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El Blog de Sergio del Molino

PERROS CALLEJEROS

PERROS CALLEJEROS

(Antes que nada: sí, tengo esto manga por hombro, abandonadísimo. Hay hasta pelusas corriendo entre los posts. Me tendréis que disculpar. O disculpad al relojero que hizo los días solo de 24 horas. No doy más de sí, un poco de compasión. En cuanto pasen las ferias del libro volveré a mi ser natural, espero).

Tengo ganas de ver la exposición Quinquis de los 80, en el CCCB de Barna. Tiene buena pinta, y creo que frivolizará lo justito, porque el tema tiene hondura y garra para unas cuantas novelas que no se han escrito y que no creo que se escriban ya a estas alturas.

En mis comienzos plumífero-reporteriles, me obsesioné con entrevistar al Vaquilla. Había hecho algo. Le habían negado un tercer grado por reincidir de nuevo por millonésima vez y se pudría en la cárcel de Quatre Camins. Había vuelto a la actualidad por alguna razón, y yo quería aprovechar ese Pisuerga para publicar esa entrevista. Cursé mil solicitudes a Instituciones Penitenciarias de la Generalitat, casi me hice íntimo de su abogado y charlé a menudo con su novia (¿o era su esposa? Creo que estaban casados). Pero nada. Me lo denegaron. Lo intenté por varias vías, pero tenías que ser poco menos que íntimo del conseller de Interior para que te dejaran entrar en Quatre Camins con una grabadora. Y eso que él quería ser entrevistado.

Con los relatos de su pareja y de su abogado compuse un reportaje en el que volqué mi escasa pericia literaria, sin que se me fuera la mano con efusiones épicas y agitanadas. Localicé, con muchos sudores, al que era director de la cárcel de Teruel cuando él pasó por allí, y me contó muchas historias reveladoras de su personalidad. Y también leí Yo, el Vaquilla, la autobiografía redentora de un chaval que entró en la cárcel analfabeto y se hizo casi filósofo en ella. A través de la gente que le conocía, pude trazar un perfil despiojado de tópicos. Insuficiente, pero honesto. A ver si lo encuentro por el archivo y lo cuelgo por aquí. Tendré que revisarlo para ver si mereció de verdad la pena.

Tiempo después de aquel reportaje, el Vaquilla murió, pero yo pasé de unirme al chorreo hagiográfico. Respeté el dolor de su mujer y no la llamé para arrancarle cuatro frases, como sin duda hubiera hecho un periodista de raza, cosa que me precio de no ser. Entenderéis ahora que tenga ganas de ver la expo del CCCB, ¿no?

No dice nada bueno de los juntaletras de este país que no haya ni una novela -no ya buena, sino simplemente legible- sobre los manguis. Sí, está Últimas tardes con Teresa, a la que no osaré manchar con un solo pero (qué momento cumbre, qué escritorazo tan genial es Marsé cuando narra el amanecer en el chalet y cómo el Pijoaparte, que está en la cama abrazado a la niña rica que se ha follado, observa cómo la luz va dando forma a los bultos de la oscuridad, y de las sombras se va definiendo, clareándose, una cofia y un delantal puestos sobre la silla: qué batacazo se da el Pijoaparte cuando entiende que no se ha tirado a la niña rica, sino a la criada. Qué envidia da Marsé cuando hace esas cosas, qué cabrón), pero esa novela habla de otras cosas. Habla más bien de los protoquinquis, de los padres del Vaquilla.

En este caso, y sin que sirva de precedente, el cine español le ha ganado la partida a la literatura. Es muy raro, porque soy de los que piensan que en España hay muy buenos narradores pero unos pésimos cineastas, así que a los que inventan (¿inventamos?) ficciones se les tendría que caer la cara de vergüenza cada vez que un director les da un par de sopapos creativos.

Me refiero a José Antonio de la Loma y su trilogia Perros callejeros, Perros callejeros II y Los últimos golpes del Torete (y a su menos lograda secuela Perras callejeras y el documental Yo, el Vaquilla). El mejor cine de acción que se ha hecho nunca en España, a la altura de joyas como Asalto a la comisaría del distrito 13, de Carpenter, o The Warriors, de Walter Hill, rodadas por las mismas fechas al otro lado del charco (The Warriors merece un post aparte: es una adaptación de una novela de Sol Yurick que a su vez es una reescritura de la Anábasis, de Jenofonte, una tragedia griega clásica. En vez de dioses y héroes, en The Warriors hay pandilleros de Nueva York en los años 70. La peli termina con una apoteosis sangrienta en Central Park).

Por supuesto, la trilogía de De la Loma, aunque resultó muy taquillera y popular, fue debida y convenientemente despreciada por la crítica intelectualoide. Recibió esputos tanto marxistas como conservadores: hubo unanimidad en el denuesto. Es mi generación la que ha reivindicado la altura de estas obras, treinta años después. Quizá demasiado tarde, pues cuando De la Loma empezó a ver reconocido su trabajo en los medios intelectuales que antaño le escupían y empezó a gozar de los agasajos de jovenzanos cinéfilos, murió. El prestigio es una ramera que siempre llega tarde.

Quizá apreciamos el cine de quinquis porque ya no hay quinquis. Quizá necesitamos de cierta asepsia postmoderna para entender su tragedia. Sólo desde la limpieza más pulcra se puede gozar de la suciedad. O quizá es que ahora podemos ver esas pelis sin anteojeras y sin un murmullo populista de fondo, sin esos periodistas bienpensantes que denunciaban la inseguridad pública en titulares amarillos.

Por cierto, una nota localista: una parte de Perros callejeros II transcurre en Zaragoza, donde el Torete y su banda se refugian después de dar varios golpes en Barcelona y tener que salir de najas.

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3 comentarios

Sergio -

Aunque pasaré a verte por la Feria, un apunte de la intrahistoria zaragozana...
El Torete aparece grabado de forma indeleble en mi memoria en dos escenas: una, saliendo del restaurante Olimpo -situado en la calle Cingeio, que pertenecía a uno de mis mejores amigos y hace escasamente dos años cambió de dueños- y la terraza de la plaza de España donde, hasta ayer, se desplegaban las mesas de McDonald's y antes las de la Gamba de Oro. Que llevo 32 años ejerciendo de zaragozano, zaragocista... Pura memoria histórica.
P.D.2. Escuché, en días pasados, en el programa "La ventana", a la comisaria de la muestra: una catalana del 75 con predilección esa época, y comentó que trasladarán la muestra a La Casa Encendida. Dudo que llegué a Zgz... Ah, y participó un comisario que conoció a los quinquis... aunque en antena hubo disquisiciones filológicas respecto a este término.
P.D.3. Un abrazo!!! Cuando termine de una santa vez lo que llevo entre manos caerán esas cervezas prometidas...

S. del Molino -

Acepto barco pedante, Chelita. Por cierto, en breves pasaremos por Madrid, si nada lo impide. Compartiremos mantel o barra de bar, ¿no?

Chelita -

'Ultimas tardes con Teresa' es una gran novela, pero estoy de acuerdo contigo en que el Pijoaparte no alcanza aún (aunque poco queda) el nivel del Vaquilla y el Torete. A ver para cuándo ese post sobre The Warriors. Un apunte pedante: la Anábasis no es un tragedia, puesto que no es teatro, es un relato o novela histórica protagonizada por el propio Jenofonte junto a otros 9.999 mercenarios griegos
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