Blogia
El Blog de Sergio del Molino

UNA DE LIBROS

Apuntes sobre algunos de los libros que he devorado estas primeras semanas de 2009. Brevemente y a mogollón.

  • Un lugar en la cumbre, de John Braine (Impedimenta).

Maravillosa. Una novela-botella de vino, que mejora conforme te la vas bebiendo. En parte, porque el vino libera todas sus esencias poco a poco, y en parte, porque con cada nueva copa estás un poco más borracho y tu entusiasmo por lo que tienes delante crece. Fino cinismo británico y mezcla de elegancia y sordidez -que se entreveran en la novela como en un buen jamón-. Libro de personaje, al estilo de El rojo y el negro de Stendhal, sólo que el Joe Lampton de Un lugar en la cumbre es mucho más ágil, divertido y menos escrupuloso que el Julien Sorel de Stendhal.

Como el título indica, la obsesión es medrar, ser alguien, trepar hasta la cómoda posición de la alta burguesía. Me gusta mucho que Lampton, narrador en primera persona, centre las descripciones de los personajes en cómo visten y en lo que llevan. Cuando se describen unos pantalones, se especifican la tienda donde se compraron y su precio aproximado. También se fija en la marca del tabaco que fuman, en la calidad de los alimentos que se sirven en la mesa, en si los peinados son o no de peluquería y en la marca de whisky que se pide en la barra. Brillante. Una gran novela. Pretende ser una crónica de su tiempo (los años 50 en Inglaterra), pero como toda buena novela-crónica, acaba trascendiendo su tiempo y su espacio y retrata lo universal. Es un libro sobre la ambición perfectamente aplicable hoy. Y muy bueno, además.

  • Poe. Una vida truncada, de Peter Ackroyd (Edhasa).

Un poco decepcionante esta anunciada biografía de mi querido Poe. Demasiado plana y lineal. A estas alturas, con todo lo que sabemos del autor de El cuervo, esperaba mucho más que un simple relato de las anécdotas de su vida. Esperaba una interpretación del personaje. Esperaba la confirmación o la refutación del mito, pero no he encontrado ni una cosa ni la otra. Un buen relato biográfico, pero insuficiente. No se moja ni se adentra en las turbias marasmas mentales de Poe. No vale describir hechos aliñados con comentarios de texto de sus principales obras. Eso está ya muy visto. Un personaje como Poe tiene muchos recovecos para explorarlo.

Me gusta, eso sí, que se detenga mucho en la faceta de polemista de Poe, que se enemistó prácticamente con todos los escritores americanos de su generación. A todos les puso a caldo en las reseñas, destrozaba sus libros. Casi toda la literatura americana de su época le parecía pobre, pretenciosa y paleta. Y es posible que el tiempo le haya dado la razón, porque, ¿cuántos coetáneos de Poe han pasado a la inmortalidad?

Otra cosa que me gusta son las últimas líneas, cuando enumera a los escritores cuya obra ha estado directamente inspirada en la de Poe. Tras citar a Baudelaire, Valéry, Gide y Yeats, dice: "Las obras de ciencia-ficción de Julio Verne y H. G. Wells tienen contraída con él una gran deuda, y Arthur Conan Doyle rindió asimismo tributo a su dominio del género detectivesco. Nietzsche y Kafka lo honraron igualmente, vislumbrando en su triste carrera un bosquejo de sus propias almas doloridas. Fue asimismo admirado por Fiódor Dostoyevski, Joseph Conrad y James Joyce, que vieron en él la semilla de la literatura moderna. El huérfano encontró por fin a su verdadera familia".

Esta última frase me emociona, aunque es mentira. Me emociona porque para mi Poe es algo que llevo muy dentro, es una lectura rabiosa y adolescente, la tengo casi injertada en el ADN, y la desgracia vital de Poe siempre me pone muy triste. Sufro por su vida de mierda como sufriría por la de un amigo íntimo, y creo que es verdad que todos los que le hemos leído y querido le sentimos parte de nuestra familia. Muy pocos autores han tenido la suerte de pertenecer a la familia de Baudelaire, de Kafka y de Conrad, pero es mentira que él haya encontrado a su verdadera familia. Nosotros, sus lectores, le hemos encontrado a él, pero él no pudo encontrarnos a nosotros. Se murió sin saber lo felices que nos ha hecho. Murió solo, con el amor incondicional de María Clemm como único aliado, despreciado por todos. No encontró a su familia, murió huérfano, la condición que siempre subrayó.

  • El círculo cerrado, de Jonathan Coe (Anagrama).

He hablado en este blog de mi afición por este escritor inglés que casi suena como Poe. Me gusta mucho -no como Poe, por supuesto- y envidio enormemente su capacidad de narrar con sencillez y de manejar con soltura hasta diez personajes a la vez cuyas vidas se cruzan y se descruzan sin que la trama se le vaya de las manos. Es un gran artesano de la novela, aunque no llegue a la talla de gran escritor. El círculo cerrado es la segunda parte de El club de los canallas, que fue lo primero que leí de él (así que ya me estaba jodiendo mucho que no apareciera la anunciada continuación).

En la primera novela se cuenta, un poco alla maniera de La ciudad y los perros, la vida de unos chavales obreros en un instituto de Birmingham en los años 70, en plena recesión, cuando se barrunta el ascenso de Margaret Thatcher y la eclosión punk (de hecho, uno de los personajes descubre a The Clash en un club de Londres, y la descripción del concierto es de los mejores relatos sobre el rock que he leído nunca).

El círculo cerrado se ambienta en los comienzos de este siglo XXI, cuando la vida ha dispersado a la pandilla y le ha dado a cada uno lo suyo. Los mismos personajes, treinta años después. Buen material para adentrarse en la Inglaterra de hoy. A través de sus personajes, Coe -que podría definirse como un laborista de izquierdas desencantado- hace una crítica feroz de su país. Pone de relieve el cinismo, la hipocresía y la mezquindad de sus clases dirigentes, y no siente empacho -como ha hecho en otras novelas- en meterse en la piel de un joven diputado que quiere medrar en el nuevo laborismo de Blair. No cae en la caricatura, y eso es de agradecer, pero a este libro le falta algo del mordiente de El club de los canallas. Parece un libro menos sentido, más artificial. Interesante, en todo caso. Es uno de los grandes narradores ingleses, y ser grande en un país de grandes narradores es mérito mayor.

He leído alguna otra cosilla, pero me guardaré los comentarios para mejor ocasión, que creo que ya he dado suficiente la tabarra.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres