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El Blog de Sergio del Molino

NO TODO VA A SER FOLLAR

NO TODO VA A SER FOLLAR

No lo digo yo. Lo dice Javier Krahe:

No todo va a ser follar.
Ya follé el año pasado,
a la orillita del mar,
con una mujer simpar,
que luego me dio de lado.
Lo recuerdo algo tocado,
pero sin dramatizar.

Pues sí, la verdad, no todo va a ser follar. No soy un mojigato, líbreme el doctor López Ibor. He corrido lo que todos, y por un polvo he hecho las tonterías que ha hecho todo el mundo. Incluso algunas de propina. Sí, y de las que da vergüenza evocar luego, también. Como todo quisque (sin llegar a los extremos de un amiguete que, cuando sacaba la billetera para pagar en la barra de un bar, dejaba ostensiblemente a la vista su carné de periodista de TVE, porque decía que trabajar en la tele es un imán sexual. No sé si le funcionó la treta alguna vez. Sospecho que nunca). Pero me niego a darle trascendencia al asunto. Mis errores, fracasos y frutraciones las recuerdo algo tocado, pero sin dramatizar, como Krahe.

Me fatigan por igual los curitas que se escandalizan de que los protagonistas adolescentes de Física o Química follen como las bestias en celo que son (adolescencia obliga, ahí no le pongo peros a la verosimilitud de esa serie que no he visto, pero que me han contao) como los que aspiran a alcanzar una suerte de nirvana a través de la conjunción de fluidos. Reprimidos y liberados histriónicos me cansan por igual. Y no porque yo me sitúe en un imposible justo medio, sino porque creo que nuestra generación ha alcanzado -con los sudores de todas las que nos precedieron- un grado de desenfado y naturalidad en su vivencia del sexo que hace vacua cualquier retórica milenarista. Decimos a los exaltados: "Ay, chica/chico, respira. Muy bien, te has corrido, has disfrutado, te lo has pasado en grande. Ahora, recuéstate y échate un sueño, no nos comas la oreja con que has alcanzado estadios de etérea ingravidez, que te has comprendido místicamente a ti misma/mismo y al conjunto de la humanidad, ni que Maha Vishnu te ha tocado con la punta de sus deditos (no eran los suyos, eran los míos, y tenía las uñas un poco largas y me olían a ajo, querida)".

De verdad, folla y deja follar. Sin lecciones, sin ridiculeces new age, sin posthippismos. Me carga mucho la gente que organiza orgasmos colectivos internacionales y los que, al enseñarte su casa, presumen de su variada gama de penetradores anales de sex shop y reproducen en sus conversaciones diálogos calcados de Sexo en Nueva York.

El otro día vi Shortbus. Bueno, no la vi entera. Cuando faltaba un cuarto de hora sucumbí al sueño. Qué tostonazo. Es una peli de 2006 que causó mucho revuelo porque mostraba, de una forma nunca vista en el cine convencional, polvos explícitos, con sus pollas erectas y eyaculantes, sus penetraciones Black and Decker, sus coños esplendorosamente abiertos, depilados y sin depilar, y su no discriminación por géneros ni razas: chico-chica, chico-chico, chica-chica, chico-chico-chico, sándwich triple y pizza calzone. De todo. Un catálogo porno completo, pero sin la etiqueta porno. Con pretensiones de autor, vaya. No quería excitar nuestras gónadas, sino nuestras almas y nuestras meninges. Y yo soy algo frígido de meninges. Con menos que diez poemas selectos de Paul Valéry y una sinfonía de Mahler, no me pongo a tono. Y para que el espíritu se me ponga tieso y reventón de verdad necesito ya un Thomas Mann o un chute gordo de Ezra Pound. Con esta peli, no llegué a tener las neuronas ni siquiera levemente morcillonas.

El título, Shortbus, alude a un local neoyorquino (supongo que ficticio) del barrio de Williamsburg donde se da rienda suelta al folleteo. "Es como en los 60, pero sin esperanza", resume la madame del garito, en una de las pocas frases memorables de la peli.

Chapeau por la osadía de mostrar a actores follando de verdad, sin ejecutar esas torpes maniobras que el cine puritano ha convertido en canon, cuya torpeza se subraya con oportunos raccords y músicas que pasan a primer plano. Me parece estupendo: cuando la acción transcurre en un restaurante, los actores comen comida de verdad, no fingen masticar ni se llevan el tenedor vacío a la boca. Así que, cuando el guión dice que toca follar, ¿por qué han de follar de mentira? ¿Por qué no nos obligan a imaginarnos que comen, pero sí que tenemos que imaginarnos que follan? A mí me resulta mucho más escatológica y desagradable a la vista la masticación salivosa de un gángster gordo en primer plano que un polvo bonito y excitante. En ese sentido, si Shortbus contribuye a normalizar eso y a hacer pelis un poquito menos hipócritas (aunque los papás saquen a sus hijos de la sala tapándoles los ojos), habrá merecido la pena.

Lo que no tengo tan claro es que Shortbus tenga algo más aparte de eso. La trama se compone de varias historias cruzadas, que se encuentran en el garito de Williamsburg y tienen el sexo como eje. Pero el sexo problemático. El sexo jodido, si me permitís este torpe esbozo de paradoja. No es gente que disfrute follando. Es gente que lo pasa mal, y que, cuanto más folla, más sufre. Parece que no le dan importancia, que viven en una orgía feliz y constante, pero, como los payasos, lloran por dentro. Mientras la veía, me llegué a plantear si no habría una moralina subliminal, si en el fondo no estaría ante una parábola bíblica, ante la segunda destrucción de Sodoma y Gomorra.

Me daban ganas de levantarme y decir, con el maestro Krahe: hijos, que no todo va a ser follar. ¿Habéis probado a ir a un concierto de Leonard Cohen? ¿Habéis probado a iros de juerga con vuestros amigos de bar en bar y beberos hasta el agua de los tiestos y exaltar vuestra amistad? ¿Y una partidita de ajedrez en la tasca del barrio? ¿Y preparar una rica cena no afrodisíaca para vuestros suegros? ¿Y visitar la catedral de León, con sus legendarias gárgolas? ¿Y diez largos en la piscina cubierta? ¿Y acabar al fin la novela de la trilogía de Stieg Larsson que tenéis en el baño para amenizar vuestro momentito íntimo con Micralax? ¿Y chatear con vuestra colega de Argentina? ¿Y pillar billetes de Ryanair para ir a Londres con vuestros hermanos?

En definitiva: ¿habéis probado a vivir? A lo mejor -y sólo a lo mejor-, viviendo con despreocupación e intensidad no impostada, el sexo deja de ser ese embrollo enorme e insufrible. A lo mejor deja de ser ese momento trascendentalmente brutal para convertirse en algo divertido. En algo gozoso. Porque sólo lo que se vive con normalidad puede convertirse en extraordinario. Si esperamos el éxtasis divino en cada polvo, viviremos decepcionados y falseados. Nada será realmente bueno. Nada merecerá la pena nunca. Todo será triste y frustrante: tu vida será como una canción de Enya reproducida en modo repeat. Venga, todos con Krahe:

También habrá que comprarse unos calcetines,
y habrá también que regar esos cuatro tiestos.

No todo va a ser follar, no todo va a ser follar.

Habrá que documentarse sobre los delfines,
y habrá también que firmar
-no todo va a ser follar-
muchos manifiestos.

No todo va a ser follar.

También habrá que invitar a una barbacoa,
y habrá también que acercarse hasta el quinto pino.

No todo va a ser follar, no todo va a ser follar.

Habrá que intentar cruzar Núñez de Balboa,
y habrá que ir a consultar
-no todo va a ser follar-
a un buen otorrino.

También habrá que admirar a la Mona Chita,
y habrá también que jugar a pares o nones.

No todo va a ser follar, no todo va a ser follar.

Pues eso, y si queréis el resto de la canción, en YouTube está.

Foto: fotograma de Shortbus.

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6 comentarios

Mario -

Uy, ya había alguna incursión francesa de los noventa que metían penetraciones reales en cine de autor. Sin hablar del dogma danés ese...
Yo, si soy sincero, como me ha dicho un amigo, follar no lo es todo... Cuando se folla.

S. del Molino -

Uy, qué mal escribir mi comentario anterior. Es que son las 3.30 de la mañana. ¿Qué coño hago en el ordenador? Me voy a la cama.

S. del Molino -

Yo es que tengo la sensibilidad de una ameba. La parte porno me gustó, aunque al final fatigue. Pero los personajes me parecieron todos unos pesados neuróticos. De esos tíos que te dan la brasas y monologan sobre lo atormentados que se están. No empaticé nada. Ni una miaja.

marmota -

Pues a mí me encantó, aunque la vi hace tiempo ya, en el cine.
Sí, se pasan tres cuartos de la película follando, pero más allá de eso me pareció una muy tierna, con personajes a los que dan ganas de abrazar y temas, como el de la inseguridad, muy reales, aunque estuvieran manifestados de una manera muy exagerada.
Eso sí, mi acompañante salió del cine indignado porque le habían vendido una peli porno con un cartel tipo Friends.

Javier López Clemente -

¿Y cuando dices que vuelves a caminar?

jajajajaj

Salu2 c´´orneos.

Anro -

El comentario a este post lo coloqué por equivocación en el post anterior.
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