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El Blog de Sergio del Molino

EL PRESTIGIO

EL PRESTIGIO

Dice Enrique Vila-Matas de Coetzee:

No sólo puede soportar que haya escritores tan buenos como él, sino que, además, se molesta en aproximarse pacientemente a sus obras, sabiendo que semejante gesto no irá nunca en detrimento suyo, porque, por mucho que muestre la grandeza de los libros de otros, sabe que eso no perjudicará, no mejorará ni empeorará su propia obra.

Oh, alabado sea Coetzee, que, entre milagro y milagro, todavía tiene tiempo de compadecerse de una miserable prostituta e impedir su lapidación y de mostrar su faz más humana en el huerto de Getsemaní. No somos dignos de su grandeza.

¿Ser capaz de soportar que haya escritores tan buenos como uno es admirable? ¿Lo normal es desear que todos los escritores tan buenos como uno sean condenados a trabajos forzados en un Gulag literario? ¿Y si los escritores son -Coetzee no lo quiera- mejores que uno?

De verdad que no entiendo la frase de Vila-Matas (un tipo que me parece sensato, interesante y digno de ser leído la mayor parte de las veces, dicho sea de paso).

Los expertos en Shakespeare juegan a identificar las que llaman monday morning sentences, es decir, frases de lunes por la mañana. Como buen farandulero, a Shakespeare le iba la juerga y el trasnocheo, pero como también era un currito de las letras, se veía obligado a escribir en cualquier circunstancia. Incluso con resaca. Y hay varias teorías que atribuyen pasajes poco afortunados o especialmente pastosillos a esos duros despertares de después de la jarana, cuando uno se encuentra los jarros de vino sin fregar, un sujetador en el suelo y una chica cuyo nombre no recuerda en la propia cama.

Según cuenta Vila-Matas, este artículo empezó a fraguarse cuando volvió de Sant Jordi, después de almorzar "con un escritor pajarillo que confunde clase social y universo literario" y de ver reaparecer a novias de hace 40 años. Ante semejantes visiones, trabajos y sufrimientos, es comprensible que la corteza cerebral del autor barcelonés tuviera la consistencia de un yogur caducado. Habrá que atribuir ese sinsentido a una mala digestión de Sant Jordi.

Vale que ganar el Nobel puede dejarte tocado del ala. Miren, si no, al pobre Gabo. Pero de ahí a que nos tengamos que sorprender porque el pobre señor Coetzee siga leyendo autores que le gustan y los glose como le dé la gana, hay un trecho. ¿Y por qué iban a ir esos gestos "en detrimento suyo"? En todo caso, irán en beneficio de los reseñados, que tienen el honor de ser leídos y admirados por el gran Coetzee. ¿Desde cuándo la admiración ha supuesto desgaste para nadie? ¿Al admirar a otro, se desprenden partículas de prestigio de nuestro ser y se instalan en el del admirado? ¿Nos oscurecemos al deslumbrarnos por el brillo ajeno?

En cualquier caso, lo de Coetzee no me parece tan admirable porque apuesta sobre seguro. Miren la nómina de autores que glosa con generosidad en el ensayo que menciona Vila-Matas: Beckett, Walter Benjamin, Paul Celan, Faulkner, Musil, Josep Roth, Philip Roth, Bruno Schulz, W. G. Sebald, Ítalo Svevo, Robert Walser... Joder, así cualquiera. Así yo también proclamo mi admiración. Con semejante equipazo, a ver quién se atreve a toserme cuando digo que son escritores excelsos.

Venga, voy a hacer como Coetzee y voy a comprometer mi prestigio proclamando mi admiración incondicional por Homero, Cervantes y Dante. Tres chicos nuevos en los que nadie se había fijado.

El riesgo, a mi modo de ver, lo asume Mario Vargas Llosa -también citado en el artículo-. Vargas Llosa sí que se moja de verdad dando la alternativa a autores emergentes. El peruano ha aupado a más de un escritor semidesconocido cuyos libros le han gustado y no ha tenido empacho en apostar por ellos en sus piedras de toque de El País. Ahí tienen a Javier Cercas, por ejemplo. Vargas Llosa sí que compromete su prestigio recomendando a autores que juegan en las divisiones inferiores, él sí que se arriesga haciendo de ojeador y confiando en su buen gusto para reconocer el talento ajeno donde nadie se ha molestado en verlo.

Decir a estas alturas que Faulkner es excelso puede seguir siendo interesante, por más obvio que resulte. No digo yo que no sea estimulante leer a Faulkner con los ojos de Coetzee, pero, desde luego, no me parece admirable ni humilde en absoluto. ¿Qué prestigio va a achicarse glosando a semejantes fieras? El riesgo es apostar por un bollo a medio hacer que puede salirte amargo. De Faulkner... Pues ya sabe usted la admiración que se tiene en este pueblo por la obra de William Faulkner (Cuerda, en Amanece que no es poco, dixit).

Foto: Coetzee, por alusiones.

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2 comentarios

Anakrix -

De las tres que nombras, Severiano, sólo conozco el Ateneo de Buenos Aires. Es una librería maravillosa. Y, por lo que cuentas, tiene una ventaja sobre la portuguesa: aunque también es cita obligada de los turistas que visitan la ciudad, su gran tamaño hace que estos apenas molestan a quienes están allí para buscar libros.

Severiano -

Hablando de Vila-Matas y de libros. Acabo de pasar unos días en Oporto, donde se encuentra la librería Lello & Irmão, ejemplo vivo de cómo la fama puede resultar tóxica. Lo que se llama morir de éxito. Yo no conocía esa librería, que ha sido calificada por Vila-Matas –según una de esas afirmaciones que se repiten en Internet ad infinitum- como la librería más bonita del mundo. Según otra información, al parecer procedente del diario The Guardian, Lello & Irmão es solamente la tercera más bella del mundo: las dos primeras serían El Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires y Boekhandel Selexyz Dominicanen de Houten (Países Bajos). La librería portuguesa tiene a su favor que fue diseñada específicamente para esa finalidad, mientras que la bonaerense fue en su origen un teatro y la neerlandesa una iglesia.

Lello & Irmão es una librería espectacular, qué duda cabe, y podría ser un lugar encantador para los amantes de los libros (es bastante recogida, aunque en las fotos parezca más grande de lo que es y cuenta que una microcafetería de media docena de asientos), si no fuera por las bandadas de turistas de la invaden (la invadimos) hasta hacer penosa la estancia. A su fama de ser la librería más bonita del mundo –o la tercera- se ha unido el hecho de que sale en alguna película de Harry Potter, lo cual es un señuelo infalible para atraer a todo tipo de fetichistas.

El caso es que el público que llena la librería (un grupo de japoneses atentísimos, unos jubilados nórdicos tomando infusiones, una excursión de jubilados españoles, grupos familiares, turistas sueltos) está más interesado en hacer fotos que en mirar los libros, no digamos ya en comprarlos. Me di una vuelta por allí, hice las fotos de rigor y compré un par de libros. Salí pensando que si yo viviera en Oporto la librería Lello & Irmão sería la última que visitaría buscando un libro. Los fondos no tienen nada de particular (los mismos libros que en cualquier otra librería comercial) y la visita resulta incómoda a causa de tanta gente haciendo fotos, hablando y deambulando, sin ningún interés por los libros. Son mucho más interesantes otras librerías de la zona, dedicadas al libro de viejo y de ocasión (livrarias alfarrabistas), por ejemplo en la rúa Mártires da Libertade.

Entre Vila-Matas, The Guardian y Harry Potter han reconvertido una venerable librería en una mera atracción turística. Esto de Internet es lo que tiene.

http://www.slideshare.net/valerodrigues/livraria-lellooporto-1123241

http://www.leandroscuderi.com.ar/2008/07/15/el-ateneo-de-buenos-aires-la-segunda-libreria-mas-bella-del-mundo/

http://www.selexyz.nl/
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