Blogia
El Blog de Sergio del Molino

HACERSE VALER

Esperando a entrar en maquillaje el otro día en la tele. En la salita, coincido con otra gente que tiene que entrar en plató después que yo. Ellos son invitados, yo voy a hacer mi seccioncita de recomendaciones literarias (viernes, a partir de las 21.00, en ZTV, con Sonia Cameselle, en sustitución de mi admirada y querida Pilar Estopiñá, que anda ya de vacas; no sé qué dial de la TDT tiene el canal, la verdad).

Mis compañeros de cuartito son diseñadores gráficos, ilustradores. Como diría mi amigo Ivo, también ilustrador y diseñador gráfico, "tíos dididisaign". Han ganado algo, por eso les entrevistan. No se conocen, pero se gustan unos de otros, y una chica comenta sus trabajos con la boca chica: "Bueno, yo he hecho unos dibujicos...". Ipso facto, el que lleva la voz cantante, le recrimina su modestia: "No, mujer, así no te puedes vender. Lo que haces no son dibujicos, son obras sensacionales, si no valoras tu trabajo...".

Me dan ganas de terciar, pero la maquilladora ya me ha agarrado y me embadurna el careto con paletadas de ese potingue que te ponen siempre en la tele y cuyo olor tarda en irse un par de días.

Recuerdo que en la facultad, un profe nos dijo esto mismo, en un discursito a lo Fama: "Tenéis que haceros valer. Las críticas, de puertas para adentro. Quejaos aquí de la formación de mierda que habéis recibido y de la mediocridad ambiente de los medios de comunicación, pero proyectad una imagen de seguridad, convencedles de que sois los mejores".

Que nunca hay que mostrar las dudas y los titubeos, vaya, que hay que ir de frente y con paso firme aunque no sepamos hacia dónde queremos ir.

Pues no estoy de acuerdo.

Creo que esas actitudes sólo sirven para alimentar el corporativismo en el que fermenta y crece la mediocridad ambiente, pero no ayudan en nada al desarrollo, al aprendizaje y al crecimiento profesional de nadie. Si quieres destacar en un ámbito no puedes aplastar ese ámbito bajo tus botas soberbias. Tendrás que entrar en él con humildad y con los ojos bien abiertos, dispuesto a meter la pata y a persistir en el viejo e infalible método del ensayo y el error. De la otra forma, quizá logres epatar a algún jefecillo ignorantón y puede que deslumbres a tres o cuatro lerdos, pero te estarás engañando a ti mismo.

Es una buena estrategia si tu único objetivo es epatar a jefecillos ignorantones y deslumbrar a tres o cuatro lerdos, pero no creo que nadie con vocación y amor por su trabajo se contente con eso. Es una buena estrategia para colocarse cómodamente entre los chupatintas, para ser el monarca tuerto en el país de los cegarrutos, pero nada más. Si eso es todo lo que buscas, adelante.

La alternativa es chunga. Renunciar al automarketing y a dedicar más esfuerzo a la promoción de tu trabajo que al trabajo en sí mismo es ingrato. Es más gratificante diseñar un buen PowerPoint con muchos gráficos de colorines y despliegue de neologismos que pensar un proyecto de verdad. Mientras los vendedores de humo pasan por encima de ti y parecen destacar más, tú te quedas en un rinconcito trabajando en silencio, limando detalles, intentando que tu pieza sea lo menos imperfecta posible y lamentando cada uno de los miles de fallos que le encuentras y que, te juras y rejuras, no volverás a cometer la siguiente vez.

Mientras piensas que tirarías tu trabajo a la basura, porque estás convencido de que se puede y se debe hacer mucho mejor, verás a los demás irse de cañas a festejar el éxito de cualquier fantoche que se ha sabido vender bien. Esa es la clave en el capitalismo neoesclavista: venderse bien. La salud de quien no acata sin condiciones las normas de juego peligra seriamente. El resentimiento y la bilis crecen bien en ese ambiente, y mucha gente tira la toalla o se queda enquistada en un islote agrio, devorados por la amargura, sin nadie que les pase una mano por la espalda, porque se han convertido en seres abyectos, ruines y envidiosos.

Es poco agradecido, pero es la única forma honesta de hacer algo que merezca la pena a la larga. Y si uno sabe contener la bilis, si se tienen las tragaderas hondas y el sentido del humor siempre fresco y listo para salir al rescate con una buena ironía, creo que al final se puede llegar al sitio soñado.

Es el camino de los tontos, sin duda. De los tozudos y de los enamoriscados. El camino que ningún padre querría para su hijo (suponiendo que el padre quiera al hijo, que a veces no se da el caso). Pero yo estoy convencido de que las cosas que merecen la pena acaban encontrando unos ojos que las aprecien. Siempre. A veces, esos ojos llegan muy tarde. Pero siempre llegan. No hay joya que permanezca cien años enterrada sin que un buscador de joyas la encuentre. Y esa joya, en su día, puede que sólo fueran unos "dibujicos". En cambio, la genial obra conceptual de la que tanto se habló en su momento, y que tantos ayes y orgasmos inspiró ante la severidad gorda y patricia de su autor, probablemente duerma arrumbada en un desván, podrida y macerada en su propia pomposidad.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

5 comentarios

Mario -

Chico, es lo de siempre... Yo creía que esto era propio de carreras técnicas, pero veo que es propio del género humano. La verdad, Sergio, ya conoces lo que decía uno de los maestros:
"Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera. Tal vez suponga perder novias, esposas, familia, trabajo, y quizá la cabeza. Tal vez suponga no comer durante tres o cuatro días. Tal vez suponga helarte en el banco de un parque. Tal vez suponga la cárcel. Tal vez suponga humillación. Tal vez suponga desdén, aislamiento… El aislamiento es el premio, todo lo demás es para poner a prueba tu resistencia, tus auténticas ganas de hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades. Y será mejor que cualquier cosa que pudieras imaginar. Si vas a intentarlo, ve hasta el final."

Y a eso añado, otro filósofo de mi almohada:
"Después me dijo un arriero que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar".

Y José Alfredo, para mí, es ley.

José -

De nuevo un saludo. Pocas veces encuentro mi propio pensamiento tan bien descrito. Yo digo que me doy cabezazos contra la pared, y mi ambición es poder seguir dando cabezazos contra la pared. No se si merece la pena o no, pero no puedo (quiero) elegir otra cosa.

S. del Molino -

Chewi: no, el puesto de trabajo, no. En toda empresa hace falta alguien a quien humillar y que sirva de chivo expiatorio. Es una función que se valora mucho.

Rubén: yo llevo años reivindicando mi inutilidad, pero la gente se cree que bromeo.

Rubén -

Reivindico el apelativo "tonto" tal y como se utiliza hoy cada vez mas frecuentemente, asociado a integridad, a no dejarse vender, a creer en el esfuerzo propio para obtener resultados. Si, mucho más bonito "tonto" que "superficial lameculos". Llámame tonto.

Chewi -

Dices " La salud de quien no acata sin condiciones las normas de juego, peligra seriamente. " Y el puesto de trabajo!

Te honra pensar así, al menos bajo mi punto de vista, pero en el neoliberalismo imperante las hormigas, sea invierno o verano serán siempre hormigas y deberán estar agradecidas de que la cigarra, que tan bien se vende, se coma solo su comida y no a ellas.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres