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El Blog de Sergio del Molino

IMPOSTURAS

IMPOSTURAS

Hace un tiempo leí El adversario, de Emmanuel Carrère. Es una especie de docudrama en forma de libro que cuenta la historia de Jean-Claude Romand, que en 1993 conmocionó a Francia entera. Romand mató a su mujer, a sus hijos y a sus padres, y luego intentó suicidarse, pero no lo consiguió. Todavía cumple condena.

Les mató por una razón muy sencilla: estaban a punto de descubrir que era un impostor. Un impostor absoluto, el mayor impostor que ha dado la historia.

Oficialmente, Romand era médico y trabajaba en la OMS en Ginebra. Vivía muy holgadamente en las afueras francesas de la ciudad suiza, en barrios acomodados de funcionarios internacionales. Padre amantísimo, amigo entrañable y querido, figura destacada del vecindario, hijo dilecto...

Pero Romand no era nada de eso. Un día, mientras estudiaba medicina en Lyon, se bloqueó. No pudo presentarse a un examen. Y, a partir de ahí, empezó a fingir. Siguió yendo a la facultad pese a que ya no estaba matriculado. Fingió terminar medicina, se casó con una compañera de la facultad y entabló una estrechísima amistad con otro compañero. Fingió que se iba a hacer residencias que nunca hizo en hospitales de otras ciudades, y un buen día le dijo a su familia que le habían contratado en la OMS y que había que mudarse a las afueras de Ginebra.

El dinero para mantener su tren de vida lo consiguió estafando a familiares y amigos. Les decía que podían invertir sus ahorros en jugosas cuentas de bancos suizos que, puestas a su nombre, y dado que él era funcionario internacional, darían muchos réditos, pues podía contratarlas en condiciones muy ventajosas. Sableó a sus padres, a sus suegros, a sus amigos, a todo el que pasaba por allí, y con su dinero pagó la casa, el coche, el colegio privado de sus hijos y los caprichos de su mujer.

Por las mañanas, cogía el coche y decía que se iba a trabajar. Conducía hasta algún bosque y allí pasaba ocho o nueve horas, hasta que llegaba la hora de volver a casa.

Nadie sospechó de él nunca. Se pasó años y años en un equilibrio inestable. Su mujer no miró nunca los extractos de la cuenta, nunca descubrió que no tenía una nómina, que no había ningún despacho suyo en la OMS. Nunca le llamó al trabajo, nunca conoció a su jefe ni a sus compañeros de la OMS. Ni siquiera se extrañaban de que, cuando necesitaban un medicamento, él no se los recetase y tuvieran que recurrir a otros médicos.

Una increíble recua de casualidades mantuvo su farsa muchos años.

Hasta que el dinero empezó a escasear.

Hasta que empezaron a reclamarle esos ahorros que había invertido en Suiza y él no podía devolverlos, porque se los había gastado en la casa, en el coche, en el colegio privado de sus hijos, en los caprichos de su mujer.

Hasta que el director del colegio le dijo a su esposa que había llamado a la OMS por un asunto escolar y le habían dicho que allí no trabajaba ningún doctor Romand.

Su mujer empezó a sospechar, pero antes de que pudiera descubrir nada, murió.

O eso se cree, porque no se sabe si la mujer murió sabiendo la verdad o engañada.

Carrère se carteó con Romand desde la cárcel, y de esa correspondencia, y de la turbia fascinación que el escritor sentía por el farsante, surgió El adversario, que es un libro soberbio, breve, sintético y significativo. Me gustó mucho.

En 2002, un español decidió llevarlo al cine (hay versión francesa también, pero no la he visto). Lo tituló, supongo que por cuestión de derechos, La vida de nadie, y situó la acción en Madrid, con un falso economista en lugar de un falso médico.

El prota era José Coronado. Y sale una jovencísima Marta Etura, correteando desnuda para alegría de todos. La única alegría de la peli.

La vi el otro día y pensé que si Romand hubiera tenido que mantener su tinglado con las limitadísimas dotes escénicas de Coronado, la broma no le habría durado ni un día. No habría engañado ni al conductor del autobús.

Terrorífico, de verdad. Una película olvidable. No es que empeore el libro, es que defeca sobre él.

Recordé a mi querido John Banville, que ha hecho de la ficción de la identidad el eje de su obra. En Imposturas, en El intocable, en El mar. Libros donde personajes que han suplantado otras vidas están a punto de ser descubiertos. Espías, prófugos, simples farsantes.

Y recordé F For Fake, el falso documental de Orson Welles sobre la vida de Elmyr d’Hory, el mayor falsificador de cuadros de todos los tiempos. Se cree que todos los grandes museos del mundo tienen al menos un Picasso, un Matisse o un Modigliani falsos que, en realidad, son verdaderos D’Horys. Welles le utilizó para componer un sofisticado juego sobre la identidad.

Pensaba todo eso mientras veía a Coronado perderse en la inmensidad de su propio personaje, cagado sin necesidad de comer yogures.

Qué triste.

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9 comentarios

jeff -

Hay una adapción francesa del mismo libro protagonizada por Daniel Auteil, igual es mejor y todo...
Por cierto Coronado cada vez se parece más a Julio Iglesias.
Por cierto, para cuando un post sobre el gran Julio

S. del Molino -

Efectivamente, si hubiera nacido en Winsconsin, en vez de en España, la tendríamos hasta en la sopa, nos la venderían como la nueva Scarlett.

Sergio -

Sergio, ¿no tendrás por ahí, olvidao, el teléfono de la Etura?
Es un mito...sí, coño, erótico.

S. del Molino -

No, hombre, no me refería a esa obra maestra. Me refería a "Los Serrano" mexicanos, que sí que son malos.

Enrique -

Supongo que no dirás en serio lo de "Los Serrano", donde Fiti desplegaba sus dotes actorales y Fran Perea luchaba con una guitarra, española como la que más, contra el "tedium vitae" de una tarde en un bar-charcutería.

S. del Molino -

Rondabandarra: sí, señor, ay omá qué rica. "Juegos de la edad tardía" no la he leído. Siéntolo.

Severiano: lo de ese tío tenía un nombre: gilipollismo agudo.

Enrique: hombre, la película no era tan mala comparada con 'Los Serrano'. No es que la peli fuera espantosa en sí. Lo que era espantosa era la interpretación del ilustre cagón comeyogures.

Enrique -

Vi esa película hace tiempo, pero no la recuerdo mucho, no la recuerdo tan mala, vamos. No sé. No sabía que, detrás de ella, había todo esto, sin duda más interesante, eso sí.

Severiano -

Hace muchos años una mujer joven llegó a casa a media mañana porque se había sentido enferma en el trabajo, cosa que le ocurría por primera vez desde que se había casado, unos meses antes. Abrió el buzón y recogió la correspondencia. Miró sin mucho interés los extractos bancarios, porque siempre los repasaba su marido, que llegaba a casa antes que ella. A la mujer le dio un vahído al ver la existencia de unos créditos y unas cuentas de las que ella no tenía la menor idea. El caso es que su marido, que trabajaba en la base americana, era famoso entre las amistades porque alardeaba de comprar en la base electrodomésticos muy baratos que los americanos le vendían en plan favor personal, un rollo de colegas. "Si necesitas un frigorífico yo te lo saco de la base a mitad de precio", decía. La gente, claro, le encargaba lo que hiciera falta, y en efecto les salía a mitad de precio. La diferencia la ponía a escondidas el colegui, que estaba entrampado hasta las cejas y de paso había entrampado también a su joven esposa, que firmaba todos los papeles que el otro le ponía delante. El divorcio fue inmediato, por supuesto. Y esta historia es real y sucedió en Zaragoza.

Rondabandarra eturiano -

Efectivamente: qué mierda de peli y qué rica está la Etura.
Como ejemplo nacional estaría "Juegos de la edad tardía", ¿no?
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