Blogia
El Blog de Sergio del Molino

CONEY ISLAND

CONEY ISLAND

Parece que el desbarajuste de estos días se va calmando un poco. Hoy puedo escribir un poquito del viaje. Me apetece.

Los que no hayáis estado por esos lares probablemente no sepáis que Nueva York son varias ciudades en una. No solo metafóricamente, sino sobre el papel. El monstruo conocido como New York City está compuesto por cinco distritos que tienen una autonomía administrativa enorme -y un callejero repetido: hay varias Quintas avenidas y varios Broadways-. Solo uno de ellos está en el continente, el resto son islas de un hiperurbanizado archipiélago.

Manhattan, con su forma alargada, es el corazón, lo que todos asociamos a Nueva York, con su Central Park en el centro -para eso es Central-, su negro Harlem al norte y su Downtown de rascacielos en la punta sur. En la isla oriental están Brooklyn y Queens, dos extensísimos y pobladísimos distritos. Brooklyn es industrial y rudo, con una fuerte personalidad, una fábrica de cervezas famosa en todo Estados Unidos y un acento peculiar. Es la patria chica de Frank Sinatra y de Woody Allen. Queens es residencial y tranquilo, con grandes bolsas de población irlandesa y judía (el doctor Fleischman, de Doctor en Alaska, es de Flushing, un barrio del norte de Queens). Al norte, en la única porción continental de Nueva York, queda el Bronx, con su pasado oscuro de violencia y represión policial. Al sur, sin conexión con puentes, Staten Island, una isla anodina, residencial y conservadora a la que solo se puede llegar en ferry.

Los visitantes apenas salimos de Manhattan. ¿Para qué, si en Manhattan está todo? Pero nosotros habíamos oído y leído los sugerentes y rudos encantos urbanos de Brooklyn, y como lo de subir al Empire e ir a la Estatua de la Libertad ya lo habíamos hecho en otro viaje, decidimos centrar nuestros pasos y miradas al otro lado del East River.

Efectivamente, Brooklyn merece un viaje por sí solo. Y de todo lo que hemos visto, Coney Island es de lo más alucinante.

Coney Island no es una isla en realidad, aunque tiene una playa, Brighton Beach, y un parque de atracciones vintage que cierra en invierno, pero por el que se puede pasear igualmente. En Coney Island vivió Woody Guthrie, el icono folk que fascinó a Bob Dylan y que tocaba una guitarra bautizada como "Máquina para matar fascistas". Su casa estaba en Mermaid Avenue, y cuando Billy Bragg musicó las letras póstumas de Guthrie, el disco resultante se tituló precisamente Mermaid Avenue.

El viaje en metro desde Manhattan a Coney Island dura algo más de una hora y se hace en gran parte descubierto. Por las ventanillas van desfilando viejas fábricas abandonadas y extensiones sin fin de apartamentos ruinosos y gasolineras con coches oxidados. Justo cuanto nos hartamos de tanta decadencia urbana, el tren llega al final de la línea. Bajamos despistados y amodorrados, y lo primero que vemos al salir de la estación es el letrero de la calle en la que estamos: Mermaid Avenue. Me viene a la cabeza la canción Ingrid Bergman, de Guthrie:

Ingrid Bergman, Ingrid Bergman,
Let's got make a picture
On the island of Stromboli, Ingrid Bergman.

Bueno, no estamos en la isla de Stromboli, pero estamos en Coney Island y yo tengo una cámara. Así que, let's go make some pictures!

Supongo que en verano, con miles de bañistas comiendo helados y la montaña rusa subiendo y bajando, el paisaje cambiará muchísimo, pero seguro que conserva algo de esa pátina marchita y fantasmal. Un largo paseo de madera junto a una playa inmensa. Las tablas crujen al pisarlas y la humedad del mar se mete entre la ropa. Te cruzas con muchas familias rusas que hablan en ruso, porque Brighton Beach es también Little Russia-by-the-sea, que se dan un garbeo por el lugar después de comer unos blinis con caviar en alguno de esos pequeños restaurantes donde la carta está escrita solo en ruso.

Hierros, óxido, perritos calientes y algodón de azúcar. Parece la cabeza de un niño triste el primer día de cole, cuando la playa cierra. Hay algo inquietante y terriblemente atractivo en Coney Island. La atracción de lo que fue, la pasión por lo roto.

En los letreros, apellidos italianos de otros tiempos. Emigrantes de otros siglos que se bañaban en esa playa sabiendo que ese mismo agua, si las mareas y corrientes eran propicias, podía haber bañado antes las playas de Calabria o de Sicilia. Apellidos italianos y alemanes e irlandeses y rusos. E hispanos. Advertencias en español de "prohibido bañarse". Silenciosas abuelas rusas sentadas con sus nietos. Letreros y más letreros de se vende y se alquila.

Emocionado, le hice esta foto a un callejón junto al parque de atracciones. "Dispara al monstruo", dice. Yo disparo con mi cámara al monstruo, pero el monstruo de hierro y madera está dormido, oxidado, agrietado y mustio. No hay que afinar mucho la puntería. Vuelvo a imaginarme a Woody Guthrie sentado en su ventana, triste y solo, escribiendo:

At my window, sad and lonely
Stand and look across the sea
And I sad and lonely wonder,
Do you ever think of me?

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

Headless woman delMalo -

Ey. Hola.
Estuve paseando por Coney Island hace unos 15 días. Cutre, cutreochentero, no sé, alucinante. En la playa aun había gente, pero en el parque de atracciones... Cuatro tiovivos, barquitas y movidas del estilo pobladas por la misma niña con cara de no tener cara de nada. Miraba a su madre, nos miró a nosotr@s, y volvía a mirar a su madre mientras el cacharro daba vueltas a velocidades infracaracólicas. Un colega ganó un Elmo de peluche disparando con una pistola de agua en la boca de un payaso para hinchar un globo (high technology). Había una noria, y "Ciclón", una montaña rusa super vieja (8 pavos el viaje). Pero lo mejor eran las caravanas... "La mujer más pequeña del mundo", "La rata más grande del mundo", "La serpiente más larga del mundo", y la mejor: "La mujer sin cabeza que sigue viva". Eran caravanas con una verja alrededor. Por 50 cents entrabas, o te asomabas. Las caravanas estaban forradas con artículos de periódicos que garantizaban la veracidad del milagro.
Que graciosos que son los coneyislandinos.
Lo de Shoot the Freak, lo de la foto, es como un paintball. El freak es un tío con un casco de moto y un panel (de estos de contrachapado de los de hacer cosas en tecnología) en las manos a modo de escudo; y lo de shoot es que tienes que dispararle con unas pistolicas. Creo que eran 3$ por cinco bolas. Cuando estuve, una familia (o extensa, o dos), estuvo jugando. El padre (un negro gigante), y dos niños (Joe y Mike) disparaban, y detrás la madre y la tía Jannis gritaban:
"¡¡Shoot the freak, shoot the freak!!".
Fuimos y volvimos en en metro y no vi por ninguna parte a los Warriors. O igual sí, pero ahora serán ancianos y habrán colgado los chalecos. Si no se muere a tiempo todo el mundo, hasta l@s más mejores, se agilipolla.
Salud.

Anakrix -

Solo un matiz, Del Molino. El disco 'Mermaid Avenue' es un trabajo conjunto entre Billy Bragg y ese maravilloso grupo llamado Wilco. De hecho, quien canta "At my window sad and lonely" es su vocalista, Jeff Tweedy.

María -

Idolatrado Sergio:

Se me mojan las bragas solo de ver lo bien que te espresas. Siempre tuya.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres