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El Blog de Sergio del Molino

BARBAS A REMOJO

Me escaman las cuatro páginas de John Carlin publicadas en el encarte dominical de El País sobre el negro o nulo futuro de la prensa de papel. Primero, porque, con estar bien planteadas, no ofrecen nada que no sepamos ya, y segundo, porque El País lleva unos meses dándole mucha bola al apocalíptico fin de la prensa de papel. ¿Es que no se han enterado de que no se nombra la soga en la casa del ahorcado? ¿A qué viene tanto despliegue?

Quizá, pienso yo, que siempre pienso mal, viene a que hace poco pidieron a sus trabajadores que se bajaran el sueldo y los trabajadores, como es lógico, les dijeron que se lo bajaran los Polancos, que no son un dúo cómico.

Quizá porque cuando la redacción se declaró en huelga como protesta por el desmembramiento de la parte comercial de la empresa, la dirección publicó los salarios de los redactores en el periódico, dando a entender que eran una casta de privilegiados con nóminas abultadísimas que no merecían la solidaridad obrera de los lectores.

Quizá porque el grupo Prisa hace aguas por una serie de inversiones desastrosas, que incluyen el montaje de un canal de televisión en abierto que no genera publicidad ni espectadores, por la ruina caracolera de Digital Plus y por la pérdida del monopolio futbolístico. Y quizá -solo quizá- les viene muy bien la crisis de la prensa y mentar el lobo de su desaparición para echar sobre los hombros de los currelas de El País un marrón generado por una gestión nefasta.

No sé, a lo mejor es que leo demasiado entre líneas, pero las empresas suelen aplicar a rajatabla el dicho de no mentar la cuerda en la casa del ahorcado. ¿Se imaginan ustedes a Botín dirigiéndose a sus empleados y a sus clientes -sobre todo, a sus clientes- con el gesto descompuesto y gritando "sálvese quien pueda, la banca se hunde"? Aunque se hunda de verdad, jamás lo reconocerá abiertamente.

¿Por qué ese empeño de El País, sin igual en la prensa patria, por recordarnos a todos los periodistas del ramo que los días que nos quedan son una cuenta atrás? No hace ni un año que Prisa vendía un discurso "global", rimbombante y triunfalista, que iba a regenerar el lenguaje periodístico y llevarlo a cimas nunca vistas. Y ahora, a pelar las barbas previamente remojadas.

No nos engañemos: la cosa está muy malita. La prensa atraviesa un momento muy jodido y los que trabajamos en ella vivimos horas bajas. Todos. La desorientación y el mal rollo abundan cada vez más, conforme crece la desazón en los despachos directivos. Las curvas de ventas y de anunciantes no hacen más que bajar y nadie parece saber cómo parar la sangría. Y sin ingresos publicitarios, el chiringuito no se sostiene. Eso lo sabe Rupert Murdoch y lo sabe una tía mía que está sorda y no sale de casa. Así que claro que estamos preocupados. ¿A quién no le preocupa su sueldo?

Desde luego, maniobras trapaceras como las de El País no ayudan a que se encuentren soluciones. Y a mí, qué quieren que les diga, mientras me dejen, me gustaría seguir ganándome el pan con lo único que sé hacer bien en esta vida.

Me gustaría plantear más cosas en este debate, pero entiendo que, siendo parte interesada, no estoy en posición de hacerlo con honestidad. Solo puedo intervenir en términos generales, teóricos, hipotéticos y lejanos, hablando siempre de lo que les pasa a los demás, porque, obviamente, por elegancia, lealtad y sentido común, no voy a hablar aquí ni en ningún otro foro público de cosas de la empresa donde trabajo, o de asuntos y situaciones que la conciernan directamente.

Así que, una vez planteado este post, me inhibo en este tema. Me recuso a mí mismo, me aplico el régimen de incompatibilidades. Cremallera. 

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1 comentario

Mario -

Ay, esa publicidad... El silicio, la culpa la tiene el silicio
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