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El Blog de Sergio del Molino

TODO ES POCO PARA ELLOS

Columna Del revés, publicada hoy en el suplemento MVT de Heraldo.

Qué pesadez más pesada la promoción que le han dado a ‘El luchador’, que se estrena hoy. Qué de toneladas de miel se han dilapidado en las loas al trabajo de Mickey Rourke. Ya puede ser buena, ya, porque si es un poquito menos que excelsa no va a estar a la altura del bombo proclamado. Y eso que va de un tipo que hace ‘pressing catch’, esa cosa ridícula de los combates amañados donde dos horteras con sobredosis de clembuterol se dan cachetes coreográficos mientras los palurdos les jalean en las gradas. Yo ahí veo material para una comedia, no un drama. No termino de empatizar con esos personajes, pero habrá que echarle un ojo antes de juzgarlo.

Eso sí, operaciones de promoción al margen, entiendo perfectamente que se admire a los actores hasta el paroxismo. Hasta tirarse de los pelos y arrancarse los ojos con las uñas. Seré un frívolo indigno de pisar el mundo, pero pienso que un actor brillante merece una vida millonaria y los excesos y los caprichos de divo. Le disculpo cualquier defecto de carácter, le perdono hasta los crímenes que pueda cometer. Creo que un actor grande -pero grande de verdad- debe ser mimado más allá de toda mesura. Murámonos de hambre si es necesario; regalémosles nuestras casas si se les antojan.

¿Qué precio le pondríais a la sonrisa de Michael Caine al final de ‘El hombre que pudo reinar’? ¿Cuánto dinero vale el "si me necesitas, silba" de Lauren Bacall? ¿A cuántos euros se cotiza la frase: "Lo conseguí, ma, ¡la cima del mundo!", dicha por James Cagney antes de ser devorado por las llamas al final de ‘Al rojo vivo’? ¿Y la mirada rabiosa del propio Mickey Rourke en ‘La ley de la calle’?

Cuando un actor brilla, se mete en nuestra piel, atraviesa músculos, cartílagos y huesos para colarse en nuestra médula. Y una vez dentro, la cosquillea, la retuerce, la arrasa. Hace con ella lo que quiere. Y lo hace con su propio cuerpo, con sus gestos, con su mirada. Sin más artificio que su persona. Él mismo se convierte en obra de arte, desencadenando una magia antigua cuyos resortes solo ellos manejan. Nos encantan como a serpientes.

Seguro que Mickey Rourke está estupendo. Seguro que está a la altura de su leyenda (y de su promoción).

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