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El Blog de Sergio del Molino

CÓCTELES SOCIALISTAS

CÓCTELES SOCIALISTAS

Lo pasamos bien el viernes en la presentación de Malas influencias en Madrid ¿no? Buena gente, una librería estupenda y única en España (me habría fundido un sueldo comprando libros que sólo veía de refilón, pero que sonaban apetitosos solo por su lomo) y una noche primaveral. Nuestros anfitriones de Tres Rosas Amarillas se portaron estupendamente, no dejando que ninguna copa estuviera vacía de vino, sacando muchas cosas para picar y permitiendo la presencia de Santana, una perra de la que soy tío y que fue la que más comió de la fiesta.

Me permití aleccionar un poco a Óscar Sipán con su discurso de presentación: "No sé si al acto va a acudir una persona algo más que aludida en un cuento. Si la veo, te hago una seña para que no hables de él, porque no sé cuál va a ser su reacción y prefiero que lo descubra ella en la lectura".

Ya la había jodido. Le obligué a rehacer sus notas. Al final, no le hice seña ninguna, pero ante la duda, prefirió obviar ese cuento.

Óscar sí que habló mucho de lo directo que soy en mi escritura y de lo desatadamente autobiográfico que es este libro en algunas de sus piezas. Citando a un personaje mío, dijo que odio el eufemismo y el resto de maquillajes.

Yo, para llevar la contraria, que para eso era el autor, dije que no lo sentía así, que soy de natural pudoroso, que creo que tiendo a ocultar mucho más de lo que descubro y que me gustaría ser mucho más directo, que todavía doy demasiadas vueltas para llegar a los sitios. Sin ir más lejos, para llegar a la librería habíamos dado unas cuantas vueltas por las callejas de Malasaña. La línea recta no es lo mío.

Me emocionó mucho ver a tanta gente querida entre la limitada -espacio obliga- concurrencia. Me hubiera gustado dedicar un poco más de tiempo a charlar con cada uno de ellos, especialmente cuando empezó a correr el Cariñena y las mejillas se me enrojecieron por algo más que el rubor. No cito nombres por miedo a dejarme a alguien, que mi memoria es de piscifactoría. Me limitaré a los que salen en esta estampa de arriba (no pude hacer muchas más fotos porque se me acabaron las pilas, soy así de previsor).

En la foto estoy con Ivo y con Chela (y al fondo, a la derecha, asoma el perfil de Sipán dándole al morapio con elegancia y fruición). Ivo acababa de llegar de Alicante y apareció por las justas en la librería, y Chela brilló entre la concurrencia con su racial belleza malagueña. ¿Se me ve orgulloso de tenerlos como amigos? Llevamos detrás muchas noches y muchas alegrías y disgustos. Son de esas amistades que ni el tiempo ni la distancia alcanzan a cuartear nunca. Siempre están más allá de las contingencias.

A Ivo, que es un diseñador e ilustrador fuera de serie, le escribí la dedicatoria más soez de todas las que llevo firmadas, y me imagino que si alguna vez llego a ser algo en la literatura, cuando me muera se cotizará alto en las librerías de viejo: "Para Ivo, se me va la olla, cómeme la polla". Todo sensibilidad. A él le encantó, pues es una referencia a una noche insoportablemente etílica que compartimos no muy lejos de esa librería hace unos años. Con Chela fui más delicado y me curré algo con cierta altura estética. Hay que adaptarse a los gustos y necesidades del cliente.

A Santana no le firmé ningún libro. Ya era bastante feliz zampándose los trozos de tortilla que quedaban por los platos y haciendo monerías a los dueños de Tres Rosas Amarillas. A Santana la encontramos Chela, Dani y yo una madrugada de 2002 en la plaza de Santa Ana de Madrid. Era un cachorro pequeño, perdido y asustado. Temblaba de puro miedo. ¿De dónde había salido? ¿Se había escapado? ¿La habían abandonado? Yo no me la podía quedar, me tenía que ir a Zaragoza a trabajar, pero presioné para que Chela y Dani la adoptaran. Creo que es una de las mejores decisiones que han tomado nunca. Fue bautizada como Santana, en honor a la plaza donde fue rescatada, y muy pronto se convirtió en una perra grande, nerviosa, juguetona y muy cariñosa. A mí me ve poco, pero siento que me reconoce, que sabe quién soy y qué hice aquella madrugada en la plaza de Santa Ana. Lo noto en la forma en la que se acurruca contra mí y en la que reclama mi atención. Se merecía estar en la presentación del libro, aunque me robara el protagonismo, como de hecho hizo.

Cuando se acabó el vino, nos despedimos de nuestros maravillosos anfitriones libreros -después de dejarles el local hecho unos zorros- y nos trasladamos al vecino café Manuela, donde nos pasamos a la droga dura. En el Manuela, uno de los mejores antros de Madrid, hacen unos cócteles estupendos y no excesivamente caros. Yo, eufórico, me pedí un dry martini, a lo grande. Mario de los Santos, mi editor -junto a Óscar Sipán-, con un talante algo menos masculino, pese a su presencia gigante y viril, se tiró al daikiri (bueno, es un cóctel aceptable para un macho que se respeta, pero si se llega a pedir un mojito...) y descubrí que es tan entusiasta de los cócteles como yo.

-Yo tengo coctelera en casa -le dije.
-Toma, ¡y yo! -respondió-. Y medio litro de angostura que compré y no hay forma de acabar con él, porque sólo hay que echar unas gotitas cada vez.

Ahí estábamos, dos chavales de barrio educados en tradiciones izquierdistas y comunistas, hablando de nuestra mutua pasión por la coctelería decadente. Nos emplazamos a una sesión de cócteles. Para hablar de política y luchas sociales con vasos de diseño y líquidos de colores en la mano.

Eso fue el principio de la noche. Te cuento cómo empezó, pero no como siguió. Eso es parte de la crónica secreta. Sólo te diré que incluyó una recena con vino en la terraza de un ático con vistas a Callao y que, como cualquier velada memorable digna de serlo, la rematé durmiendo junto a una dama algo suelta y mimosa. Una dama que se pegaba a mí y me abría sus piernas para que le rascase los bajos y que me lamió la cara y otras partes del cuerpo.

Sí, la dama que no me dejó dormir era Santana. ¿Quién iba a ser si no?

ACTUALIZACIÓN DEL DOMINGO POR LA NOCHE:

He intentado colgar la foto, pero me da error, así que os remito a lo que ha escrito Ángel en su blog Fotos que importan, donde ha colgado una composición titulada Ensalada de color, que resume su estado de ánimo, eufórico, tras la presentación del viernes en Madrid. Este es el texto de Ángel:

El momento era especial, presentaba su primer libro de relatos cortos “Malas influencias”. Tras la presentación un abrazo, risas e intercambio de anécdotas entre todos los amigos que nos habíamos reunido. Terminamos en Manuela, en pleno corazón del barrio de Malasaña, tomando unas copas para celebrar el libro, el reencuentro, los proyectos vividos, los futuros... Creo que eso es la amistad, como una gran explosión multicolor de todo lo que se comparte, de las rarezas, las manías, los pareceres comunes y los que no lo son tanto. Como la fotografía que subo al post hoy, una “ensalada de color y formas”, una “explosión de amistad”.

Y justo ahora leo un mail de M. desde Alemania contándome lo emocionada que está tras recibir el ejemplar que le he mandado. Si al final me vais a hacer ponerme tierno y todo, con lo duro y arisco que me esfuerzo en ser...

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2 comentarios

julio cesar palacios arce -

esa paya estuvo rica cuando me la metiste senti que el mundo me benia encima

Santana -

Gracias, Sergio.
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