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El Blog de Sergio del Molino

INCESTO CARNÍVORO

INCESTO CARNÍVORO

Leamos, pues, ya que caminar no puedo.

L’agneau carnivore. El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos. Traducido por Adoración Elvira Rodríguez y exquisitamente editado por la editorial barcelonesa Cabaret Voltaire. Hoy me he terminado sus casi 400 páginas.

¿Os acordáis de Gómez Arcos? Hablaba de él aquí hace unos días. Ésta es la novela de la polémica, la que provocó una propuesta en el pleno del ayuntamiento de su pueblo, Enix (Almería), para que le retirasen el nombre de la calle que allí tiene dedicada.

Pues está bien la novela. Incluso muy bien a ratos. No es redonda, tiene muchos peros. Algunos, achacables a la época en que fue escrita (1974, publicada en 1975), síntoma de que ha envejecido mal por algunas aristas. Otros, a una inexcusable impericia narrativa. Se le va la mano, creo que Gómez Arcos no pensó muy bien algunas inconsistencias del protagonista-narrador (cuyo nombre se conoce en la última línea del libro), pero en general es una buena novela, merecedora de todos los elogios que se le han hecho.

Tiene un arranque y un desenlace fantásticos, pero flojea por el nudo. Es sublime cuando ahonda en los sentimientos más primarios del ser humano y sensacional en el trazo erótico, pero cuando se pone política, se desinfla en tópicos. El alegato más explícitamente antifranquista es ñoño, vacuo y facilón. Parece que le cuenta al público francés -país e idioma en el que fue publicada originalmente- lo que el público francés quiere oír sobre la España franquista, corroborando punto por punto la imagen que tenía en la cabeza. La única reflexión interesante y válida, sin envejecer, que encuentro en el libro sobre la guerra civil y la dictadura es esta:

Hace unos veinticinco años, el país se dividió en dos herederos rencorosos. Nunca se les ocurrió pensar que los demás íbamos a nacer. Pero nacimos. Y aquí estamos, con una herencia que rechazamos, con todas nuestras fuerzas, por ambos lados. Lo que significa, lisa y llanamente, que estamos desheredados.

Pero se puede pasar por encima de esto, no afecta al meollo de la novela.

El cordero carnívoro cuenta en primera pesona los primeros 25 años de vida del menor de dos hermanos de una familia terrateniente venida a menos en una ciudad de provincias que no se nombra pero que es Almería. El protagonista no abre los ojos hasta 16 días después de su nacimiento, lo que convence a su madre de que es un monstruo. Desposeído del amor de su progenitora, que decide enclaustrarle en casa para no mostrarle al mundo, y sin poder acudir a su padre -abogado republicano rescatado de la cárcel por la influencia de su suegro y que vive encerrado en su despacho recibiendo a sus escasísimos clientes-, el único sostén del protagonista es su hermano, de quien vive enamorado y con quien establece desde muy pequeño una relación de incesto muy tórrida.

Hay mucho Sade en esta novela. Pero Sade del bueno, del que ponía todo su empeño en escandalizar, en forzar los límites de los lectores más liberales desnudando el tabú. No se corta un pelo, y en ningún momento se cuestiona ni se condena -ni siquiera tangencialmente- el folleteo fraterno y el amor que se tienen. Es más: se condena el exterior. Frente a las sábanas donde los hermanos se aman -que huelen a membrillo-, frente a la ventana de su habitación, frente al jabón que usan para bañarse juntos al atardecer, se oponen una serie de imágenes de oscuridad: los curas que se empalman en el confesionario, la radio que emite soflamas franquistas, el profesor particular que desparrama su obesidad sobre el sofá... Es el mundo (el mundo franquista, la España franquista) el que es obsceno -en el sentido moral y en el sentido etimológico, lo que está "fuera de la escena"-, y no el amor de los dos hermanos, que se presenta luminoso y lleno de libertad rabiosa.

Funciona muy bien esa oposición. Gómez Arcos la maneja con mucha habilidad, especialmente al comienzo y al final, que son las partes más apetitosas del libro. En el nudo, el protagonista se desdibuja, no me lo creo. Tiene reflexiones políticas que no se corresponden con las de un chaval de 12 años que ha pasado su vida entera encerrada en casa. Se contamina demasiado de los juicios del autor, que le utiliza de portavoz de su rabia y de su visión de España, ahogándole y no dejándole crecer como personaje. Por suerte, hacia el final suelta el dogal, vuelve a dejar que exprese libremente sus sentimientos y acaba construyendo un personaje redondo, oscuro, contradictorio y salvaje. Muy interesante.

Hay en el ambiente de la novela un misticismo tenso, que no se disipa nunca, que busca una trascendentalidad que roza lo afectado. Aunque tiene momentos sublimes:

Puedes llegar como enamorado o como verdugo, estoy listo para recibirte. Más que nunca. Con todas las obligaciones que me da mi espera de ti. Pero no vengas como hermano para profanarme en el sacrilegio de la familia, porque, en tal caso, mi espera de ti exigirá sus derechos.

Hay también, igual que en el marqués de Sade, una constante reflexión filosófica sobre la moral católica:

Cuando se es verdaderamente católico, no se puede prescindir del pecado.

Pero, sobre todo -y ese es su valor principal si no eres un monje cisterciense o un meapilas con levita-, El cordero carnívoro es un libro bello. Muy bellamente escrito. A ratos hay poesía, frases que se encadenan con una musicalidad perfecta y morosa, que se despliegan como el rosal de rosas amarillas de la madre del protagonista.

Hay imágenes logradísimas, que son casi greguerías:

Y su alegría es siniestra. Como un disco del rastro.

Y descripciones de levantarse y aplaudir:

Tu cabeza de hombre pesa lo que una fruta madura.

Si queréis leer las partes guarrillas, comprad el libro. Están muy bien -y narrar un polvo es una prueba de fuego para un narrador: fijaos que muy pocos novelistas lo hacen bien, la mayoría prefiere pasar de puntillas y presentar el coito con cuatro imágenes de recurso-. De hecho, están tan bien, que este libro podría haberse publicado en La sonrisa vertical sin problemas.

Por unas horas, he matado el tedio. A ver con qué otra lectura sigo atizándole cuando resucite.

PS: Al parecer, voy a presentar una sección sobre literatura en un magacín de ZTV este verano. Debería empezar a emitirse el viernes que viene, pero dada mi situación médica, el estreno se pospondrá una semana. Ya os diré fechas y horas de emisión. Y, si puedo, colgaré aquí algún vídeo, para que hagáis risas a mi costa.

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2 comentarios

S. del Molino -

Iván: Creo que tienes un problema de comprensión lectora. Yo no he dicho que hablar de Franco sea un tópico, sino que hay formas tópicas de hablar de Franco. Y tampoco he dicho que no se pueda hablar. No entiendo qué has entendido mal de mi artículo, la verdad.

ivan -

¿por qué no se puede hablar del franquismo y no paramos de consumir postguerra alemana?
la transición no se acabará hasta que no desaparezca una generación como la tuya que piensa que hablar de un dictaror como Franco es un "tópico"
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