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El Blog de Sergio del Molino

UNA GENTE IMPRESENTABLE

Como no suelo usar paraguas, ya tenía fichada a una especie depredadora urbana: las viejas lapa. Son señoras mayores, completamente equipadas contra la lluvia: chubasquero, paraguas, bolso hermético injertado quirúrgicamente en el brazo, bisutería inoxidable, permanente de casquete impermeable... Ni una sola gota les entra en el cuerpo. Parecen a salvo de las inclemencias, pero no les basta estar secas: tienen que conseguir que los demás nos empapamos. Sólo así alcanzan su nirvana de mala hostia particular.

En cuanto descarga la tormenta, los tontolabas que hemos salido sin protección buscamos el resguardo de los aleros y salientes de las fachadas. Pero las viejas lapa nos lo impiden. Las vemos venir de frente, herméticamente forradas, magníficamente aisladas de las inclemencias, pero pegaditas al breve alero que a ti te cubre. Cuando eres un novato, cuando no conoces el comportamiento de la vieja lapa, crees que se hará a un lado, ya que ella no va a mojarse si sale del alero. Pero no es así. Como si no te viera, ciega de furia depredadora, avanza recta y decidida, con un brío juvenil que no sabes de dónde sale de entre sus carnes marchitas. Cuando llega a tu altura es más que evidente que te va a arrollar si no te quitas de su camino. Así que, con cara de bobo, tienes que salir del tibio refugio y calarte hasta el cogote. La vieja lapa pasa rauda. No sólo no te da las gracias por cederle el paso, sino que es muy probable que pise con saña un charco para mojarte los bajos del pantalón y, si no andas bien de reflejos, ejecutará un brevísimo pero muy ágil giro de muñeca con el que te clavará su paraguas king size en el ojo.

Así me he quedado muchas veces yo. Descompuesto, empapado y sin ojo, mientras que, con el ojo que me quedaba, veía alejarse a la vieja lapa en pos de su nueva víctima, sin tiempo para que yo pudiera prevenirla.

Ahora que he empezado a salir a la calle con las muletas (ya sólo con una, por suerte, lo que es todo un progreso), me he dado cuenta de que las viejas lapa son sólo una especie más, y no la más peligrosa, de toda una fauna depredadora que gusta de ensañarse con los cojos y con las mujeres embarazadas. Me ha pasado ya más de dos y de tres veces: voy andando a paso de tortuga reumática por una acera estrechísima y me viene de frente una señora (casi siempre son señoras, de esas que se echan laca hasta en el bolso de Tous). Los dos no cabemos por la estrechísima acera. Uno de nosotros tendrá que bajar a la calzada para dejar pasar al otro. ¿Adivináis quién es el gilipollas que ha de ceder el paso, intimidado? Pues sí, el cojo manteca y calzonazos que suscribe. Cuando la colisión es inevitable, echo la muleta a la calzada, la bajo (operación que me cuesta cerca de medio minuto), me agarro fuertemente a lo que pillo para que el vendaval de perfume de Gilca no me tire al suelo cuando pase junto a mi y, una vez que la señora ha podido seguir con comodidad su camino, vuelvo a subir a la acera (operación que me cuesta otro medio minuto).

Yo creo que lo disfrutan. En serio. Creo que ven a un cojo a lo lejos y piensan: "Mira qué bien, vamos a tocarle los huevos. Hoy me voy a ir contenta a casa: he fastidiado a dos cojos, a un chico que iba en silla de ruedas y no he dejado sentarse en el autobús a una embarazada de ocho meses. Que, encima, era rumana. Que se jodan todos". Y se sientan satisfechas a ver el capítulo correspondiente de Amar con huevos revueltos.

Estos días me estoy dando cuenta de una virtud propia que no conocía: soy amable. Incluso cojo, tiendo a ceder el paso con una sonrisa. Me sale solo. Es cuando llevo la mitad de la maniobra hecha cuando me doy cuenta de lo gilipollas que soy, de que es a mí a quien deberían franquear el paso. Pero es que no me cuesta trabajo. Me sale natural. Como me sale natural atender con una sonrisa a los que me llaman al periódico, o decir "por favor", "gracias", "disculpa" y "no querría molestarle". Creía que eso era lo natural. No tengo que forzarme a ser agradable con la gente, sean o no extraños. Pero veo que no es normal en absoluto. Resulta que es una virtud más escasa de lo que pensaba. La gente tiende a ser borde, especialmente con quienes son más débiles que ellos. Sólo son amables cuando van al banco a pedir una hipoteca o aspiran a un ascenso en el curro.

Dios, la de bordes amargados con los que tengo que lidiar a lo largo del día. Como todo el mundo, me imagino. Animales de bellota que justifican su hediondez social porque no les gusta su trabajo, porque llevan los calzoncillos del revés, porque el Madrid ha vuelto a perder o porque Mari Puri le ha vuelto a dar calabazas. Anda y que les den por el orto a todos. Cada día os soporto menos. Cada día aguanto menos a la gente que responde con un gruñido a mis buenos días y a esos compañeros de trabajo con los que no puedo mantener una conversación civilizada y normal porque se ponen a berrear a la mínima (curiosamente, siempre con sus iguales o inferiores, nunca verás que se dirijan a gritos al director general: parece que su amargura es descendente y clasista).

Que os den, panda de biliosos cabrones. Me voy a forzar a ser borde: la próxima vez, no me bajo de la acera. Que se atrevan las señoras a tirarme al suelo de un bolsazo de Tous si quieren pasar.

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7 comentarios

Javier López Clemente -

jajajaa Bisutería de acero inoxidable para los días de lluvía, es un excelente recurso para mi próximo regalo.

Y vaya entrenando, en cuanto baje este sol de justicia voy a ir a buscarte por esos alerones zaragozanos, cuando nos crucemos reza que te va a hacer falta, soy yo, el de sombrero de ala ancha de medio lao...

Salu2 córneos.

S. del Molino -

Se puede comentar lo que se guste, faltaría más. Sólo invitaba a no sufrir si los contenidos de esta web resultaban molestos. Me alegra que no sea el caso. Saludos y gracias (por cierto, ¿podemos tutearnos? Es cansino el trato de usted. Como broma, al principio, está bien, pero se agota enseguida).

identico -

no creo que deba hacerle caso, señor, pues su furia hacia mi no está justificada. conozco la consecuencia de leer blogs personales y no me choca el onanismo que los define. así, le recomiendo que haga más caso a la palabra que inicia mi respuesta: "estimado".
no hay retintín en mi comentario, sino loa a su bonhomía y amabilidad, y la recomendación de que, siendo estas virtudes tan escasas en estos tiempos, no deje de cultivarlas.
me choca que me invite a no visitar su blog si me molesta -como he dicho, no es el caso- cuando en unos post anteriores yo mismo le decía que no fuera a ver las películas de allen y coppola si no le satisfacían y usted, cargado de razón, aducía que las obras eran públicas y por tanto susceptibles de crítica. le contesto con sus palabras que al igual que usted tiene el derecho de publicar lo que le apetezca, el resto lo tenemos de réplica a sus palabras, sin franquear nunca, claro está, la frontera del buen tono y el respeto -cosa que a mi juicio no se ha producido- si en todo o en parte mi comentario le ha resultado ofensivo, delo por no efectuado, ya que no era esa mi intención.
seguiré pues mirándo su blog ocasionalmente y comentando lo que desee, ya que ha quedado clara mi falta de ánimo contra usted. le deseo, mientras tanto, una pronta recuperación de su tobillo.

S. del Molino -

José: no sé yo... Prefiero no poner a prueba la amabilidad de los desconocidos. A ver si encima me van a robar la cartera o algo.

Chelita: pues un esguince equino. El médico me acaba de condenar a otra semana más de reposo y rehabilitación (y me ha echado la bronca, porque yo pretendía que me diera el alta ya). Llevo un bulto en el tobillo del tamaño de una sandía.

identico: ¿Noto retintín en su "estimado onanista"? No creo que usted esté tan al tanto de mis hábitos masturbatorios como para saber si tal epíteto me define. Supongo que lo usa en sentido figurado. En tal caso, si tan detestable le parezco, no me lea. Obviamente, un lugar que se llama "El blog de Sergio del Molino" es para hablar de mí y de mis cosas. Si mis cosas y yo le causamos repugnancia, no sé por qué pierde el tiempo por aquí. Más tonto es usted. En el magma de internet hay sitios más instructivos donde el ego del autor no asoma. Aquí no tengo más que ego para ofrecer. Yo, desde luego, no me paseo por los blogs ajenos que me desagradan metiéndome con sus dueños. Con no visitarles, me considero en paz.

identico -

estimado onanista: ya que conoce una virtud rara y escasa como la amabilidad, no la pierda, hombre. consérvela y difúndala, a ver si cunde el ejemplo entre los prisioneros de los tiempos actuales.

Chelita -

Sergio hijo qué te ha pasado en la pierna? Hace no mucho tu encuentro con el calefactor, ahora esto... A ver si vas a ser descuidado con tus órganos

José -

Lo primero un saludo Sr. del Molino, según leo su artículo, recuerdo que hace unos años una amiga, ostensiblemente embarazada primero y luego con cochecito de bebe, me contaba su misma historia, yo no me había percatado porque en mí también es natural ceder el paso, pero luego he observado este fenómeno y he llegado a la conclusión de que también hay una cuestión de velocidad, si usted frena un poco o se para en lugar de apartarse, será la otra persona, en mejor condición física y que tampoco quiere variar su velocidad, la que le cederá el paso; casi nunca hay colisión. En cualquier caso, si le veo con muleta espero cederle el paso y le deseo una pronta recuperación.
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