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El Blog de Sergio del Molino

FRENTE A LA CARGA DEL HOMBRE BLANCO

FRENTE A LA CARGA DEL HOMBRE BLANCO

Para el irlandofílico (más que irlandófilo) Rondabandara

Una historia curiosa. Cada 12 de septiembre, en la ciudad irlandesa de Clifden, en el condado de Galway, ondea una bandera mexicana. Lo hace en honor del Batallón de San Patricio, cuyo líder, el capitán John Riley, nació allí.

La historia se remonta a 1846. Siguiendo la senda del destino manifiesto hacia el oeste, Estados Unidos declaró la guerra a México para conquistar lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nevada, Nuevo México y Utah, de soberanía mexicana y, anteriormente, parte del Virreinato de Nueva España. En 1835 había caído ya Texas en manos de los anglos, después de la batalla del Álamo.

Entre las tropas invasoras de la unión había numerosos irlandeses recién emigrados. En los años 40 del siglo XIX Irlanda sufrió una hambruna terrorífica que provocó la primera oleada migratoria masiva a Estados Unidos. Los irlandeses se apelotonaban en las calles de Nueva York, provocando tensiones y peleas con los "nativos", como contó Martin Scorsese en Gangs of New York, y varios miles vieron en la guerra mexicana una oportunidad para ganar un dinero fácil, así que se alistaron en el ejército y partieron rumbo al oeste.

Pero ese dinero fácil no lo era tanto. Los irlandeses eran escoria para los anglos. White trash, aunque todavía no se había inventado esa expresión. Desconfiaban de ellos por su catolicismo y su "carácter inferior" y los utilizaban como carne de cañón. Así que no tardaron en identificarse con los mexicanos del otro lado de la trinchera: eran católicos, como ellos, y pertenecían a un pueblo oprimido por los anglos, como ellos.

Se dieron cuenta de que su causa no era la de Estados Unidos, sino la de los mexicanos que defendían su país, y no tardaron en desertar y en unirse a las fuerzas del presidente Santa Anna. Los mexicanos les recibieron con los brazos abiertos y formaron con ellos el primer batallón de la legión extranjera, el Batallón de San Patricio, cuya bandera es la que aparece arriba, con una inscripción en irlandés que significa "Irlanda para siempre".

Fue la desesperación de los desesperados ante la carga del orgulloso hombre blanco. Y, como todo acto de desesperación, acabó mal. En 1848, el Batallón de San Patricio fue derrotado y sus cabecillas, ejecutados. Los estadounidenses se ensañaron con ellos, les torturaron y les amputaron los brazos y las piernas. El escarmiento a los traidores, a los que dan la espalda al amo.

Los mexicanos, sin embargo, nunca han olvidado el gesto heroico y solidario de los irlandeses, y les recuerdan cada 12 de septiembre, día de las ejecuciones, y cada 17 de marzo, día de San Patricio. Hay muchas escuelas, calles e instituciones de México que llevan el nombre de Mártires irlandeses, y hay una placa conmemorativa en la sala principal de la Cámara de los Diputados de México D. F., al mismo nivel que las dedicadas a los héroes de la independencia y de la revolución.

Hay también una peli que cuenta su historia, One Man’s Hero, protagonizada por Tom Berenger.

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3 comentarios

Gilgamesh -

Pedazo de historia.
PD: esperando libro de Agapea, joder, que se ha atascado con otro que no tiene nada que ver.

Angel Corrochano -

Joder, Sergio, que historia más buena ... lo de los irlandeses es la pera. Les han dado leches por todas partes.
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