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El Blog de Sergio del Molino

¡NON FUYADES, WYOMING!

¡NON FUYADES, WYOMING!

¿De qué va González Urbaneja? ¿A qué viene este berrinche contra el Wyoming? ¿De qué está hablando este buen hombre? ¿Qué son esos balbuceos, esas frases sin sentido? ¿Tiene un neurólogo una explicación?

Pues que la dé ya, porque yo lo de este señor es que no lo entiendo. Si fuera de la Asociación de la Prensa de Madrid (y tampoco soy de la de Aragón) me borraría inmediatamente. Bueno, probablemente me habría borrado en un rebuzno anterior, porque Urbaneja lleva unos años dando el espectáculo, encarnando en su verbo pastoso y en su mirada vítrea toda la decadencia y el descrédito de la profesión que algunos nos empeñamos en seguir ejerciendo. A pesar de los Urbanejas que la pueblan.

En un ridículo espantoso, antes de que se supiera que lo de Wyoming era una broma, Urbaneja se interesó por la pobre becaria maltratada. Sí señor. Las asociaciones de la prensa, ahondando con tenacidad en su lucha por defender la dignidad de la profesión y los eslabones más débiles de la misma, acudieron en defensa de la dama en apuros. ¡Non fuyades, Wyoming, que probarás el frío filo de mi fierro!

Nos preguntábamos dónde estaban las asociaciones de la prensa cuando se negoció el ERE del Grupo Zeta, que deja a más de 400 compañeros en la calle, o cuando la redacción de El País fue a la huelga, o cuando RTVE hizo una limpia de viejunos, despachando sin honores a algunos de los mejores periodistas televisivos que ha dado este país cuando todavía tenían mucho que decir y sabían decirlo mejor, o cuando la Cope difunde al éter cada día mil mentiras chuscas y venenosas que vende como si fuera periodismo. Nos preguntábamos dónde estaban las asociaciones de la prensa cuando pasaban estas cosas y muchas otras más que la gente no ve pero que los que estamos en el ajo olemos a diario. Creíamos, malpensados, que se limitaban a silbar con disimulo, a hacerse los suecos y a echar unos vinos con Pedro J. y Jiménez Losantos.

Pues no. Hemos de tragarnos nuestra insidia, porque Urbaneja no se interesó por estos asuntos porque estaba ocupado salvando a una becaria de las fauces de un cómico talludito. Todo un galán este Urbaneja. Un tío que sabe dónde hay que estar.

Cada vez que una becaria siente los rechonchos dedos de su jefe en el culo, Urbaneja presenta batalla.

Cada vez que una becaria escucha que su trabajo no vale ni para limpiarse el mismo culo que antes había sobado su jefe, Urbaneja presenta batalla.

Cada vez que una becaria reconoce que no sabe quién es Zapatero y es humillada por las carcajadas de los redactores, Urbaneja presenta batalla.

Venga, Urbaneja, confiesa, ¿qué querías hacer tú con la becaria de La Sexta, pillín? ¿Consolarla en tus anchos y viriles hombros? ¿Invitarla a una copa para que se desahogue? Ay, Urbaneja, que eres muy mayor para estas cosas, que ya no tienes edad de ser su padre, sino de ser su abuelo.

Así de planchado se quedó el pobre cuando descubrió que aquella chica no era becaria ni era nada. Perdió el interés. Estaba demasiado crecidita para él. Se ve que sólo le interesan las criaturas precarias, indefensas y sin desflorar. Por eso las y los periodistas adultos y en pleno ejercicio le damos igual.

Lo siento, tenía que desahogarme. Lo de este señor me parece muy fuerte. Si quiere defender la dignidad de la profesión, tiene muchos otros frentes abiertos. Pero que no se moleste ya, que a todos llega muy tarde: el campo de batalla está arrasado y los pocos supervivientes que quedamos sólo podemos lamernos las heridas. Eso sí, agradeceríamos de vez en cuando un poco del interés que ha demostrado tener por la becaria ficticia. Que no me sienta representado por él ni por ninguna asociación de la prensa no quiere decir que le haga ascos a unas carantoñas de cuando en cuando. Todos necesitamos amor, Urbaneja.

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4 comentarios

Antonio -

Lo que no me pega de tu artículo es eso de "los anchos y viriles brazos" de Urbaneja. Vamos, ni echándole toneladas de imaginación a la cosa...
Por lo demás, como siempre, excelente y atinado.

jesús -

Urbaneja hace honor, simplemente, a la naturaleza española, que prefiere morir antes de reconocer que había metido la pata.
Para ejemplos aún más vergonzosos, ver los comentarios a esta entrada de mi blog:

http://abordodelottoneurath.blogspot.com/2009/02/el-gran-wyoming-un-nuevo-sokal.html

Javier -

¡Olé!

Chorche -

Pues eso.
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