Blogia
El Blog de Sergio del Molino

THE SOUTH WILL RISE AGAIN!

THE SOUTH WILL RISE AGAIN!

Hi, my name is Michael P. Hinson and I came from Abilene, Texas.

Lo dijo con su voz indescriptible, que a ratos sonaba con la guturalidad de un Leonard Cohen y a ratos se desgarraba como si el polvo de todo un desierto se le incrustase entre las cuerdas. Profunda, grave, única. Es una de esas voces a las que no les importan tus oídos, porque no les hablan a ellos, sino a ese conglomerado de vísceras que llevas dentro y que sientes cómo se eriza y encabrita bajo la vibración de su poderío vocal.

Cuando sacaron el banjo me dieron ganas de ondear una gran bandera confederada y gritar vivas al general Lee: "Yeah, damn fucking yankees: the South will rise again!".

(Para los que no han cursado Educación para la Ciudadanía en inglés: "Eso es, malditos putos yankis: ¡el Sur resurgirá de nuevo!")

As seen on Gone by the wind, podría haber añadido.

Esto no lo traduzco, señorita Escarlata.

¿Que de qué fucking demonios estoy hablando? Del acontecimiento del verano en Zaragoza: el concierto que dieron en las Playas del Ebro los adrenalíticos y reconcentrados The War On Drugs y el intensísimo y atormentado Micah P. Hinson. Un lujazo a precios irrisiblemente verbeneros (12 euritos de nada). Un regalazo al que los zaragozanos no hemos hecho aprecio, a juzgar por los cuatro gatos mal contados que nos esparcimos por la arena de las playas, frente al escenario acuático y bajo la noche negra y espesa.

Me cabreé con esta inmortal ciudad de paletos. Me retracté mentalmente de algunas de las críticas más duras que he lanzado desde mi columna de los viernes a la gestión cultural municipal. La culpa no es de los gestores, es de los ciudadanos: si el ayuntamiento se esfuerza por programar este conciertazo, cuyo cartel no creo que pueda verse en ninguna otra ciudad de España, lo financia para dejar la entrada a un precio casi simbólico, y luego no va ni el Tato, es que esta ciudad está poblada por paletos sin remedio, carne de espectáculo de José Luis Moreno.

Sin remedio alguno.

Tíos: somos 700.000 habitantes y subiendo.

Con una universidad potente que da mucha población estudiante.

Con mucha gente joven.

Demográficamente, las cuentas no salen: el concierto de anoche tendría que haber sido un exitazo. Lo hubiera sido en cualquier otra gran ciudad europea. ¿Qué otra cosa mejor se podía hacer en Zaragoza anoche que irse a las playas a cervecear bajo el cielo negro mientras se disfruta de un conciertazo mayúsculo? ¿Dónde estaba la chobenalla? ¿Sudando y bebiendo garrafón en los garitos infames del Casco Viejo? ¿Todos se habían ido a la playa de Salou?

Si yo fuera responsable cultural del ayuntamiento, ayer me habrían dado la confirmación definitiva. Me aplicaría el refrán de no está hecha la miel para la boca del asno y no me rompería la cabeza programando exquisiteces como ésta, a las que nadie hace aprecio.

Jotas y Marianico el Corto, que parece que es lo que gusta de verdad. The War On Drugs y Micah, que se los lleven a otras ciudades.

Qué duro es esto, de verdad. Siempre quejándonos de que no hay nivel, y cuando se esfuerzan por poner alto el lisón, escupimos sobre él. ¿En qué quedamos? ¿Por qué menudean tantas quejas de que esto es un páramo, si cuando hay algo majo sólo vamos los cuatro de siempre? Saludé a un montón de gente y entreví bastantes caras familiares. Los que coincidimos en todos los saraos. Ni uno más, ni uno menos. Siempre estamos los mismos, esto no cambia, el círculo no se amplía, llueve siempre sobre mojado, pero no arraiga nada.

Y no, no me vengan con que son grupos de minorías. ¡Y una mierda! Para minorías son los conciertos del Audicón -que también se los van a cargar-. Esos sí que están pensados para el disfrute de los alumnos de séptimo de conservatorio y para los melómanos enfermizos. Pero la programación de las playas es popular. ¿Qué hay más popular que el rock? ¿Qué tiene de inasimilable por las masas el guitarreo de The War On Drugs, con sus destellos dylanianos y progresivos? ¿Alguien me puede explicar qué barrera intelectual se impone entre la voz de Micah y cualquier oído con sus huesecillos intactos? ¿Hace falta tener una licenciatura en Filosofía para emocionarse con las canciones sureñas y marismeñas de este monumento del folk-rock?

Vamos, hombre.

Item más: si un cojo en rehabilitación que camina a 100 metros por hora y una embarazada con barriga prominente pudieron ir al concierto anoche, puede ir cualquiera. No hay excusas: si no estuviste, fue porque, simplemente, no te dio la gana, porque más fácil ya no lo pueden poner.

Perdón, ya me he desahogado. Luego cuento algo del concierto en sí, que para mí ha sido el mejor del año en la ciudad después del de Caléxico (en el que había más gente, aunque era considerablemente más caro).

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres