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El Blog de Sergio del Molino

PAISAJES QUE NO SE ENTIENDEN

Mi otrora roomate y compañero de andanzas levantinas Iñigo Aristu publica hoy en el periódico que nos da de comer a los dos que SEO/Birdlife ha empezado los trámites para pedir que Los Monegros sean declarados parque nacional. Ahora hay un plan para crear un parque natural (segunda división de los parques nacionales) de 47.000 hectáreas en la zona. Si el proyecto de parque nacional fraguara sería una cosa estupenda para Aragón. Yo me alegraría un huevo.

Al colgar la noticia en la web han empezado a llegar los comentarios de siempre: insultos a los ecologistas, berridos desaforados y, cómo no, tipos que ponen el grito en el cielo porque aquello no es un bosque ni es nada. Como muestra, esta joya argumentativa, a la altura de los mejores párrafos de Steiner y Wittgenstein:

Venga hombre, los Monegros parque nacional ? Eso sería un insulto al resto de los parques nacionales. Eso es un páramo inhabitable.. Déjense de tonterías señores ecologistas y vayan a preservar el bosque y la naturaleza de verdad en vez de fastidiar a todo el que no les sigue. Con Gran Scala habrá más árboles y mucha más población en la zona.. Eso es un hecho, la gente se mudará allí y creará un entorno natural mucho más habitable que el actual desierto. Habrá más árboles que antes, de largo.

Ojalá declaren los Monegros parque nacional, porque significaría definitivamente que hemos dejado atrás la trasnochadísima y cazurra idea de que sólo la hoja verde merece respeto y cariño. ¿Cómo puede ser que todavía haya gente con esa concepción del paisaje? Son los mismos que aún no han entendido de qué iba el punk, o los que creen que las pinturas de Picasso son feas y que donde esté un cuadro de ciervos abrevando en un estanque nórdico que se quiten todos esos modernos de mierda que no saben más que ensuciar. Son los que en la clase de naturales se saltaron la lección que explicaba los distintos ecosistemas (y probablemente, la de la educación sexual). Son los que se creen que el agua de los ríos se desperdicia en el mar. Son los mismos que no aceptan al vecino como es, que quieren amigos, padres e hijos a medida. A su medida: no toleran nada ni nadie que se salga de los cuatro palitroques que delimitan su concepción del mundo, que no llega más allá de la punta de su nariz.

Los Monegros son áridos. Los Monegros son duros. Pero los Monegros son hermosos. Y son hermosos porque son duros y son áridos. Y nos hemos dado cuenta hace muy poco. Hemos necesitado siglos para entender que no necesitan árboles y que tampoco nos necesitan a nosotros. Y si lo declararan parque nacional se libraría de cazurros que quieren convertirlo en un bosque europeo, con ardillitas y cervatillos trotones.

Julio Llamazares escribió hace poco un estupendo y precioso artículo sobre el paisaje, sobre cómo ha cambiado la relación de los españoles con el paisaje. Allí recuerda que fueron los románticos los que nos enseñaron a integrar el paisaje en la experiencia humana. Hasta el romanticismo, sólo era un decorado. Después del romanticismo, el paisaje determina todo, es un elemento central de la mirada de cualquier artista. Y la vida imita al arte, ¿no?

Dice el bueno de Llamazares:

Los paisajes hasta entonces armónicos y felices sobre los que destacaban las figuras de Dios o de los hombres, que ocupaban el centro de las iconografías, se convirtieron en más presentes al tiempo que en más dudosos. Despojado de su fe, el hombre, que atravesó la historia apoyado en ella, pasó a entender de repente que ya no era el centro del mundo y que el paisaje era determinante tanto para su vida como para su sensibilidad. Y, también, que la naturaleza, hasta entonces representada de un modo idílico, como correspondía a su carácter puramente ornamental, no era ya aquel lugar fabuloso en el que el hombre vivía feliz, sino el espejo que reflejaba sus ilusiones, sus sueños y sus temores. De ahí que las ruinas (reales o artificiales), los paisajes solitarios y vacíos, los cielos limpios o amenazantes, los océanos inmensos o los desiertos atravesados por una luz cegadora sustituyan poco a poco en sus poemas y en sus cuadros a los amables paisajes clásicos en los que todo estaba en su sitio, desde los hombres a los animales, confirmando de ese modo lo que la humanidad ya sabía desde su origen, pero que se había empeñado en negarse tras los muchos subterfugiosreligiosos o profanos inventados para ello: que el hombre es un elemento más del paisaje, por más que les duela a muchos.

Y sigue:

Sorprende, por eso mismo, que, a dos siglos ya de ese descubrimiento y después de toda la producción filosófica, artística y literaria que se ha generado a partir de él, en España se siga viendo el paisaje con cierto distanciamiento, incluso con displicencia, tanto a nivel cultural como sociológico.

De ahí que esté tan extendida la opinión de que los Monegros son un secarral, que aquello es un territorio yermo que solo tiene dos salidas posibles: ser colonizado por un jardinero versallesco que horade generosos canales de riego, o aprovechar el baldío para montar megacasinos y megahostias en vinagre.

Es el mismo argumento de los sionistas con Israel: nos instalamos ahí porque no había nada. Luego descubrieron que había unos palestinos que llevaban viviendo siglos en una tierra a la que llamaban, curiosamente, Palestina. Ups, qué despiste, ¿no?

Los colonizadores estadounidenses también llamaban "desierto" al territorio que todavía no era administrado por la Unión. Era tierra virgen, sólo había que sacudir unos cuantos indios y bisontes molestos para tender el ferrocarril.

En Argentina, ídem de ídem: tras la independencia, la parte del país que no colonizaron los españoles, al margen del Río de la Plata, se llamó "desierto". Las campañas de exterminio de los indios de la pampa -para que se instalaran granjeros europeos- se conocen en la historia argentina como "la campaña del desierto".

Hay que tener cuidado con quienes piensan en el paisaje como vacío. ¿Vacíos los Monegros? Los desiertos estarán vacíos de personas, pero tienen buitres, serpientes, insectos y plantas esteparias únicas en el mundo. Sí, son matojos y bichos fácilmente exterminables. Pero precisamente por eso se merecen un parque nacional, para que los amantes de los ciervos abrevando en estanques no les terminen de joder.

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3 comentarios

S. del Molino -

Mario: sí, por favor, pero embalsa luego el Duero también y cárgate la provincia de Soria, que le tengo unas ganas...

Luis: hombre, Luis, no sé si me apetece mucho tomarme unas cañas con alguien que me grita "NO HABLES DE LO QUE NO TIENES NI PUTA IDEA". No suelo confraternizar con los que me gritan en ese tono, llámame rarito si quieres, pero no me parece la forma más elegante de romper el hielo.

luis -

En Los Monegros, aunque no te lo parezca vive gente. Esa gente come de tener campos y granjas y ni tu ni nadie de los que defienden ese parque (al que por supuesto nadie ha dotado económicamente) vais a ir a esos pueblos ni a comer, ni a comprar el periódico, ni a coger un taxi, ni a comprar, etc. Así que NO HABLES DE LO QUE NO TIENES NI PUTA IDEA, de la vida en Los Monegros, te lo dice un indígena de allí, aunque ahora viva en Zaragoza.
Si quieres nos tomamos unas cañas y te cuento la burla de los ecologistos, ya que en todo los demás temas coincido contigo

Mario -

Pos yo embalsaba el Ebro a topo y convertía Monegros en una selva más tupida que la tropical y luego lo declaraba parque natural de juegos lúdicos y hacía los casinos, los acuapark y los safaris... Y todos contentos...
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