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El Blog de Sergio del Molino

NOSTALGIA DEL CAPITALISMO SALVAJE

Incidiendo un poco en lo dicho en el anterior post, ¿no estáis un poco hartos de este capitalismo compasivo que nos ha tocado vivir? Añoro los tiempos del capitalismo salvaje, anterior al advenimiento de Al Gore, en el que los capitalistas te sodomizaban y te dejaban tirado en la cuneta sin preocuparse por tu suerte. Todo estaba claro, como en la cárcel: la parte sodomizante y la sodomizada comprendían su rol a la perfección y cada cual cumplía su parte en la farsa.

En el capitalismo compasivo, te sodomizan igual, pero cuando terminan, el sodomizador se enciende un pitillo, se recuesta, te besa en la boca y te pregunta si te ha gustado. ¡Y espera que sonrías complacido! Te compran flores, bombones y te dejan una notita cariñosa en la nevera. Qué asco. Personalmente, prefería los tiempos en los que me echaban a la calle a patadas. Prefería los tiempos en los que a Coca-Cola no le preocupaban mi felicidad ni mis arterias y en los que a Endesa se la sudaba si los hijos de mis hijos nacían sanotes o con cuatro brazos chernobilianos.

Señores capitalistas compasivos: ya nos damos por jodidos, no hace falta que monten teatrillos, que somos todos muy mayorcitos.

En descargo por esta bilis, y como todavía es el Día de la Mujer, aquí os dejo la columna que escribí esta semana en el MVT:

Albóndigas a la Nina

Este verano, paseando por lo que fue el Berlín oriental, acabamos cenando en un pequeño restaurante que se vendía como "el favorito de Nina Hagen en los 80". Esperé que la carta tuviera platos dignos del delirio post punk de Nina Hagen: lacasitos con virutas de serrín, tartaletas de mahonesa a la reducción de calimocho o litrona de cerveza helada al aroma opiáceo. Por supuesto, los camareros tenían que ser yonquis, y la limpieza del local... Pues eso, imaginaos.

Nada más lejos de mis prejuicios sobre el restaurante favorito del icono punk de la Alemania dividida. El local se llama Honig Mond, y es íntimo, delicado y elegante. Unas cuantas velas iluminan los veladores de mármol, varios espejos art-decó reflejan la penumbra y en una pared descansa un piano que seguro que animó muchas veladas décadas atrás. El Honig Mond es una institución berlinesa que se remonta a los felices años 20.

Pedimos la especialidad de la casa, la que tantas noches degustó la desquiciada dama punk: la 'Königsberger Klopse', unas albóndigas contundentes, grandes como puños, bañadas en salsa de alcaparras. Demoledora y deliciosa cocina tradicional centroeuropea. Difícil imaginar un plato menos apropiado para una artista punk.

No muy lejos de ese restaurante está la casa en la que Bertolt Brecht pasó los últimos años de su vida con su pareja, la actriz Helene Weigel, que atajaba el estrés cocinando grandes guisos pantagruélicos de su Austria natal. Su colección de utensilios de cocina todavía se conserva.

Nina Hagen y Helene Weigel fueron (bueno, Hagen todavía es, aunque nos cueste reconocerla) dos mujeres muy distintas con algo en común: su feminismo y su obsesión por estar siempre a la vanguardia y romper los corsés de la tradición. Y, sin embargo, cuando se echaba el telón, lo que más les reconfortaba era arrimarse a una humeante y tradicional marmita. Ellas celebrarían este Día de la Mujer en torno a una cazuela de 'Königsberger Klopse', y yo me sentaría a la mesa con ellas gustoso, sin importarme si esos vicios gastronómicos contradicen o confirman su imagen de mujeres modernas. Solo les diría: que aproveche.

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2 comentarios

Mario -

Pues sí, tenías razón, es chula. Pero claro, todo depende. A mí sí me pregunta si me ha gustado. A unos cuanto colegas, ná unos 4000 millones, les pregunta menos cosas. Esos siguen tragándosela sin vaselina ni mimos de después.

Carmen Santos -

Sergio, llevo algún tiempo entrando en este blog (también te tengo en mis enlaces de blogs favoritos), aunque hasta ahora no había dejado comentarios. Hoy rompo el silencio para comentarte que te esperan en mi blog (diasdementaycanela.blogspot.com) los premios Dardo y Blog de Oro por este espacio del que me confieso adicta.

Un abrazo
Carmen Santos

PD: Estoy con tus “Malas Influencias” y me están gustando mucho.
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