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El Blog de Sergio del Molino

MALDITO COHEN

Maldito, maldito, maldito seas. ¿Por qué has elegido el 15 de septiembre para venir a Zaragoza? Ese día pensaba estar disfrutando de mis merecidísimas vacaciones, tomando una cervecita bajo la sombra de la Alfama. ¿Por qué me vas a hacer volver corriendo para rendirte la pleitesía que mereces? ¿Por qué no actúas en Lisboa, donde quería estar ese día? ¿Por qué me harás atravesar toda la tórrida península el 15 de septiembre, y cambiar mi querido Tajo por el sucio y más que visto Ebro?

Lo haré. Por suerte, no pensaba irme muy lejos (circunstancias biológicas que contaré en su momento impiden que crucemos ningún océano este año). Así que allí estaré, disfrutando del rasguido cavernoso de tu voz, susurrando por lo bajo que Suzanne me sirve té con naranjas, que en un pasillo de Viena hay novecientas ventanas, que en mi lengua no queda nada salvo la palabra aleluya, que te recuerdo bien en el Chelsea Hotel, que todo el mundo sabe que los chicos buenos siempre pierden.

No puedo faltar, porque Leonard Cohen me enseñó a poner nombre a las cosas que sentía cuando ni siquiera sabía que las sentía. Desbrozó con su machete de versos la oscura fronda de mi adolescencia. Me enseñó que tras la oscuridad hay mucha más oscuridad, y que hay que zambullirse en ella. Me desvirgó sentimentalmente. Por eso, en las noches de escozor, siempre le he usado de analgésico. Es mi mejor cura.

Señor Cohen, le agradezco los cacharros que me ha traído: el mono y el organillo. He ensayado todas las noches, y ahora estoy listo. Espero que no me pille la policía del jazz.

Me he perdido ya demasiados conciertos este año. De este no paso. Y ahora voy a enchufar el tocadiscos y a escuchar eso de que primero tomaremos Manhattan.

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