han enseñado y en el que ha sido entrenado, para diagnosticarlo y tratarlo. De la misma forma, un periodista sabe que cuando llega un material a su ordenador o a su mesa hay que seguir unos pasos, un protocolo profesional, antes de que ese material se convierta en una información. Cuando un periodista recibe un vídeo así, se interesa por quién se lo ha pasado, dónde lo ha conseguido esa persona y con qué intenciones se lo da. Al igual que los niños bien criados, un periodista no acepta regalos de desconocidos, tiene que fiarse de quien le cuenta las cosas. Y luego contrasta todo eso con las fuentes interesadas.

Pero como ya apenas quedan periodistas que hagan periodismo, se puede colar cualquier cosa. Por eso los medios actuales son terreno fértil para bromistas y saboteadores como el Follonero. Han descubierto que es muy fácil colársela a unas redacciones precarias, débiles, con muy poquita formación y cultura y desposeídas de las más básicas nociones de periodismo. Eso sucede cuando los contenidos de los medios se deciden en el despacho de marketing y no en la sala de redacción. El periodismo murió hace años, y estas bromas folloneriles sólo vienen a certificar su muerte.

Quedan reductos, excepciones a esa sentencia de muerte, pero cada vez pintan menos y se van arrinconando a los espacios marginales de los medios. Me gusta pensar que estoy enrocado en uno de esos reductos, que todavía puedo responder con dignidad profesional de lo que lleva mi firma.

Yo he rechazado historias que no me merecían confianza y que luego he visto publicitadas en otros medios. Unas pocas las he rechazado por exceso de celo, y al final han resultado ser ciertas, pero la mayoría de las veces se ha confirmado que eran un bluff. He metido la pata como todo el mundo, pero mis errores nunca se han debido a tocar de oídas ni a dar pábulo al primero que pasaba por mi puerta.

Quiero creer que podré seguir así, enrocado pero sin mancharme. A ver cuánto dura esto.

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2 comentarios

S. del Molino -

Efectivamente, es lo único que puedes vender como periodista: tu credibilidad. De la misma forma que la gente acude a un buen restaurante con la confianza de que le van a dar una comida excelente y bien elaborada -y no cualquier cosa-, la única razón por la que un lector acude a los medios es porque tiene la certeza de que le van a servir una información veraz y tratada por profesionales, y no cualquier rumor o tontería que circule por ahí. Que se cuelen estas cosas en los medios equivale a descubrir que el chuletón que te sirve Arzak es de carne de perro y no de buey de Kobe: el cliente pierde la confianza y sale asqueado.

Si no tenemos credibilidad, no tenemos nada, pero los que mandan en los medios españoles no parecen comprenderlo. Es una cuestión fuera del debate.

Javier López Clemente -

Exacto Sergio.
Y eso también pasa con los blog, creo que se debería recordar que un blog puede estar escrito por cualquiera y, por lo tanto, puede ser un nido de imprecisiones. Para eso están los medios profesionales, para los que somos consumidores de noticias tengamos la seguridad, cada vez menor, de que un trabajo previo avala la noticia.
En fin, recemos.

Salu2 Córneos.
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