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El Blog de Sergio del Molino

MOULIN AU LAIT CRU

Cenamos unos amigos la otra noche en un restaurante de la Inmortal. Todos periodistas, y pese a ello, con cierta entereza mental. El vino corre, la conversación se anima y alguien suelta:

"¿Vistéis el programa ese de Cuatro de 21 días, lo de la tía que quería ser anoréxica?"

Catacrac. Lluvia de improperios. Se calienta la charla, a ver quién la suelta más gorda. Entre las opiniones (publicables) que recuerdo:

-¿Pero de qué va esta tía y los de Cuatro?

-Estoy hasta las glándulas mamarias de este falso reporterismo-ficción de chichinabo.

-Vale, tía, no comes, ¿y qué?

-¿Alguien sabe de qué iba el programa?

-Pues yo la enviaba a Darfur.

En su primera entrega, cuando se hizo pasar por indigente, pensé que el "experimento" perdía todo su valor desde el momento en el que la tipa llevaba a un cámara y a un técnico a la chepa. Al margen de lo interesante o fatuo que pueda resultar el asunto, está claro que la presunta espontaneidad de los testimonios es más farsa que la farsa monea. ¿O vosotros conocéis a alguien que actúe con naturalidad cuando le enfoca una cámara? Pasa algo parecido con Callejeros, que la gente ya se ha acostumbrado a la fórmula y, en cuanto ven al reportero, actúan al estilo Callejeros.

Pero lo de la anorexia va más allá y se adentra sin rubor en el cenagoso mundo de la vergüenza ajena. Me da pampurrias ver a esa niñita pija diciendo "o sea" y "joder" (o "jopetas", ya no recuerdo) mientras cuenta: "Pues yo es que pensaba que iba a dolerme la tripa, o sea, ¿no? Y, o sea, pues como que no, es más una sensación como de buen rollo, ¿sabes?". Un discurso incisivo, concreto, descriptivo y, a la vez, elegante. ¿Cómo se puede fingir una enfermedad? Que no, tía, que no, que es ridículo.

Meterse en la piel de alguien no es eso. Si quieren que sintamos el drama de la anorexia o de vivir en la calle, el periodismo profesional tiene sobradas herramientas narrativas para transmitirnos las emociones, sentimientos, opiniones y rutinas de las personas que lo sufren. Se llama hacer un reportaje. Y si lo haces bien -y es difícil, ojo, hacen falta talento y oficio, dos cosas que no siempre van unidas-, el espectador empatiza y comprende a los personajes retratados. Desde luego, con quien no empatizo es con una niñata tontita que hace pucheritos mirando a cámara en la versión CEAC de un ejercicio del Actors Studio.

En esas estábamos en la cena, coincidiendo en estos argumentos y entonando un alegato romántico por ese viejo periodismo que usurpan las niñas pijas callejeras, cuando se hizo un breve silencio y nos llegó un ramalazo de la conversación de la mesa de al lado. Decían:

-¿Y vistéis cuando lleva ya tres días sin comer, lo mal que lo pasaba?
-Es que dicen que te puedes volver anoréxica de pasar sólo una semana sin comer.
-Jo, ya, y hay gente que hace páginas web para que haya más anoréxicas, con trucos y eso.
-¡Qué vergüenza!
-A mí, el programa me impactó mucho.
-Muchísimo, fue brutal. Qué bueno. Qué valor el de esta chica.

Nos quedamos callados. De repente, nos sentimos viejos, apesadumbrados y fuera del tiempo. Sentimos que no había lugar para nosotros en la galaxia, que nos habían arrollado para siempre, que no entendíamos una mierda del mundo que nos rodea.

Ya lo saben, amigos, mil millones de moscas no pueden estar equivocadas. Nosotros, desde luego, sí. Dan ganas de hacer mutis y retirarse a un caserío a hacer queso. El otro día vi en la televisión catalana una serie de la BBC titulada El mundo del queso, y creo que no se me daría mal cuajar una buena leche de vaca, diseñar un envoltorio rústico e ir de pueblo en pueblo por el Béarn vendiendo mis Moulin au lait cru (ya tengo el nombre y todo). No lo descarto.

Porque si el futuro es esto, el periodismo que yo hago está acabado:

 

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5 comentarios

s. del molino -

Cernícalo: la distribución va despacio. Las librerías no empiezan a hacer pedidos hasta que no ven las primeras reseñas, y el libro está recién salido. Pero en la Fnac se puede pedir, eso seguro.

Ángel: ¿y porno? El porno nunca decepciona, siempre está a la altura de tus expectativas.

Angel -

A mi los despropósitos de este mundo, hace tiempo que me superaron, y quedé anticuado y obsoleto. Desde entonces no me atrevo con semejantes programas de TV, y tan sólo veo capítulos sueltos de "la casa del reloj" y "barrio sésamo", bajados con la mula.
Insensatos, que sois unos insensatos ...
En cuanto a lo del queso ... todo se andará.

Cernícalo Primilla -

Que sepas que lo de hacer queso no es mala idea. Algunos llevamos tiempo pensando en el asunto.

Por cier ¿qué pasa con tu libro?, ¿nos tienes castigados a los de la capital?. En el FNAC les sale como novedad y no lo tienen y en la CASA DEL LIBRO no tienen ni puñetera idea...........

S. del Molino -

Yo apuesto por ello. Espero que pase también 21 días como presa de Guantánamo. Eso sí que molaría.

Anakrix -

A mí también me indignó bastante el programa. No me cabe en la cabeza que se pueda frivolizar así con una enfermedad, con la excusa de hacer un supuesto programa de investigación. Dejar de comer 21 días no es tener anorexia. El rechazo a la comida es el efecto más visible de la enfermedad, pero el verdadero problema de los anoréxicos es que algo dentro de su cabeza deforma la percepción que tienen de sí mismos y les hace verse gordos aunque estén a punto de morir de inanición. La anorexia es una enfermedad mental, no un ayuno consciente. Como dijo un amigo el otro día, si el programa sigue en esta línea, lo próximo podría ser '21 días como enferma de cáncer'. Y hala, que la niña esta se deje hacer una biopsia y se someta a un ciclo de quimioterapia. A ver qué nos cuenta...
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