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El Blog de Sergio del Molino

ESTADOS MENTALES

Aún no me lo creo. Hace unas pocas horas que estoy de vacaciones. He abierto una Coronita (sin limón, degollaría a los camareros que me ponen la rodajita antes de que pueda decirles que no la quiero) y me he sentido extraño. Y ahora, ¿qué? El tiempo se expande ante mí como un agujero de gusano, sea lo que sea eso, y me siento desorientado y confuso. Plácidamente noqueado.

Esta última semana apenas he dormido. Creo que juntando lo que he dormido todas las noches de los siete días me sale el descanso de una noche y media normal. Con suerte. Estoy agotado y he abusado un poco del ibuprofeno, que es milagroso para las jaquecas pero que destroza el hígado con más eficacia que los señores Jack Daniels y Johnny Walker juntos y al galope. Normalmente, procuro moderar mi consumo, pero esta semana no podía, las jaquecas eran más fuertes que yo.

Por suerte, se acabó. Llega el relax. De vacaciones casi nunca me duele la cabeza. Siempre echo unos ibuprofenos en la maleta porsiaca, pero no me suelen hacer falta. Sé que a partir de mañana, cuando mi cerebro se reacomode a la nueva situación (quince meses después de mis últimas vacaciones) todo irá como una malva. Ahora me sentaré a leer Una educación incompleta, las memorias de Evelyn Waugh (en Libros del Asteroide, altamente recomendable). Cinismo british a lo bestia. Muy divertido, tremendamente cabrón. Debería maridar la lectura con una buena pinta de pale ale. O una red ale bien fuerte, pero a estas alturas del año prefiero una cerveza ligera mexicana, que contrasta bien con la prosa de Waugh, que también es ligera como el vuelo de un colibrí.

Dice Waugh cuando narra las vidas de sus ancestros -oportunistas, clérigos corruptos y oficiales británicos en la India- que los Waugh eran bastante altos hace siglos, pero que han ido menguando de estatura. La razón, según él, es que se han casado siempre con mujeres muy bajitas, ya que su soberbia y prepotencia no les permitía buscarse una esposa prominente que les hiciera sombra. Así que, al mezclar los genes, cada generación ha ido perdiendo unos centímetros.

This is England.

Mañana cogeremos los trastos y cambiaremos de paisaje. No pararemos hasta llegar a la estación de Santa Apolonia, en Lisboa, a los pies de la Alfama y junto al bello Tajo, que los portugueses, con mucho más acierto poético, llaman Tejo (pronúnciese algo así como Texo o Teyo). Hemos alquilado un apartamentito en Bairro Alto, y nuestra intención es dejar pasar los días entre afiladores de cuchillos en bicicleta, galeristas posmodernos, bellas mulatas de madre angoleña con pantaloncitos cortos, fadistas electrónicos y gitanos ociosos y esquineros. Pasear, hacer fotos con esa cámara maravillosa que tengo y a la que apenas doy uso, comer muchas sardinhas, algún pastais de Belem y beber vinho branco fresquito al anochecer. Este verano no cruzamos ningún océano: por lo visto, las compañías aéreas no dejan viajar a mujeres en avanzado estado de gestación. Y tampoco nos apetece que el chico se adelante y nazca en Samoa, la verdad. Si ha de nacer en el extranjero, que lo haga en Lisboa, que queda más cerca.

Bueno, vale, también me llevaré el portátil y le meteré caña a esa novela que acabo de empezar. Espero darle un buen empujón este mes, pero sin agobios. Apilaré un montón de páginas sin método ni disciplina. Escribiré con relax y placer, dejándome mecer por la cadencia de la historia que tengo en la cabeza (y en un esquemita muy complejo que empiezo a no entender ni yo). Ya ordenaré y puliré más adelante.

He localizado un pequeño restaurante en la misma calle donde vamos a quedarnos en Lisboa que tiene wifi. Lo lleva un español y dice que por las tardes ofrece café y tartas a quienes se quieran sentar un rato con el ordenador. Me bajaré con el portátil mientras Cris reposa su gestante barriga en las sobremesas y, si se tercia, mandaré algún que otro post viajero. Ya sabéis que vivo enamorado de Lisboa, así que tendré que dar la brasa un poco con esta ciudad.

Practicaré el escaso portugués que llevo aprendido, pero es difícil. Yo a esta gente no le pillo una palabra. A ver si nos entendemos en portuñol. Eso sí, por convicción y dignidad, he decidido que en este viaje no vamos a usar el inglés para nada. Dos habitantes de la Península Ibérica, aunque tengan lenguas maternas distintas, deberían poder entenderse sin usar una lingua franca, ¿no?

Lo dicho: que si me veis ausente de este blog durante unos días, buscadme en la Feira da Ladra o en alguna tasca cerca de la Praça de Camões.

Por cierto, a la vuelta de Lisboa empezaré con la promoción de Soldados en el jardín de la paz. Supongo que para entonces estará ya decidida la fecha de la presentación en Zaragoza.

Cuidaos mucho y haced todo lo que os pida el cuerpo. Besos húmedos y abrazos viriles para unas y para otros.

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4 comentarios

S. del Molino -

Enrique: Obrigado!

Javier: apenas me atrevo a pedir una cerveza en portugués, como para escribir...

Inde: hombre, pues no había considerado la opción de inhibirme en la crianza del churumbel, la verdad. Pero seguro que no es tan terrible como lo pintáis, jeje.

Abrazos lisboetas a todos. Estoy tomándome una piña colada en una boite con wifi debajo de nuestra casita portuguesa. Mañana me bajaré y escribiré un post.

Inde -

Aprovecha, maño. Aprovecha esos días que pintan tan bien. No me voy a hacer la pitonisa, pero... déjame decirte que, si pretendes ser un papi de esos que se pringan con su crío (que deberías, por muy diversos motivos sobre los que no me voy a extender, pero en principio por ti mismo), pues eso, que si vas a asumir parte activa en la crianza, vas a contar con poquito tiempo libre a partir de ahora y hasta dentro de unos añitos.

Más vale que vayas terminando esa novela... porque algo me dice que vas a añorar la placidez de este viaje durante un bueeeen tiempo.

Javier López Clemente -

Y como en otras ocasiones he pedido y se me ha concedido pues eso, que vuelvo a probar:
¿Te animas con una crónica bilingüe español-portugues?

No es imprescindible.
;-)

Salu2 córneos.

Enrique -

¡Felices vacaciones!
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