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El Blog de Sergio del Molino

ESTIGMA

ESTIGMA

Sigo mucho el blog de Mi madre es idiota. Me he encariñado de Beta, de su humor, de su estilo y de su naturalidad. Hay algo también personal en mi afición a su blog, porque lo que cuenta y como lo cuenta me recuerda a alguien que fue muy querido para mí. Por eso me he llevado un poco de disgusto cuando he leído esta entrada. En ella cuenta que le han echado para atrás un artículo en el portal Soitu (donde colabora escribiendo de cine) argumentando que era demasiado personal. No creo que lo hayan rechazado por ser demasiado personal, sino porque en él hay dos palabras tabú: "brote psicótico".

Si Beta hubiera contado cualquier otra experiencia de su vida, por chusca, turbia o íntima que fuera, estoy convencido de que lo habrían publicado sin problema, pero el relato de un trastorno mental, con psiquiatras y pastillas antipsicóticas de por medio, ya no le hace gracia a nadie. No es que no haga gracia, es que nadie lo quiere cerca. Es el último tabú. Se aceptan relatos de enfermos de cáncer o de sida, de víctimas de accidentes de tráfico, de lo que sea, pero la enfermedad mental no vende. Aunque a simple vista parezca lo contrario.

Al gran John Cheever, que también tenía problemas -acentuados por el abuso del alcohol- para discernir lo real de lo imaginario, le rechazaron uno de sus grandes cuentos. Se lo rechazó el también escritor William Maxwell, editor de The New Yorker. Fue personalmente a su casa, con cara larga, y le dijo que lo sentía, que al leer ese relato se había dado cuenta de que Cheever estaba perdido para siempre, de que había perdido completamente el sentido de la realidad. Lo rechazó porque le aterraban las brumas mentales que se entreveían en las líneas del texto. El cuento, por supuesto, apareció publicado en otro sitio.

Hace un par de años me documenté muchísimo para construir un personaje esquizofrénico. Estudié libros de psiquiatría (que ocupan un estante de mi biblioteca), me empollé la historia de la enfermedad, traté de comprender -un poco por encima- el funcionamiento químico del cerebro y cómo los antipsicóticos actúan sobre él. Quería escribir una novela creíble sobre un antiguo terrorista esquizofrénico en la que no quedase claro si sus asesinatos estaban motivados por su ideología o por su cerebro trastornado. No me salió, pero, rescatando la esencia y uno de los personajes de aquel proyecto frustrado, acabé construyendo un relato corto que está incluido en Malas influencias. Se titula El doctor Chase, y escribirlo me ha ayudado mucho a comprender el porqué del estigma social de la locura.

En realidad, lo comprendí mucho antes, en las mismas librerías, cuando me acercaba a pagar a la caja con unos cuantos libros con títulos como Superar la esquizofrenia, Guía para familiares de enfermos psicóticos o El cerebro y los antipsicóticos. Notaba la mirada del librero, que evitaba el contacto visual y ponía un gesto a medio camino entre el miedo y la compasión. Y lo peor de todo es que me he dado cuenta de que, gracias a los avances farmacológicos de los últimos treinta años, la esquizofrenia puede tratarse de forma parecida a la diabetes, controlando con relativa facilidad los síntomas. La ciencia comprende ahora bastante bien cómo funciona la enfermedad y, aunque quedan muchísimos puntos oscuros, saben dónde buscar y cómo mantenerla a raya. Sigue siendo degenerativa, sigue siendo incurable, sigue siendo implacable, pero no es, ni mucho menos, como hace veinte años. No hay forma: el estigma sigue allí. El caso de Beta -que, al parecer, es solo un brote, no la enfermedad con toda su fuerza- lo prueba.

Es terrible que así sea, porque ese estigma arrumba en la sombra a mucha gente que podría llevar una vida perfectamente normal, que no se atreve a llamar a las puertas de un psiquiatra por miedo al qué dirán y que sólo acaba en tratamiento cuando ya es demasiado tarde, cuando la bestia ha salido con toda su fuerza y ya hay consecuencias serias que lamentar, como intentos de suicidio.

No tiene que ver con esto, pero igual que Beta, yo también estoy un poco cabreado porque no va a salir publicado un reportaje mío sobre el 25 aniversario de la muerte de Cortázar. Vamos cortos de papel en las páginas de cultura y, por supuesto, hay que eliminar las efemérides superfluas para dar algo de información del día. No es censura, ni mucho menos, pero me jode trabajar para nada. Así que me desquitaré escribiendo algo en el blog.

Foto: es Beta, en una foto cogida prestada de su blog.

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1 comentario

Daigua -

Llego ahora mismo a través de la última entrada del Blog de Beta. Me gustas. Pero lo de los locos y las locas, no me da ningún morbo. Sobre todo porque lo vivo casi en primera persona casi día a día. No me hace ni puta gracia el tema. Pero tampoco me parece el fin del mundo. Simplemente un motivo más para no detenerme. Me gusta cómo escribes y ese aire positivo que transmites.
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